Instantáneas cotidianas

Verbos de octubre ~ 2016

Octubre es el mes en el que empiezo a buscar la agenda que compraré para el próximo año: es el mes en el que determino mis intenciones y mis direcciones para el siguiente ciclo de mi vida. Esta vez, octubre se trata de soltar, de dejar ir, de abrir espacio, de escuchar con más atención y de vivir con más intención.

Disfrutando tomarme el tiempo para cuidar de mí misma. Soy una de esas personas que aplaza ir al médico hasta que ya no hay remedio, y entre varias decisiones que he tomado este año está la de cambiar esa manera de enfrentar los problemas. Hice una lista, hice mis citas y me estoy poniendo al día con decenas (esto es literal) de exámenes médicos pendientes. Entre otras cosas he descubierto que mi glicemia se está controlando, que tengo el colesterol altísimo y que la fórmula de los anteojos no me ha cambiado en un año.

Comiendo mucho calabacín, porque uno de los antedichos médicos me prohibió el azúcar, me mandó a reducir drásticamente los carbohidratos y a eliminar los lácteos de mi vida. Que todo sea por el bienestar de este vehículo terrestre que es el cuerpo.

Escuchando este podcast, y esta belleza de canción de Joshua Radin:

Mirando la nueva temporada de Black Mirror. Ya la terminé: mi episodio favorito fue el cierre de temporada, que es básicamente una película de 90 minutos contada con el lenguaje de la televisión. Magnífica.

Esperando (obviamente) el estreno de “Gilmore Girls: A year in the life”. Faltan dieciocho días para estar de nuevo en Star Hollows, y simplemente no puedo esperar. Sospecho que ese día me despertaré a medianoche.

Leyendo (en realidad escuchando, en audiolibro) “Rising Strong”, de Brené Brown, un libro precioso sobre la vulnerabilidad y la fuerza, sobre el que espero escribir alguna tontería pronto. En todo caso, Brené Brown es el rock.

Haciendo espacio en mi vida para nuevas cosas.

Intentando soltar la mayor cantidad de peso posible, en cosas acumuladas (libros, ropa) pero también en lo que respecta a mi perspectiva para acercarme a la vida. A veces la explicación más simple es la correcta, la respuesta más simple es la verdad, y la manera más simple de abordar un problema es directamente. Reconozco que necesito liberar un poco de RAM en mi cerebro, y para eso quizás haya que desinstalar unas cuantas actitudes aprendidas que están todo el tiempo corriendo en segundo plano.

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Esta terrible sensación de asfixia

asfixia venn diagram

Le compro mis huevos a un vendedor callejero. No siempre es el mismo, pero podría serlo: un puesto precario en la acera, en una esquina cualquiera de una zona residencial, sin horarios ni estabilidad, sin garantías para ninguna de las partes de la transacción: yo no sé si volveré a encontrarlo la próxima semana, él no sabe si encontrará clientes ese día o si un motorizado se llevará su puesto a doscientos por hora sin mirar hacia atrás. Los huevos parecen una mercancía frágil, pero no lo son más que las inestables relaciones sociales construidas con base en esta estructura social y económica artificial. La subsistencia del vendedor de huevos depende de la volatilidad de las medidas políticas tomadas por un gobierno veleidoso: si podrá vender sus huevos a un supermercado o en la calle, o si vendrá la Guardia Nacional y se los llevará todos como mercancía ilegal, nada de eso está en sus manos.

Vivir en Venezuela es navegar un extraño diagrama de Venn. El sistema legal, complejo, enrevesado, se compone de lo lógico y de lo ilógico -no matarás, no robarás, no harás públicos los precios del dólar en el mercado negro-, pero la obediencia a estas normas varía según la voluntad de quien esté de turno en el mando: es difícil saber qué te llevará a la cárcel, si matar a veinte personas o revender un kilo de harina. Un segundo conjunto de reglas no escritas rige la realidad: si no aprovechas las oportunidades que se te ofrecen eres un bobo, si no le ofreces un soborno al fiscal de tránsito te arriesgas a enfrentar su ira: todos saben cómo funciona el mundo, y este segundo conjunto de reglas es el espacio en el cual debes aprender a navegar: lo que es posible.

Es legal comprar tus dólares al gobierno a la tasa oficial, pero no es posible. Es posible comprarlos en el mercado negro a un precio absurdo, pero no es legal. Legal es hacer mercado a precios regulados, y conseguir harina, leche, huevos y aceite por menos de un día de salario mínimo. Pero lo que es posible es comprarlos a revendedores, a más de veinte veces el precio establecido por el gobierno. Intentar permanecer en la intersección de ese diagrama equivale a una nevera vacía, fiebre que no puede ser bajada, trámites que no pueden llevarse a cabo.

Ése es el lugar de donde proviene esta constante, terrible sensación de asfixia: de intentar vivir en la intersección de ese diagrama, de que mis opciones de juego disponibles consistan sólo de lo que es al mismo tiempo legal y posible, de tratar de permanecer dentro de un espacio que cada vez va reduciéndose más y más, a medida que los círculos se alejan y el sistema se cierra sobre mí, sobre todos los que, como yo, intentan preservar un mínimo de dignidad, un mínimo de ética.

A medida que el espacio se cierra, la necesidad de sobrevivir nos obliga a aventurarnos cada vez más en el espacio de lo posible. Es así como los controles excesivos originan mercados negros, culturas enteras de ilegalidad. Pero para un individuo, no se trata de mercados negros, sino de claudicaciones: vivir en Venezuela es una renuncia constante, y la renuncia última es a la noción de lo que es correcto, de lo que es ético, de lo que está bien.

En mi opinión, no es la esperanza lo último que se pierde: es el norte moral.

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Verbos de febrero

The wheel goes round.

Una foto publicada por Marianne Díaz Hernández (@mariannedh) el 14 de Feb de 2016 a la(s) 8:50 PST

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Febrero fue un mes loco, no hay otro adjetivo que se me ocurra. Empezando marzo, siento que apenas estoy volviendo a establecerme en mis rutinas y a recuperar el hilo del trabajo que dejé pendiente a finales de enero, pues tantas cosas sucedieron que febrero fue más una brecha que un mes, un espacio en blanco. Por eso, este mes más que nunca, hago un esfuerzo por recordar que sí sucedieron cosas en este mes que siento como tiempo perdido.

Disfrutando adoptar nuevos hábitos que estaban en el extremo opuesto de lo que me resulta natural, como ir a hacerme una manicure de vez en cuando, o intentar ponerme un poco de maquillaje para estar en casa. Esto de trabajar por cuenta propia puede hacer que nos desconectemos muchísimo de ciertos hábitos que, aunque los consideremos innecesarios, pueden tener un gran impacto en cómo nos sentimos, en particular quienes somos propensos a la depresión. La moraleja es: péinate y ponte un poco de perfume.

Comiendo todo el grapefruit que puedo encontrar. Es un problema, porque acá no diferencian la toronja rosada de la toronja amarilla, y mientras la primera es una de mis cosas favoritas del mundo mundial, la segunda la odio con una fuerza digna de mejores propósitos. Si alguien sabe cómo diferenciarlas sin tener que llevármelas a casa y cortarlas primero, que me avise.

Escuchando a Ingrid Michaelson en bucle. No sé si ya la mencioné acá en el blog, pero esta canción es capaz de levantarme por las mañanas cuando sólo quiero seguir durmiendo por cuarenta y ocho horas.

Mirando The Affair. Como siempre, llegué tardísimo a esta serie, pero es fantástica. Las historias son contadas desde los puntos de vista de los diferentes personajes, y mi parte favorita es ver cómo difiere la manera en que dos personajes vieron o recuerdan los mismos hechos -en ocasiones, por completo-. La advertencia necesaria es que tiene muchas escenas de sexo: no es apta para espectadores impresionables.

Esperando la nueva temporada de House of Cards, que fue liberada el viernes y aún no he tenido oportunidad de ver: realmente necesito unos tres días libres para hacer un maratón de Frank Underwood.

Leyendo “Agosto”, de Rubem Fonseca. En realidad estoy leyendo cuatro o cinco libros a la vez, pero éste es el único que es una novela y es el único que realmente me tiene atrapada, a pesar de que lo había abandonado un par de veces antes. Es una de esas novelas en las que tienes que estar muy dentro de la historia o pierde el sentido, pero Rubem Fonseca es un maestro en contar historias policiales.

Haciendo un curso de diseño gráfico en Coursera que me encanta, y recordando que cuando me gradué de bachillerato lo que quería estudiar era diseño gráfico.

Intentando recuperarme de una bronquitis fulminante que me dejó en cama por semana y media a mi regreso de Marsellas, y que todavía me hace toser y sentirme con pocas ganas de emprender cosas nuevas.

¿Y ustedes qué hicieron en febrero?

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Verbos de diciembre

Noviembre fue un mes tan agitado que no me dejé tiempo para mirar hacia atrás y analizar, así que me alegra estar de vuelta con los Verbos del mes. Diciembre fue más tranquilo, aunque me hubiera gustado poder tomarme más tiempo para descansar.

Disfrutando pasar tiempo con mi familia, porque suelo pasar meses sin verlos y para eso sirve diciembre.

Comiendo pan de jamón como si el mundo se fuera a acabar. Ya se acabó el pan de jamón. Ahora tengo que esperar todo el año a que sea diciembre de nuevo.

Escuchando la versión en audio de un libro magnífico llamado Furiously Happy. Trata sobre la depresión y otras enfermedades mentales, desde el punto de vista de quien las sufre, con un humor ácido, rabioso e hilarante. Puede ser difícil de digerir para alguien que no haya sufrido nunca de depresión, pero para quienes sí, es un librazo.

Mirando The Bletchley Circle. Es una serie cortita, creo que son sólo siete episodios, pero trata sobre un grupo de ex-criptógrafas de la Segunda Guerra Mundial que se dedican a resolver crímenes usando reconocimiento de patrones y otras habilidades criptográficas. Recomendado para nerds.

Esperando ¡febrero!, me toca viajar de nuevo por trabajo y estoy muy emocionada por la oportunidad de contribuir y trabajar en lo que amo.

LeyendoAmericanah“, de Chimamanda Ngozi Adichie, una novela extraordinaria que me recomendaron tantas veces que llegué a huirle, intimidada por el compromiso que representaba. Es la mejor novela que he leído en muchísimo tiempo. Quisiera haberla leído antes, y ahora quiero devorar todos los libros de la misma autora. Su estilo literario es extraordinario, impecable, rico, de ésos que te transportan a otro mundo.

Haciendo esta receta de galletas de chispas de chocolate y nueces.

Trabajando en la página web de Acceso Libre, mi ONG, a la que le dediqué largas horas en noviembre y diciembre y ahora por fin está lista, o al menos, presentable.

Intentando portarme bien, hacer ejercicio y comer sano, porque tengo un poco de miedo a los valores de la glicemia en mis éxamenes de sangre, y también porque quiero ser capaz de subir escaleras sin quedarme sin aliento.

Les deseo un magnífico comienzo de año, y muchas galletas de chispas de chocolate.

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Seúl, Corea del Sur, #ccsummit15: un video accidentado

En octubre visité Seúl para asistir a la Cumbre Global de Creative Commons, y grabé algunos segundos aquí y allá para armar este video. La calidad no es muy buena, pero fue lo que me permitió la cámara que tengo. La música es “Free Music 2” de Cho PD, bajo una licencia CC BY NC SA; pueden encontrar más en Cabaca.org.

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9 años sin instrucciones

9 años sin instrucciones

El blog está cumpliendo nueve años. En este tiempo, he publicado 550 posts (no son tantos) y he cambiado muchísimo, tanto como persona como en mi estilo de escribir y enfocar los temas sobre los que escribo, en este sitio y en otras partes. El blog solía tener más comentarios y menos visitas: los comentarios se han movido a las redes sociales, todo ha cambiado. Ha pasado por una cantidad de rediseños tal que perdí la cuenta, ha pasado de Blogger a WordPress y luego a un dominio propio, y en el camino he aprendido a usar FTP y a editar el HTML y el CSS. El blog, en sus diferentes formas, ha sido una de las pocas cosas consistentes en mi vida durante este tiempo.

Hemos crecido.

Les dejo con una lista de algunos de los posts que resumen estos nueve años:

Ahora canten el cumpleaños conmigo, sírvanse un trozo de pastel, y brindemos por los años por venir.

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Ejercitar la gratitud como un músculo

"Gratitude", por ally213 bajo licencia CC BY NC ND 2.0.

“Gratitude”, por ally213 bajo licencia CC BY NC ND 2.0.

Desde hace meses vengo leyendo en diversos lugares sobre el ejercicio consciente de la gratitud. La gratitud, dicen los estudios, mejora el sueño, reduce la depresión, protege contra los ataques cardíacos, y aumenta las capacidades de atención, concentración y productividad.

Este año, he hecho un gran esfuerzo por concentrarme en estar presente, en obtener enfoque y claridad entre tantas cosas que vuelan alrededor, entre tanto bombardeo de información, entre tantas tareas pendientes. La meditación, una práctica que aún no logro convertir en un hábito, ha sido, sin embargo, una ayuda tremenda para entrenar mi disperso cerebro a canalizarse en una sola cosa a la vez. Hace un par de semanas descubrí la existencia de algo llamado 5 minute journal, y comencé a practicarlo también.

El 5 minute journal toma eso: cinco minutos, y en lo personal me ha ayudado muchísimo, hippismos aparte, a dominar mi mal carácter, mi estrés constantemente desbordado, y mi manera aprehensiva de enfrentar los problemas. No, no me he vuelto mágicamente perfecta en dos semanas, pero reconozco en mí misma pequeñas diferencias en la manera de reaccionar, en la forma de hacer cara al día a día, pero sobre todo en perspectiva. Empezar y terminar mi día haciéndome estas simples preguntas me ha dado, en parte, justamente lo que he estado buscando: un centro estable desde donde partir, la capacidad de regresar a lo básico, de recordarme que mi vida es fundamentalmente buena. Todavía no sé si es que estas dos semanas han sido objetivamente fantásticas por pura casualidad, o si es resultado del ejercicio, pero debo reconocer que he sido significativamente más feliz.

Si bien el 5 minute journal es una libreta específica que se vende, el propio autor ha subido el PDF a Issuu y puede consultarse. Yo he sacado de ahí las preguntas y las he pasado a un cuaderno cualquiera. No tiene mayor ciencia. Si quieres intentarlo, cualquier cuaderno vale. Cada mañana y cada noche, justo al levantarte y antes de acostarte, hazte las siguientes preguntas:

Mañana:

  • ¿Por qué cosas estoy agradecido?
  • ¿Qué haría genial el día de hoy?
  • Afirmaciones diarias. Soy…

Noche:

  • Tres cosas geniales que sucedieron hoy.
  • ¿Qué pude haber hecho para que el día de hoy fuera mejor?

Enfocarte en cosas que estén dentro de tu poder (nada de “que lloviera” o “ganarme la lotería”) y permitirte analizar qué salió bien, pero también en qué puedes mejorar, han sido para mí las claves de esta práctica. Si quieres saber más, tienen una página web donde también puedes comprar el diario original.

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