Depresión
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Boceto de una estrategia contra la depresión

Depresión

Fotografía de Víctor Casale, en Flickr, bajo licencia CC BY 2.0

Desde hace muchos años lucho contra la depresión. Va y viene, y a veces se estanca. Desde el primer post en este blog, hace casi siete años, estaba luchando contra ella; de hecho comencé el blog cuando estaba tomando fluoxetina (una forma de Prozac), y lo dejé al poco tiempo porque me hizo más daño que bien.

La depresión no es lo mismo que la tristeza. La depresión te inhabilita, te hace sentir que nada tiene sentido, que no vale la pena levantarse; te insensibiliza, hace que las cosas que amas no te emocionen.

Por estos días vengo viendo que mucha gente a mi alrededor está deprimida, ya sea de manera pasajera o más permanente. Obviamente, si es posible buscar ayuda (un terapeuta, por ejemplo) es lo mejor, y esto no pretende reemplazar la ayuda profesional. Pero yo ya pasé por los antidepresivos, y no quiero volver, y eso me hizo tomar control del asunto e intentar una estrategia que me ayude a salir del pozo sin medicamentos. Cambios sencillos, en la vida cotidiana, para ir poco a poco sintiéndome mejor. Todo lo que leerás en esta lista lo investigué, no me lo saqué de la tapa de la cabeza, y lo he probado en las últimas semanas (algunas cosas han ayudado más que otras, pero todas han tenido algún impacto). De modo que va la lista, por si a alguien le sirve:

1. Cambios en la alimentación. Yo tengo esta lista pegada en la puerta de la nevera, e intento incluir al menos uno de estos alimentos en cada comida: aguacate, salmón, sardinas, atún, toronjas, naranjas (cítricos en general), cambures, manzanas, avena, frutas secas, nueces, brócoli, champiñones, lentejas, garbanzos, arroz integral, papas, té verde, chocolate.

2. Mantener una rutina. Se hace difícil si no tienes ganas ni de levantarte de la cama, pero a veces ayuda aunque sea tan sólo levantarte y acostarte a la misma hora todos los días, y mantener ciertos hábitos consistentes de higiene.

3. Ejercicio. Yo estoy saliendo a caminar todos los días que me es posible, por una hora aproximadamente, temprano en la mañana. Eso también me ayuda a establecer una rutina, y encuentro que los días que lo hago me siento mejor. Además ayuda con el siguiente punto:

4. Luz solar. La falta de vitamina D, consecuencia de la carencia de luz solar, es terrible para la depresión (y para un montón de cosas en el organismo). Aparte de salir un poco, intenta que el lugar donde vives o trabajas esté bien iluminado. Abre las ventanas.

5. Dormir lo suficiente. Tanto dormir poco como dormir demasiado son peligrosos. Alrededor de 7,5 horas es lo ideal, aunque puede variar un poco dependiendo de la persona. Lo de tener una hora fija para dormir y despertar también ayuda a dormir mejor.

6. Haz cosas divertidas. Parece un poco obvio, pero llega un punto en el que nada parece verdaderamente divertido. Ve películas de comedia. Pon música y baila, si eso te gusta. Visita a tus amigos (a ésos que te hacen sentir mejor, no a los nube negra). Lo que sea que te haga reír. A veces no funciona a la primera: sigue intentando.

7. Yoga o meditación: Sí, a mí también me parecía una estupidez, pero la meditación ayuda muchísimo (y el yoga sirve como ejercicio, ver punto 3). Si tienes un teléfono Android y más o menos entiendes inglés, te recomiendo una app que se llama Buddhify; es la que yo uso y no quita mucho tiempo. (Nota del 03/04/2014: Aparentemente Buddhify ya no está disponible en la PlayStore; aún está en iOS (website), y algunos mp3 se pueden descargar a manera de muestra. Una app mejor es Headspace, pero es paga después del día 10. Puedes probar los diez primeros días y luego decidir si comprarla o no).

8. Mantener tus alrededores ordenados y limpios. El entorno afecta más de lo que uno cree o está consciente de ello; intenta mantener tu casa en las mejores condiciones posibles. El desorden externo refleja desorden interno, y hace que tu cerebro se sobrecargue de información, lo que también genera un efecto negativo.

9. Usa ropa alegre, escucha música alegre y mantén tu apariencia lo mejor posible. Sí, también parece superficial, pero si te vistes de negro y te asustas cuando te ves al espejo, créeme que eso tampoco ayuda.

10. Haz cosas nuevas. Esto requiere un esfuerzo adicional, es cierto, pero las nuevas experiencias sirven para “despertar” los sentidos adormecidos. Busca algo que siempre hayas querido hacer y hazlo ahora.

Fuera de esto, lo único que te puedo recomendar es que, si necesitas ayuda, la busques. Solemos tardarnos mucho pensándolo, y la situación va empeorando, y además, en el fondo puede ser que sintamos vergüenza por estar constantemente deprimidos, y culpa por nuestros seres queridos. No dejes que eso sirva de excusa para no buscar apoyo.

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De mayor quiero ser mujer florero

Acabo de ver la película La dama de hierro, con Meryl Streep. Este post va sobre eso, y sobre cómo un día compraré una pistola eléctrica y me vengaré de los babosos de la calle. Si tienes opiniones fuertes contra el feminismo, quizás prefieras leer otra cosa, como la prensa o algo así.

…y hablaré sin parar de mi día casero,
no me miras, no me escuchas, ¡ay, cuánto te quiero!
(Ella baila sola, Mujer florero)

Meryl Streep es mi ídolo, y creo que podríamos empezar por ahí. En La dama de hierro, se transforma en una Margaret Thatcher anciana, acosada por la demencia senil y por los fantasmas de una vida difícil, la vida de una mujer polémica que se convirtió a sí misma en líder de un partido y de un país, contra los paradigmas de su tiempo. Meryl Streep como Margaret Thatcher
Podemos pensar cualquier cosa acerca de las políticas que Thatcher implementó, pero hay que concederle que no se dejó vencer por las circunstancias. No era, desde luego, su intención ser un ícono feminista (y por otra parte, tomar como modelo a una mujer que ordenó la muerte de trescientos argentinos sin motivo alguno es por completo otra discusión), pero me parece un buen ejemplo sobre cómo una mujer con poder es odiada de modos completamente distintos a un hombre con poder. Gadafi puede ser recordado como un asesino, pero Thatcher es una “perra”. Cuando una mujer decide ponerse al frente de cualquier tipo de emprendimiento, deberá enfrentar cuestionamientos relacionados con su apariencia física, su manera de vestir, su vida sexual y sus habilidades domésticas.

Una de mis escenas favoritas es la del día en que Margaret, aún muy joven, asume su puesto como la única mujer en el parlamento, y al entrar al baño de damas encuentra un cuarto vacío donde sólo hay una silla y una mesa de planchar. Y quiero comenzar con esta imagen, porque es la que me lleva a -por fin, luego de un par de meses de pensarlo- llegar a casa y escribir este post.
Comienzo por decir que esa escena estática, el cuarto vacío y la mesa de planchar, no están tan superados como algunas personas parecen creer. Las mujeres nos seguimos enfrentando a esta clase de estereotipos cada día, estemos o no conscientes de ello. La misma Meryl Streep, que como ya dije, es mi ídolo, contó en un discurso de graduación en el Barnard College (que es una universidad para mujeres) en el 2010, cómo en su adolescencia creó un personaje para adaptarse a las expectativas de los demás, en lo que llamó “un ejercicio de sobrevivencia”:

Ajusté mi temperamento natural, que tiende a ser ligeramente mandón, un poco testarudo, ruidoso, un poco ruidoso, lleno de declaraciones y de ánimo optimista, y deliberadamente cultivé suavidad, amabilidad, un tipo de dulzura natural, vivaz, incluso cierta timidez si así lo desean, que era muy, muy efectivo en los chicos (…). Ya saben, una chica que se reía mucho de cada cosa estúpida que cada chico decía, y que bajaba la mirada en el momento correcto y defería, que aprendió a deferir cuando los chicos dominaban la conversación.

Función y valor

Una de las frases que más me molestan en el mundo (y he aprendido a bajar los ojos cuando la escucho, como Meryl, porque nadie entiende mi molestia) es esa cosa tan políticamente correcta de “ella es hermosa por dentro y por fuera”. Me molesta, realmente me molesta, que una mujer tenga esta obligación social de ser “bella por fuera”, como si una mujer fuera un cuadro o un florero. Los seres humanos, en general, no deberían llevar sobre sí el peso de cumplir con ciertas características externas consideradas representativas de la “belleza”, porque los seres humanos no son objetos y no tienen funciones decorativas. El personaje de Margaret Tatcher en la película de la que vengo hablando, dice en cierto momento que en su tiempo, lo importante era hacer algo, y que ahora lo importante es ser algo. Pues bien, hace tiempo que me temo que el mundo considera que las mujeres tenemos (por sí sola, o acompañada de otras) una función decorativa: ese “es tan bella por dentro como por fuera” pareciera implicar que el 50% de mi valor como ente en la sociedad viene dado por mi apariencia externa, por la forma de mi nariz o de mi boca. Una mujer “bella” cumple una cierta función, y en apariencia, es considerada de más valor que una mujer que sólo es “bella por dentro”. En consecuencia, una mujer que engorda, o que “no se sabe arreglar”, se considera que se sale de los parámetros que debe cumplir, y se espera -y se le hace saber que se espera- que haga los ajustes, sacrificios o cambios que sean necesarios para ajustarse de nuevo a estos parámetros: que adelgace, se maquille, se compre ropa nueva, se ponga implantes, se eche cremas o de una vez se haga una blefaroplastia con terapia de bótox y liposucción de cuerpo completo.
La única conclusión válida que consigo obtener de esto es que ser “bella” es considerado una función de la mujer, puesto que el valor de un objeto (objeto en el sentido cognoscitivo de la palabra) viene dado por el hecho de que cumpla correctamente su función: un martillo debe martillar, una nevera debe enfriar, un hombre debe ser productivo, una mujer, según parece, debe ser bella.
Desde hace dos años, habiendo cambiado de ámbito laboral a uno donde, aparentemente, se “valora” mucho la “belleza”, me encuentro todos los días con algún hombre a quien le parece propicio, en vez de escuchar lo que estoy diciendo y contestar de manera acorde, responder con un comentario sobre la belleza de mi boca o de mi pelo. ¿Qué carajo tiene que ver mi boca o mi pelo con la edición de libros? Pues yo no lo sé.
Conozco decenas de mujeres para quienes esto no es un problema; que, por el contrario, se sienten en posición de ventaja al poder manipular a los demás de esta manera: si tu interlocutor no te está escuchando porque te está viendo las tetas, es más fácil hacer que acepte cualquier cosa que digas. Sin embargo, yo creo que a una persona que se encuentra en cierta posición de dirección, o en general, a cualquier persona que quiera ser tomada en serio, le molestaría encontrarse en una circunstancia como esta. Tal como yo lo entiendo, la “función” de un ser humano no puede ser meramente estética: ni siquiera creo que una mascota deba tener una función estética (y me horrorizan los perros con lacitos en la cabeza). Si somos seres capaces de crear, sentir y pensar, nuestra función en el mundo debería ser la de aportar algo a éste o a las personas que nos rodean, algo único e irrepetible, algo trascendente.
Por supuesto, no quiero que se tomen esta larga queja como si yo no tuviera también una gaveta llena de maquillaje, como si no le dedicara tanto tiempo a mi pelo como a pensar en este post, en la fútil e inconquistable lucha por lucir como si pudiera ser la portada de Marie Claire: Natalie Portman en la portada de Marie Clairepor el contrario, todo esto viene precisamente de ese lugar, del rincón de mi cabeza moldeado por demasiados anuncios de Dior, donde dice que tengo, yo también, la función de ser delgada, hermosa, elegante y femenina; que calladita me veo más bonita, porque a los hombres no les gustan las mujeres contestonas; y que si no logro todo esto, habré fracasado como mujer.
La ratificación de mi teoría ocurre cada vez que algún tipo por la calle considera procedente acercarse a menos de dos centímetros de mi oído y decirme cualquier babosada asquerosa, quedándose tan tranquilo. ¿Qué le hace pensar que yo quiero escuchar eso, o que tiene derecho de irrespetar mi espacio personal de esa manera? Sencillo: que yo no soy una persona, sino un objeto, una cosa decorativa para disfrute de los demás. Ésta es la razón por la cual, algún día, me compraré una pistola eléctrica y le haré saber al siguiente baboso de la calle la función de ésta, que espero sepa cumplir correctamente.

Pueden ver el discurso de Meryl Streep en YouTube, o leer el texto completo en inglés. También pueden leer un poco sobre Margaret Thatcher en Wikipedia. Y si les gusta leer cómo me quejo, pueden suscribirse por RSS o por email, o seguirme en Twitter, donde hablo sobre libros, películas y series que me gustan, y me quejo en tiempo real.

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Tanto, tanto ruido

Va sin acentos por culpa de Android

“Ruido de tenazas, ruido de estaciones, ruido de amenazas, ruido de escorpiones. Tanto, tanto ruido.” (Joaquin Sabina)

Deambulo por los pasillos, por las calles, por los museos, buscando un lugar para escribir. Encuentro un jardin bonito, bien iluminado, compro un cafe, me siento. Cinco minutos, tres lineas luego, un anciano aparta una silla de mi mesa y se sienta. Me pide la hora. Luego, comienza a hablar de una mujer a quien le dieron un tiro. Un tiro en el pecho, dice, aqui, aqui. La sangre le bajaba por el brazo. Una santa, dice, era una santa. Verdad que era una santa? Un tiro en el pecho, tenia…
Busco cualquier excusa y me levanto en busca de otro sitio. Encuentro un banco de cemento, amplio, mucho mas lejos, solo. Me siento. Tres lineas luego, una pareja se sienta a mi lado. Son jovenes. Durante un rato permanecen en silencio. Intento seguir escribiendo a pesar de su presencia. A los pocos minutos ella dice, en tono de reclamo, ?Entonces? Entonces, nada, dice el. Trato de aislarme, pero me llegan fragmentos de su disputa, y sus voces se van alzando mas y mas. Todo contigo es un problema, dice el, uno te dice mira, mira este libro y vos que, que miras, vos miras todo menos a mi, y ella dice, Vos no sabes comprometerte, yo no entiendo que haces conmigo si tanto te molesto, y el dice Cortala, todo el mundo te esta escuchando.
Me levanto y me voy una vez m?s. Encuentro otro lugar. Una mujer con un bebe llorando. Encuentrl otro lugar. Un discjockey frustrado, de los que ponen reggaeton a todo volumen con los altavoces de sus celulares.
Me levanto y me voy. En la habitacion -lo se- me esperan los taladros hidraulicos de la construccion.
Hoy no es el dia, me digo, y me resigno.

Publicado desde WordPress para Android

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Acción de gracias para sustituir las quejas

Hoy amanecí quejándome y con el corazón aguarapao. Es uno de esos días en que los retos que uno se plantea lo sobrepasan, y en los que duele no tener cerca a la gente más importante en tu vida para que te tomen de la mano y te digan que todo va a estar bien.

Ya sé que San Valentín es una fecha estúpida inventada por las corporaciones para vender chocolates y peluches al triple de lo que valen. Pero después de año y medio de una relación a distancia que sólo puede sostenerse porque es el fucking amor de tu vida, a uno se le aguan los ojos rapidito cuando resulta que no es tan fácil hacer esas tres horas de viaje para estar juntos en los momentos importantes (en las fechas inventadas por las corporaciones, o los días que uno se sube a un escenario para hacer algo que nunca ha hecho antes).

Total, que a pesar de los ojos aguados, los años van pasando y uno gana miligramos de sabiduría, y aprende a respirar profundo y a aprovechar el día para agradecer las bendiciones que ha recibido sin merecérselas.

Haber conocido a tu alma gemela a una edad demasiado temprana y haber sobrevivido a tanta estupidez.

Tener una familia de locos que te proporcionan apoyo y amor incondicional, aunque no siempre te comprendan.

Haber hallado el trabajo perfecto tan pronto, aunque uno no pueda comprarse casa ni escalafón, pero que te den ganas de ir a trabajar por las mañanas.

Mis escasos y geniales amigos cercanos, mis no tan escasos y geniales amigos en la distancia, y mis cientos de amigos imaginarios que me acompañan, me dan ánimos, me recomiendan libros, me leen este tipo de melodramas y me apoyan todos los días.

Mis libros, aunque al releerlos me diga que pude haberlo hecho mejor, y aunque en el fondo no esté segura de si realmente podré hacerlo mejor.

El Ávila por las mañanas. El café con leche. La risa de Luisana. La plaza Bolívar. Libros, música y películas,  y el concierto de Drexler el próximo viernes.

Yo. Sí, porque me tengo a mí misma, y eso es algo, ¿o no?

Tú, que me estás leyendo.

Respiro profundo, cuento hasta cien en reversa y me calmo, porque a fin de cuentas, la vida es la sucesión de los días que la forman: los hay buenos, los hay malos y los hay peores, y tener un par de constantes en las que sostenerse ya es más de lo que muchos pueden pedir.

 

Esta noche a las 7:00 p.m., si no me acobardo, estaré en el centro de Caracas participando en un Jam de escritura erótica. El local se llama “Chocolates con cariño” y está ubicado enfrente de Fogade, diagonal a la Plaza El Venezolano.

 

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De Diosa Canales y mis contradicciones ideológicas

Me siento impulsada desde hace algunas semanas a poner en orden mis ideas y hacer una confesión: La verdad es que Diosa Canales no me cae tan mal como quisiera, o al menos, como una parte de mí siente que debería caerme.
Diosa Canales, en la foto con más ropa que pude encontrar

Mi Twitter y mi Facebook permanecen inundados de opiniones sobre el comportamiento y carrera artística de Diosa, por lo general negativos. Y yo, como feminista recalcitrante, a veces exagerada, no puedo sino sentir que mis propias opiniones van y vienen como una veleta.
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Margarita: Crónica de viaje, playa, premio, barquito y ferry.

La semana pasada, por fin, me tocó tomarme unos días de descanso frente al mar, en la siempre bella isla de Margarita. Como saben los que me ven con frecuencia, estaba insoportablemente cansada, clamando por unas olas que se llevaran mi estrés y mi agobio. El lunes llegamos a la isla, José Luis y yo, luego de un proceso de embarque espantoso en el horrible y kafkiano aeropuerto de Valencia (escribiré un cuento sobre él en algún momento, aunque no lo parezca, será sobre él) y un vuelo no tan malo (quizás porque era el vuelo que nos sacaba de ese aeropuerto horrible). La cosa empezaba bien, al menos. Ya el martes me sentía mejor, aunque el mar estaba bastante picado y yo no sé nadar, pero el hotel era agradable, la comida era buena, y el agua del mar cura todas las penas (miren, me salió en verso).

El miércoles recibí una llamada a eso de las nueve de la mañana. Me llamaba el equipo organizador de la I Bienal Nacional de Literatura Gustavo Pereira, para decirme que había ganado el premio en narrativa, con mi libro Historias de mujeres perversas. La premiación era el sábado, en Margarita, y nosotros teníamos un vuelo de regreso el viernes. Había problemas que debían ser resueltos. La gente de la bienal nos daba hospedaje, pero nosotros teníamos que resolver el traslado.

Pasamos el miércoles y el jueves en eso. Por supuesto, no hubo forma de cambiar el vuelo, y ya a última hora, tuvimos que decidir entre no ir a recibir el premio, o regresarnos el domingo en ferry. La cosa es que uno no recibe premios todos los días, ni siquiera todos los años, así que bueno, ferry será. Los detalles tortuosos del viaje larguísimo (salimos de Margarita el domingo a las 11 am, llegamos a Puerto La Cruz a las 3:30 pm, a Valencia a las 4:00 am del lunes, y a Caracas el martes a las 9:00 am, directo a la oficina) se los debo, porque tampoco la idea es matarlos del aburrimiento. El punto al que voy es éste:

A principios de este año, estaba haciendo un postgrado que me encantaba, pero que me estaba matando del cansancio y no me dejaba escribir. Un par de meses después tomaba la difícil decisión de renunciar, de entender que no podía hacerlo todo y elegir la literatura. Había dos libros taladrándome la cabeza y la paciencia; el primero de ellos, que terminé de escribir hace apenas unos meses, es Historias de mujeres perversas.

Los últimos meses, a pesar de haber recuperado cierta paz mental (la paz mental que da haber tomado una decisión definitiva, sea o no sea la correcta) me sumergí en la duda, las dudas que siempre me agobian con respecto a mi vocación. El temor de estar perdiendo mi tiempo, el miedo a la página que no está en blanco, sino con un montón de letras que no dibujan lo que quiero, el miedo, definitivo y categórico, a no tener el talento necesario para enfrentarme con tanta incertidumbre, con retos tan grandes como los que el presente y el futuro me plantean. Ahora, sin que se me haya inflado el ego por el logro (mi ego tiene pinchazos como los cauchos, y no permite que el aire se quede demasiado tiempo dentro), tengo un tótem: el barquito de madera que me dieron en la premiación, que me recuerda que escribir es algo serio, que hay posibilidades, esperanzas, pero sobre todo, que lo que cada quien tiene para contar nadie más puede contarlo.

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Murakami y el huevo

Por favor permítanme, de todos modos, entregarles un mensaje muy personal. Es algo que siempre tengo en mente cuando estoy escribiendo ficción. Nunca he ido tan lejos como para escribirlo en un trozo de papel y pegarlo en la pared: En vez de eso, está tallado en la pared de mi mente, y dice algo como esto:

“Entre una pared alta, sólida, y un huevo que se rompe contra ella, siempre me pondré del lado del huevo”.

Sí; no importa cuán en lo correcto esté la pared y cuán equivocado el huevo, yo me pondré del lado del huevo. Alguien más tendrá que decidir lo que está bien y lo que está mal; quizás el tiempo o la historia decidirán. Si hubiera un novelista que, por las razones que sea, escribiera poniéndose del lado de la pared, ¿qué valor tendrían esas obras?

¿Cuál es el significado de esta metáfora? En algunos casos, es muy simple y claro. Los bombarderos, los tanques y los cohetes y los proyectiles de fósforo blanco son esa pared alta, sólida. Los huevos son los civiles desarmados que son aplastados y quemados y baleados por ellos. Éste es un significado de la metáfora.

Esto no es todo, sin embargo. Posee un significado más profundo. Piensen en ello de este modo. Cada uno de nosotros es, más o menos, un huevo. Cada uno de nosotros es un alma única, irreemplazable, encerrada en una frágil cáscara. Esto es verdad acerca de mí, y es verdad acerca de cada uno de ustedes. Y cada uno de nosotros, en un grado mayor o menor, está confrontando una pared alta, sólida. La pared tiene un nombre: Es El Sistema. Se supone que El Sistema debe protegernos, pero a veces toma vida por sí mismo, y entonces comienza a matarnos, y a hacernos matar a otros -fríamente, eficientemente, sistemáticamente.

Tengo sólo una razón para escribir novelas, y es traer la dignidad del alma individual a la superficie, y encender una luz sobre ella. El propósito de una historia es sonar una alarma, mantener una luz encendida en El Sistema con el fin de evitar que nuestras almas se enreden en su red y sean degradadas. Creo plenamente que es el trabajo del novelista seguir tratando de aclarar la unicidad de cada alma individual escribiendo historias -historias de vida y muerte, historias de amor, historias que hagan a la gente llorar y temblar de miedo y sacudirse de risa. Por esto es que seguimos adelante, día tras día, inventando ficciones con total seriedad. […]

Tengo sólo una cosa que espero transmitirles hoy. Somos todos seres humanos, individuos trascendiendo la nacionalidad y la raza y la religión, huevos frágiles enfrentados con una pared sólida llamada El Sistema. Según todas las apariencias, no tenemos esperanza alguna de ganar. La pared es demasiado alta, demasiado fuerte -y demasiado fría. Si tenemos alguna esperanza de victoria en lo absoluto, tendrá que venir de nuestra creencia en la absoluta singularidad e irreemplazabilidad de nuestra alma y de las de los demás, y de la calidez que podemos obtener al unir estas almas.

Tomen un momento para pensar acerca de esto. Cada uno de nosotros posee un alma tangible, viva. El Sistema no tiene tal cosa. No debemos permitir al Sistema explotarnos. No debemos permitir al Sistema tomar vida propia. El Sistema no nos creó: Nosotros creamos El Sistema.

Fragmentos del discurso de Haruki Murakami en Israel, en 2009, al recibir el Premio Jerusalén. Al anunciarse el premio, mucha gente le recomendó a Murakami no asistir a la ceremonia, indicándole que, con su presencia, estaría enviando un mensaje político con respecto al conflicto palestino. Murakami indicó: “Quizás, como muchos otros novelistas, tiendo a hacer exactamente lo opuesto de lo que se me indica. Si la gente me dice -y en especial si me advierten- “no vayas ahí”, “no hagas eso”, tiendo a querer “ir ahí” y “hacer eso”. La traducción inexacta y vacilante es mía. El discurso completo en inglés se puede leer aquí.

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