culture hoarder, lo bueno, si breve, sobre/escribir

[pullquote align=”full” cite=”Annie Dillard, The Writing Life.” link=”http://amzn.to/1UrqZ5x” color=”#00B294″ class=”” size=””]Una de las pocas cosas que sé sobre escribir es ésta: gástalo todo, dispáralo, juégalo, piérdelo, todo, de una vez, cada vez. No acapares lo que parece bueno para un lugar más tarde en el libro, o para otro libro; dalo, dalo todo, dalo ahora. El impulso de guardar algo bueno para un mejor lugar luego es la señal para gastarlo ahora. Algo más surgirá para después, algo mejor. Estas cosas se llenan desde atrás, desde abajo, como el agua de un pozo. Similarmente, el impulso de guardarte para ti mismo lo que has aprendido no es sólo vergonzoso, es destructivo. Cualquier cosa que no des libremente y en abundancia se convertirá en algo perdido. Abrirás tu caja fuerte y encontrarás cenizas.
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Gástalo todo

Cita
Interrumpimos esta transmisión, sobre/escribir

Contarnos el país para intentar entenderlo

"Lechería", por Danny Pérez, bajo licencia CC BY NC ND 2.0.

“Lechería”, por Danny Pérez, bajo licencia CC BY NC ND 2.0.

En los últimos años, mediante un proceso largo y doloroso, he logrado comprender que mi mayor duelo viene de mi relación con mi país. Es una relación compleja, disfuncional y a veces patológica, pero forma un aspecto fundamental de mi identidad como persona y de mi identidad social.

Como narradora, mi manera de lidiar con los problemas es escribirlos. Opino que escribir es terapéutico, pero sobre todo, creo que escribir es una forma de dialogar con nosotros mismos, de pensar y comprendernos mejor.

Hace un par de años que intento encontrar la forma de elaborar este conflicto, de lidiar con él a través de las herramientas que poseo, que son básicamente contar historias y ayudar a que otros cuenten las suyas. De esto nace un proyecto: en los próximos meses, construiré, junto a quienes quieran unirse, un proyecto narrativo colectivo, parte taller de storytelling y parte proyecto multimedia.

El proyecto se llevará a cabo fundamentalmente en línea, de modo que si eres venezolano (por auto-identificación, no necesariamente por cédula) y tienes cosas que contar, sólo necesitas una conexión a internet relativamente confiable (ya, encontraremos la forma de que con Cantv sea suficiente). Nos reuniremos en un rincón de internet una vez por semana para construir juntos las herramientas que necesitaremos para contar nuestras historias, y en algunos meses, crearemos un sitio web donde podrán leerlas otros, para intentar entenderse a sí mismos.

Si te interesa participar, mándame un par de líneas a venezuelafractal@gmail.com y cuéntame un poco sobre ti: dónde estás y qué historias te interesa contar. No se requiere experiencia previa escribiendo: sólo ganas de crear algo, y un poco de dedicación.

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ficciones y aflicciones, hablando seriamente, odios diversos, opinología

La máscara falsa del fracaso: el síndrome del impostor

En los últimos meses, muchas mujeres a las que sigo (mujeres exitosas, admirables, brillantes y llenas de logros) han mencionado o escrito sobre el síndrome del impostor. No sé si es una epidemia. Dicen que afecta más a las mujeres que a los hombres; no sé si sea cierto, pero es un riesgo silente que nos hace autodiscriminarnos, renunciar a cosas que nos merecemos, valorarnos menos y marginalizarnos. Sheryl Sandberg dice:

Fotografía de Gabriela Ferreira, bajo licencia CC BY-SA 2.0

El síndrome del impostor es cuando nos sentimos como fraudes. No sentimos que nos hemos ganado nuestro éxito. Salimos bien en una prueba y es que tuvimos suerte. O hacemos algo bien, y es porque alguien nos ayudó.

A pesar de que se le asocia especialmente con el mundo académico (y sobre este campo versan la mayoría de los artículos y estudios que he leído al respecto), tal parece que quienes queremos escribir, al menos, sufrimos de una suerte de síndrome de impostor perenne, y también me da la impresión que se extiende a cualquier oficio artístico. No está reconocido como una enfermedad mental; es simplemente la incapacidad de internalizar los logros. Si ganamos un premio, fue casualidad. Si nos halagan una cualidad, lo hacen por ser amables (y en cualquier momento se darán cuenta de que nos confundieron con otra persona).

Hay ejercicios para combatir el síndrome del impostor, pero en lo personal, el solo hecho de saber que era “una cosa”, es decir, que los demás podían sufrir de esa sensación, ayuda a pensar que quizás, sólo quizás, la idea perenne de que somos un fraude y de que en cualquier momento nos van a desenmascarar sea eso, un problema de percepción y no una realidad, y quizás, sólo quizás, nos ayude a superarlo, o al menos a convivir con eso y seguir adelante. Ése es el primer tip: aprender que no se está solo, y que otras personas también lo sufren. Luego, aprender a no rechazar cumplidos y hacer una lista de las cosas que hacemos bien son los siguientes pasos en el “tratamiento”.

En la lista de enlaces de abajo hay diferentes recomendaciones y artículos de otras personas que han escrito sobre esto.

Me gustaría que si alguna vez te has sentido un impostor, me lo dijeras en los comentarios: ya sabes, para sentirme menos sola.

  • Síndrome del impostor en Wikipedia
  • El síndrome del impostor, por Joana Bonet
  • Cómo combatir el síndrome del impostor
  • Cómo sobrellevar el síndrome de impostor
  • Overcoming Impostor Syndrome
  • Ada Initiative: Impostor Syndrome Training
  • Estándar
    sobre/escribir

    Escribir es un oficio solitario

    La escritura es un oficio solitario. Esto es un lugar común. Es tan sólo uno con sus ideas, uno con sus personajes, uno, sólo uno (solo uno)  frente a la página pantalla en blanco.

    La foto es de Guillermo Cárcamo, en Flickr, bajo una licencia CC BY-NC-ND

    La escritura es un oficio solitario. Es uno sin las palabras que se le escapan, en la búsqueda del adjetivo correcto, de la forma de poner en negro sobre blanco esa sensación distinta, esa forma en que la luz atraviesa la ventana y dibuja las pestañas de alguien; es intentar fotografiar un momento sin tener una cámara, intentar que ese momento narre la historia que nos habita y que no logramos que nos deje en paz.

    La escritura es un oficio solitario. Es apenas uno frente a sus propias imposibilidades, uno descubriendo sus límites, sus debilidades, sus miedos; sólo uno con todo esto que necesita decir y no lo logra. Saber que nunca podremos contar esa historia tal y como ha nacido dentro de nosotros, tal y como nos la imaginamos.

    Saber que, hagamos lo que hagamos, la historia que logremos escribir siempre será una versión inferior de la historia que imaginamos; una copia fotostática; una fotografía tomada con la cámara del celular, mal iluminada, con baja resolución.

    Escribir es un oficio solitario. Sin embargo, es una soledad que necesitamos, que buscamos, que anhelamos; una suerte de prisión interior con ventanas abiertas al abismo de lo desconocido.

    Vivir, por otra parte, es también un oficio solitario. Porque siempre estamos solos, a pesar incluso de nosotros mismos.

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