public domain day día del dominio público
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¡Feliz Día del Dominio Público! #PublicDomainDay

public domain day día del dominio públicoEl primero de enero de cada año, se celebra el Día del Dominio Público, para marcar la fecha en la que miles de obras de creación intelectual y artística, a lo largo de todo el mundo, se hacen libres para usar, compartir y crear. Cada año, en el día de Año Nuevo, debido a la expiración de los términos de protección de las legislaciones de derecho de autor en diversos países sobre aquellas obras producidas por autores fallecidos hace varias décadas, miles de estas obras ingresan al dominio público, de modo que ya no se encuentran controladas por ninguna persona natural o jurídica, sino que se convierten en un bien común, libre para ser usado por cualquier persona sin autorización previa.

(El año pasado escribí un post explicando brevemente qué significa dominio público, puedes leerlo si te interesa saber un poco más sobre el tema).

Día del Dominio Público 2015

Entre los creadores cuyas obras entran en el dominio público a partir de este primero de enero, se encuentran:

Public Domain Review publica anualmente lo que denominan “la clase” del año, con más detalles sobre cada autor, y Wikipedia contiene una muy extensa lista, aún siendo curada, de distintos creadores que entran en dominio público hoy.

Por otra parte, entre las obras que podrían haber entrado en dominio público hoy, pero no lo harán a causa de las abusivas reformas de las leyes de propiedad inteelctual estadounidenses, se encuentran libros como “Desayuno en Tiffany” de Truman Capote, “Nuestro hombre en La Habana” de Graham Greene, o la película “El gato en el tejado de zinc”. Puedes leer un artículo explicando el tema (y dando otros ejemplos) acá.

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8 razones para usar licencias Creative Commons

Una vez a la semana tengo algún intercambio de este tipo con alguien al azar: ¿por qué usar Creative Commons?, o, en términos similares, “¿por qué permitir que otra persona copie mi contenido? ¿no es eso regalar mi trabajo?”. Las respuestas que enumero acá abajo explican ocho razones para usar licencias Creative Commons, para sumarse a la cultura libre, para compartir lo que creamos: úsenlas para responderle a sus amigos, colegas o conocidos cuando les cuestionen por qué Creative Commons.

1. Porque contiene un espectro de posibilidades

La ley sobre derechos de autor sólo conoce el famoso “Todos los derechos reservados”, o el dominio público (décadas después de nuestra muerte): “Ningún derecho reservado”. Las licencias Creative Commons permiten elegir al autor cuáles usos de su trabajo permite, más aún, invita: “Algunos derechos reservados”.

2. Porque es reconocido globalmente

La iconografía y los códigos usados por CC son reconocidos fácilmente, e identifican de una forma sencilla y rápida los usos que permite. Igualmente, sitios como Google, Yahoo, Flickr, integran el uso de los códigos y permiten buscar contenido licenciado bajo CC fácilmente. Creative Commons también tiene un buscador de contenido fácil de usar.

3. Porque es aplicable internacionalmente

Las licencias Creative Commons están diseñadas, redactadas específicamente para ser globales e internacionalmente aplicables, y para tener efecto en cualquier jurisdicción, en especial a partir de la generación 4.0 (recientemente publicada) la cual se espera que no requiera ser adaptada a legislaciones locales.

4. Porque son fáciles de escoger

El generador de licencias disponible en el sitio web de Creative Commons permite a cualquier persona, sin conocimiento específico de las leyes de derecho de autor, responder algunas preguntas sencillas, elegir la licencia que desean aplicar, y utilizarla en su contenido, sea éste texto, video, un sitio web o una pista de audio.

5. Porque son fáciles de entender

Uno de los propósitos principales de las licencias Creative Commons es que han sido diseñadas para facilitar su comprensión: cada licencia tiene un botón que permite aplicarse al contenido, enlaza al texto de la licencia y explica de manera muy sencilla y visual cuáles usos están permitidos y cuáles no.

6. Porque es fácil encontrar contenido licenciado bajo Creative Commons

Como ya dije, el código embebido en la licencia hace sencillo usar un motor de búsqueda para encontrar contenido que permita ser reusado, y definir la búsqueda para encontrar contenido que permita usos comerciales, obras derivadas, etcétera. Esto es un beneficio para los consumidores, pero igualmente lo es para los creadores: si es más fácil encontrarnos, eso nos visibiliza y nos facilita la difusión, y todos sabemos que el peor enemigo de un artista es el anonimato.

7. Porque hace más probable que tu contenido sea citado

Dado que hoy en día, las personas que hacen usos legítimos de contenido ajeno son, precisamente, las que se andan con más cuidado a la hora de citar, dada la complejidad de las leyes de derecho de autor en distintas legislaciones, mucha gente no se siente cómoda ni siquiera citando pequeñas cantidades de texto sin permiso específico, incluso en casos en los que calificaría como uso justo bajo la ley. Tener, en tu contenido, una licencia CC, indica que promueves ese tipo de uso y que no sólo permites que las personas reusen tu material, sino que lo fomentas y proporciona a los usuarios una manera clara, rápida y sencilla de 1) indicar la autoría y 2) enlazar al contenido original.

8. Porque facilita la resolución de conflictos por violación de derecho de autor, y los evita en primer lugar

Si especificas claramente cuáles usos están permitidos y cuáles están fuera de los límites, se evitan muchos casos de infracciones accidentales, y puedes enfocarte, por ejemplo, en los casos de plagio, o en los que usan tu material con fines comerciales (si esto no está permitido). Por otra parte, la inmensa mayoría del contenido en la web está regido por licencias implícitas, es decir, por los términos que se usan cuando el autor no ha elegido ninguna licencia. Esto significa que, como el autor no ha dado ningún paso específico para determinar los usos permitidos y no permitidos para su material, probablemente ni siquiera conozca con certeza cuáles sean estos usos. Elegir una licencia indica con claridad que no hay una implícita, lo que evita confusiones innecesarias.
Si generas contenido, en especial si lo haces en Internet, necesitas tomarte cinco minutos para pensar si estás de acuerdo en que tu contenido se difunda (con la atribución necesaria), y en qué términos. Y si no puedes costear un abogado que te redacte una licencia específica para tus necesidades, hay muchas licencias disponibles, pero Creative Commons te ofrece una herramienta sencilla, de amplias posibilidades, comúnmente reconocida en todo el mundo y de alta calidad, que te permitirá licenciar tu contenido sin gastos legales.
Elige tu licencia aquí.

Fuentes:

Si tienes cuenta en Twitter, puedes seguirme: allá soy @mariannedh, y comparto enlaces interesantes a medida que me los voy encontrando, e ideas estúpidas a medida que se me van ocurriendo. También puedes suscribirte al blog por RSS o por correo electrónico si no quieres perderte nada.

La fotografía pertenece a A. Diez-Herrero en Flickr y es usada bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0.

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Es la Semana del Copyright. ¿Qué significa? #copyrightweek

Desde el lunes 13 y hasta el sábado 18, EFF, Creative Commons y otras organizaciones, con ayuda de voluntarios en todo el mundo, llevan a cabo la Semana del Copyright (Copyright Week), para conversar, discutir y difundir seis principios relativos a la propiedad intelectual que defendemos y postulamos como necesarios. Un breve resumen:

Día 1 (lunes 13): Principio de Transparencia

El principio de transparencia significa que las políticas relativas a la propiedad intelectual deben ser establecidas a través de un proceso participativo, democrático y transparente, en lugar de ser decididas en reuniones internacionales secretas y a puertas cerradas. Acá: el artículo de EFF (en inglés) sobre por qué la transparencia es fundamental en la construcción de buenas políticas públicas en materia de copyright.

Día 2 (martes 14): Construir y defender un Dominio Público robusto

El dominio público es nuestro patrimonio cultural en común y un bien público. La política de derechos de autor debe aspirar a fomentar, y no disminuir, este recurso fundamental. El primero de enero hablábamos en este mismo blog del Día del Dominio Público, y ayer la discusión estuvo centrada en cómo proteger, fomentar y robustecer este acervo común de obras que pertenecen al colectivo, y cuya preservación y uso debe ser de interés público.

Día 3 (hoy): Acceso Abierto

Los resultados de las investigaciones financiadas con fondos públicos deben ser de libre disposición al público, a través de internet, para ser utilizado en su totalidad por cualquier persona, en cualquier lugar y a cualquier hora. Es absurdo que las investigaciones pagadas con los impuestos de la población, se encuentren detrás de paywalls cuando deberían ser accesibles al colectivo por su propia naturaleza. Recursos interesantes: la página de Revistas Abiertas, donde se encuentran las herramientas técnicas y legales para hacer una publicación académica online de Open Access, y el Open Access Button, una herramienta web que puedes usar para ayudar a mostrar los efectos globales de las barreras de pago en documentos de investigación, y para ayudarte y ayudar a otros a obtener acceso a los documentos que necesitas.

Día 4 (mañana): Lo compraste, es tuyo.

La política de derecho de autor debe fomentar la libertad de poseer realmente las obras: para jugar con ellas, repararlas, reutilizarlas, reciclarlas, leerlas o verlas o para ponerlas en marcha en cualquier dispositivo; para prestarlas y regalarlas (o re- venderlas) cuando ya no las necesites o nos las quieras más.

Día 5 (el viernes): Usos justos.

Para que la política de derechos de autor pueda lograr su propósito de fomentar la creatividad y la innovación, se debe preservar y promover un amplio margen de maniobra para usos inesperados e innovadores.

Día 6 (sábado): Alcanzando un derecho de autor justo.

Un Internet libre y abierto es la infraestructura esencial para fomentar el habla, el activismo, la nueva creatividad y nuevos modelos de negocio para los artistas, escritores, músicos y otros creadores. La web no debe ser sacrificada en nombre de la aplicación de los derechos de autor. Un buen día para explorar y leer sobre You Broke the Internet, let’s build a GNU one y para conocer sobre la campaña The Web We Want, que llama a las personas en todo el mundo a defender su derecho a una Internet verdaderamente libre, global y abierta.

Puedes leer sobre los principios (en inglés) y firmar la declaración en la página de la Electronic Frontier Foundation.

Otros enlaces:

 

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Copiar, pegar, crear. Capítulo 3: El consumidor activo vs. el consumidor pasivo

A finales del año pasado comencé a escribir un libro, un intento de explicar mi filosofía personal con respecto a la “piratería” y la cultura libre. Por diversas razones, que aquellos que me leen de manera continua podrán imaginarse, este año fue uno especialmente complejo y ese proyecto quedó en pausa. Lo retomo hoy con el tercer capítulo, que pueden leer a continuación. Sigue leyendo
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Tres anotaciones sobre la Ley de Infogobierno

La versión final de la Ley de Infogobierno venezolana, publicada el pasado 17 de octubre en Gaceta Oficial, no incluye la exposición de motivos, por lo cual este breve análisis podría empezar por lo más esencial. Podando el palabrerío que intenta justificar la acogida del software libre como parte de un proyecto político, sabemos que éste responde, y ha respondido siempre, a la filosofía de la libertad individual y la construcción colectiva del conocimiento. En este sentido, la implementación del software libre como estándar en el gobierno electrónico deberá contribuir, en efecto, como señala el texto de la ley, a fomentar la transparencia en las actuaciones públicas y a empoderar (“apropiar”) al colectivo. Sigue leyendo

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Los autores sin obra

Ésta es mi respuesta al ejercicio del tema 1 del curso Arte y cultura en circulación: crear y compartir en tiempos digitales. El tema 1 (“Qué es un autor: la (de)construcción histórica del concepto de autoría”) puede leerse aquí.

David Methuen en la obra "Monday Next", ca. 1950-1952. Sin restricciones de copyright conocidas.

David Methuen en la obra “Monday Next”

Desde la promulgación del Estatuto de la Reina Ana (considerado la primera ley de “derecho de autor” en la historia), las previsiones estaban destinadas a proteger a los autores, no de sus lectores o en general, de su público, sino de los editores, que constituían monopolios sobre la impresión de determinadas obras.
La ley de derecho de autor venezolana nos dice que el autor de una obra

tiene por el solo hecho de su creación un derecho sobre la obra que comprende, a su vez, los derechos de orden moral y patrimonial determinados en esta Ley,

No obstante, ya que los derechos de orden patrimonial pueden traspasarse, el titular de los derechos de autor de una obra no siempre es su autor. Estamos acostumbrados a que esto nos parezca normal, ya que el editor de un libro, el productor de una película o de un disco, todos ellos necesitan tener ciertos derechos sobre una obra para poder explotarla comercialmente; lo mismo ocurre con los herederos o derechohabientes, tras la muerte del creador. Sin embargo, esta ficción en la que el “autor” de una obra no es quien, en efecto, la ha creado, se extiende hasta otros ámbitos, siendo que, por ejemplo, en el caso de una obra del intelecto creada bajo relación de dependencia, el “autor” de la obra es el patrono: por ejemplo, en el caso de los artículos académicos e investigaciones llevadas a cabo por personal de una Universidad o Instituto, éste último es quien posee los derechos de autor.
Recientemente, la Universidad de Barcelona fue condenada a pagar una indemnización al Centro Español de Derechos Reprográficos (CEPRO) por el uso de textos educativos “protegidos” por propiedad intelectual, en su campus virtual. A pesar de haber argumentado que el uso de estos textos tiene fines educativos y sin lucro -ya que es una universidad pública-, la Universidad deberá borrar los contenidos y pagar a CEPRO un monto de cinco euros por alumno durante dos cursos, monto que asciende a algo más de 500.000 euros.
En casos como éste, los autores de estos textos son investigadores y académicos que, en general, elegirían la difusión de sus obras si fuera su decisión, pero no lo es, pues estos textos pertenecen a editores y revistas académicas, que, por lo general, aplican una política de embargo según la cual los autores no pueden difundir los textos, subirlos a repositorios de acceso abierto e incluso, en ocasiones, no pueden guardar una copia en PDF del arte final para su propio uso.
Con frecuencia -y esto es una afirmación que hago desde mi experiencia como editora- las personas jurídicas titulares de los derechos sobre una obra, o los herederos del autor, presentan una actitud mucho más cerrada a la difusión de la obra y más proclive a exigir derechos patrimoniales que los propios autores, quienes, cuando son titulares de sus derechos, por la medida general desean la difusión más amplia de su obra, incluso por encima de posibles ganancias financieras.
En mi opinión, al analizar los intereses vinculados al actual sistema de “protección” de derechos de autor, y al analizar los esquemas financieros y los lugares a donde están yendo a parar las ganancias económicas, queda claro que el concepto actual de “autor” en la frase “derecho de autor” no está destinado a proteger los intereses de los creadores de una obra del intelecto, al menos no en primer lugar. En el texto del tema 1 de este curso, ya citado, Evelin hace mención de una alegoría a la paternidad, y por forzado que pueda parecer, es pertinente recordar que uno de los principales atributos de los derechos morales del autor es el derecho de paternidad: la obra de creación intelectual no es una propiedad como lo puede ser una casa o un auto; si hemos de compararla con otro sistema de derechos, una obra es más bien un hijo, tal como nos dice Cory Doctorow:

(…) hay muchas cosas que son valiosas, incluso si no son propiedad. Por ejemplo, mi hija nació en febrero de 2008. Ella no es mi propiedad. Pero vale mucho para mí. Si te la llevas de mí, el crimen no sería “robo”. Si le haces daño, no sería “invasión a bienes muebles”. Tenemos un vocabulario y un conjunto de conceptos legales entero para lidiar con los valores que comprende una vida humana.
Más aún, incluso cuando ella no es mi propiedad, aún tengo un interés legal reconocido en mi hija. Ella es “mía” en algún sentido significativo, pero también cae en el ámbito de interés de muchas otras entidades -los gobiernos de Canadá y del Reino Unido, el NHS, los Servicios de Protección al Niño, incluso su familia extendida -todos ellos pueden reclamar cierto interés en la disposición, tratamiento y futuro de mi hija.
Tratar de meter con calzador el conocimiento en la metáfora de la “propiedad” nos deja sin la flexibilidad y matices que un verdadero régimen de derechos del conocimiento tendría.

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Construir un partido tras la muerte de los partidos: Por qué ser pirata

La crisis de la democracia representativa y la política de partidos no es nueva. Hace ya décadas desde que los representantes de la democracia directa han comenzado a perder credibilidad y legitimidad. En América Latina, la corrupción y la opacidad en el manejo del Estado ha sido el origen de una larga inestabilidad que abarca casi toda nuestra historia contemporánea. Por otra parte, la democracia clásica ha devenido, en la mayoría de nuestros países, en un paternalismo de Estado casi enternecedor: el poder cumple las funciones de perpetuarse en sí mismo, y de “proteger” al ciudadano indefenso, tomando por él todas las decisiones y tratándole como a un débil, como a un niño al que hay que escogerle la comida que se le pone en el plato. Sigue leyendo

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