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Cómo organizarte y cumplir tus metas en 2016

Custom Moleskine Planner & iPod touch, por Mike Rohde, bajo licencia CC BY NC ND 2.0


Los que me siguen más de cerca sabrán que soy una planificadora compulsiva, y algunos que me han conocido en persona se han quedado con los ojos como platos al ver mi bullet journal y las listas de listas que gobiernan mi vida. A pesar de no haber cumplido ni la décima parte de las cosas que quisiera estar haciendo con mi vida, la verdad debo admitir que hago muchas más cosas de la que la gente se imagina, entre otras cosas balanceando responsabilidades en más de ocho organizaciones diferentes, cumpliendo con varios empleadores, y aún así manteniéndome medianamente al día con las series y películas que quiero ver, los libros que quiero leer, e intentando no alienar a la gente que amo. Ninguna de las cosas que hago serían posibles sin mi planificación compulsiva, así que en el espíritu del año nuevo, quise compartir con ustedes algunos consejos para poner su vida en orden y acercarse más a sus sueños durante el próximo año.

Primero, al papel

El primer paso que tenemos que hacer es sacar nuestras metas, sueños y deseos de la cabeza al papel. Esto pueden hacerlo en cualquier pedazo de papel, pero yo he querido regalarles un PDF que pueden imprimir donde pueden anotar sus metas por sección o área de la vida: metas de salud (como hacer ejercicio o comer más sano), metas profesionales (como encontrar un nuevo empleo), metas personales (como aprender un nuevo idioma), y así sucesivamente. Ésta es la etapa del brainstorming, así que no deben restringirse en nada, sin importar que sus sueños les parezcan descabellados o imposibles, sólo deben anotarlos en el papel. Hay también en el PDF un hexágono para elegir su palabra del año; esto por supuesto es opcional, pero es algo que nos sirve como guía para orientar nuestros propósitos. Por ejemplo, algunas palabras que he considerado como posible palabra del año son “simplificar”, “menos” y “enfoque”, porque considero que debo intentar abarcar menos cosas, reducir la cantidad de cosas que poseo, entre muchas otras consideraciones que pueden enmarcarse en lo que representan estas palabras.

Operativizar

A continuación, vamos a convertir esas metas y sueños en algo preciso. Empezamos por hacerlo lo más delimitado posible, digamos: “perder peso” no es una meta, “perder diez kilos para diciembre” es una meta. Pero aún al serlo, no es suficientemente operativa. Tenemos que desglosar esto en acciones y tareas. Para eso es la segunda página del PDF: cada una de nuestras metas será desglosada en acciones (por ejemplo: siguiendo con la meta de adelgazar, una posible acción es “hacer ejercicio”) y tareas (las tareas desglosan las acciones, por ejemplo, “hacer ejercicio” se desglosa en “caminar veinte minutos, cinco veces a la semana”, o “comer más saludable” se desglosa en “visitar un nutricionista”).

Planificar

Éste es el paso más importante y probablemente requiera de un calendario o agenda. Ya sabemos cuáles son nuestras tareas a cumplir, así que debemos ponerlas en nuestro cronograma: ¿qué día de enero iremos a visitar a ese nutricionista? En ocasiones, se requiere simplificar aún más (primero averiguar el nombre y teléfono de un nutricionista, luego llamarlo para planificar la cita) y agendar cada paso a tomar.

Revisión periódica

Por último, éste es el paso en el que, según he visto, la mayor parte de las personas falla: no basta con agendar e incluso cumplir el primer paso de nuestras metas, sino que periódicamente hay que revisar nuestras metas y determinar cuál es el próximo paso a seguir. En lo personal, y posiblemente porque suelo pretender abarcar más de lo que puedo, recomiendo una revisión semanal, pero para muchas personas una mensual puede bastar. Lo importante es establecer el hábito de hacerlo de manera periódica, por ejemplo, todos los lunes a primera hora.

El PDF para escribir tus metas, acciones y tareas puedes descargarlo aquí. ¡Feliz planificación!

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13 aplicaciones para ayudarte a cumplir tus propósitos en el año nuevo

New year, por Sally Mahoney, bajo licencia CC BY SA 2.0

¡Ah, diciembre!, esa época del año en la que todos tenemos nuestras mejores intenciones de que el próximo año será el año en que lograremos todas nuestras metas, adelgazaremos veinte kilos, aprenderemos dos idiomas nuevos y correremos un maratón. ¿Tú también estás haciendo tu lista de propósitos y resoluciones de año nuevo? Pues es hora de poner a la tecnología de tu parte: te traigo algunas aplicaciones que pueden ayudarte a, esta vez sí, cumplir todas esas metas que vienes atrasando de diciembre a diciembre.

Propósitos

Si quieres una sola aplicación que te ayude a manejar distintas metas de manera simultánea, Propósitos puede ser la que estás buscando. Desde dejar de fumar hasta aprender a tocar guitarra, puedes fijar un tiempo para dedicarle a tus metas, elegir iconos, y usar su widget para mantener tus metas siempre en la pantalla principal de tu teléfono para que no puedas olvidarlas.

MyFitnessPal y Noom

Bajar los kilos extra es ese propósito de año nuevo típico que está en la lista de todo el mundo en enero, pero se ha olvidado por completo para cuando llega marzo. Mientras que MyFitnessPal es fundamentalmente un contador de calorías, Noom tiene la ventaja de que se sincroniza con su aplicación de podómetro. La manera de registrar los alimentos es diferente, más precisa en la primera y más fácil en la segunda, de modo que elegir una u otra será cuestión de preferencias personales.

C25k

La vida sedentaria delante del computador ha hecho que me cueste incluso subir un tramo de escaleras, y por eso una de mis metas de 2016 es poder correr al menos cinco kilómetros. Si quieres sumar ésta a tus metas del año, C25k es el entrenador que te ayudará a hacerlo: empezando sólo con algunos minutos e incrementando el tiempo y los intervalos cada día, con sólo tres días a la semana deberías estar corriendo en un par de meses.

HabitBull o Hab It

La mayoría de nuestros propósitos pasan por establecer nuevos hábitos más saludables. Si es tu caso, hay muchas aplicaciones que te ayudan a utilizar el método de no romper la cadena. HabitBull y Hab It son sólo dos de ellas, las que prefiero recomendar por ser las más agradables desde el punto de vista estético. De las dos, HabitBull es la más flexible, permitiendo diseñar hábitos que no necesitan seguir un cronograma diario, y permitiendo tener más de tres hábitos a la vez.

Todoist

Aplicaciones para hacer listas de tareas hay miles, pero (y a pesar de la evidente dominación del mercado por parte de Wunderlist) yo sigo recomendando Todoist, por su limpieza, ligereza y efectividad. ¿Para qué la usaremos en relación con nuestros propósitos? Por su capacidad de generar una lista sencilla para el día de hoy, partiendo de tus tareas recurrentes, programadas o nuevas. Esto significa, por ejemplo, que puedes añadir a tu lista que deseas estudiar alemán todos los sábados, y la tarea aparecerá en tu bandeja de entrada el día en cuestión. Planificarse cuidadosamente puede ser todo lo que necesitas para empezar el año en forma.

Pomodoro

A veces el cambio más sencillo genera las consecuencias más significativas, y aprender a usar la técnica pomodoro es una de esas cosas pequeñas que puede incrementar tu productividad por tres mil. Hay aplicaciones para usar la técnica pomodoro en tu smartphone o en tu escritorio, pero mis favoritas son Pomodoro Timer y Clockwork Tomato para Android, y Tomato Timer en el navegador.

Coach.me

Coach.me (anteriormente conocido como Lift) comenzó como una aplicación para medir el establecimiento de hábitos, pero con las diferentes actualizaciones se fue añadiendo un aspecto social. En la actualidad consta de tres niveles: en el primero, tú mismo mides tus hábitos y obtienes recompensas, en el segundo, la comunidad sirve de entrenador para ayudarte a lograr tus metas, y en el tercero (de pago) puedes acceder a un entrenador profesional que te guiará en tus objetivos. La aplicación es completamente gratuita, pero el entrenador privado es pago, empezando en $14.99.

Según tus metas específicas, como aprender un nuevo idioma o aprender a programar, hay aplicaciones (como Duolingo o Codecademy) que pueden ser tus mayores aliados durante este próximo año, pero lo que realmente importa es que le des prioridad a esos objetivos, que asignes el tiempo necesario y que establezcas hábitos y rutinas en torno a ellos. Sólo así podrás hacer que tus resoluciones no se vuelvan palabras muertas para junio, y tengan que regresar a la lista de nuevo el siguiente diciembre.

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Polarización y redes sociales: ¿romperías tu propia burbuja?

Foto de Makena Zayle Gadient bajo licencia CC BY NC ND 2.0.

Foto de Makena Zayle Gadient bajo licencia CC BY NC ND 2.0.

Este post es una versión de un texto publicado originalmente en inglés. No es una traducción fidedigna; me he tomado ciertas libertades.

Me he encontrado alejándome de las redes sociales en los últimos meses. La gente empieza a preguntarme dónde estoy, o si algo anda mal. Nada en particular ha sucedido; simplemente mi timeline, con su piar incesante sobre la situación venezolana, me quita las ganas.

Me encuentro una y otra vez abriendo la aplicación y cerrándola apenas segundos despues, malhumorada por la conversación que esté sucediendo. Instalé BreakFree en el teléfono: dice que he desbloqueado el celular menos de 10 veces al día durante la semana pasada.

Un par de semanas atrás, instalé una nueva aplicación para Twitter y empecé a silenciar varias palabras clave (“Venezuela”, por supuesto, pero también “Maduro”, “Diosdado”, y especialmente “SEBIN”). Se siente un poco como una traición, una claudicación, pero lo cierto es que estoy aprendiendo a dejar ir. Hay muy poco que pueda hacer con respecto a la situación del país. Una vez que lo he hecho, no tiene demasiado sentido dejarla vivir en mi cabeza sin pagar alquiler.

Ahora bien, empiezo este post con esa pieza inútil de información porque de no hacerlo sería un escrito sumamente hipócrita. He dedicado tiempo a defender las libertades digitales por unos cuantos años, y uno de mis principales argumentos para ello yace en el vasto potencial de Internet para permitirle a las personas acceder a cualquier fragmento de conocimiento, en cualquier momento, en cualquier lugar. El conocimiento es poder.

Sin embargo, con el tiempo he aprendido que mi Internet y tu Internet probablemente no son la misma cosa. Esto sin entrar en consideraciones sobre zero-rating, páginas bloqueadas y una larga lista de etcéteras, simplemente aceptando un par de hechos: primero, que una amplia cantidad de nuestras actividades en línea es llevada a cabo a través de redes sociales, y que no hay dos usuarios con el mismo conjunto exacto de redes sociales (redes, en este sentido, entendido como conexiones entre personas, no como plataformas). No visitamos los mismos sitios, no leemos los mismos tweets, ni siquiera vemos los mismos gifs de gatos.

GIF de gatos gratuito.

GIF de gatos gratuito.

En segundo lugar, y esto se vuelve más y más omnipresente a medida que pasa el tiempo, no tenemos completo control sobre la información que vemos en Internet. Mucho de esto se ve determinado por lo que Google, Facebook o Twitter creen relevante a nuestros intereses, nuestras decisiones previas, nuestras compras, actividad, y las cosas que les hemos dicho que nos gustan.

Ambos fenómenos han sido estudiados ampliamente, no estoy precisamente descubriendo el agua tibia. En el primer caso, hablamos de homofilia, la tendencia de los individuos a asociarse y crear lazos con otras personas similares. Del mismo modo en que tendemos a hacernos amigos de gente que comparte una visión del mundo similar o compatible a la nuestra, tendemos a seguir y a leer a personas similares. En un nivel muy básico, tiene poco sentido seguir a personas cuyos puntos de vista nos ofenden o nos molestan. Si lo hacemos, es con la intención de burlarnos y ridiculizar sus opiniones, y es llamado hate-following.

Se ha dicho que la homofilia contribuye a la tolerancia y la cooperación ((Mark, N. P. (2003). “Culture and competition: Homophily and distancing explanations for cultural niches”. American Sociological Review 68: 319–345. doi:10.2307/1519727)). Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que la tolerancia es significativamente más fácil cuando estamos rodeados de personas que son similares a nosotros mismos, y que no es suficiente tener un nivel alto de tolerancia para crear diversidad social. Esto, maravillosamente ilustrado por Vi Hart y Nicky Case en su post interactivo, jugable Parábola de los Polígonos -el cual sugiero que vayas a jugar ahora mismo, sin continuar leyendo esto- significa que incluso nuestra inercia puede contribuir a una sociedad dañina, porque los pequeños sesgos individuales pueden llevar a un gran sesgo colectivo.

Cuando nos rodeamos sólo de gente similar a nosotros, nuestras opiniones son validadas de una manera sutil y constante, una y otra vez, hasta que dejamos de considerar válidos y merecedores de nuestra atención a otros puntos de vista, porque nuestra imagen de la sociedad y la manera en la que está distribuida se deforma por esta validación: comenzamos a pensar que nuestra opinión es la dominante, y por tanto la correcta, y comenzamos a tomar las opiniones diferentes como un chiste, algo que se puede desechar rápidamente sin darle mayor consideración.

Lo que sucede, entonces, es que el diálogo verdadero muere antes de nacer. Lo que pensamos es una discusión no es nada más que un saludo a la bandera, un rito sin contenido. No confrontamos nuevas ideas, no retamos nuestras presunciones, y como resultado, es imposible alcanzar ningún tipo de progreso o crecimiento: en su lugar, nos aislamos y nos alejamos más y más hacia los extremos de nuestras nociones preconcebidas.

Al mismo tiempo, la tecnología está “ayudando” a profundizar este abismo. Los resultados que obtienes cuando le preguntas algo a Google están hechos a la medida de tus gustos, a la medida del concepto global que Google tiene de ti como individuo: de dónde eres, quiénes son tus amigos. Tu identidad online te ha encerrado en una caja, y con cada búsqueda que haces en Google esa caja se hace más nítida, se cierra más y más en torno a ti.

Mientras tanto, a medida que dejas de ejercitar tu capacidad para el pensamiento crítico, ésta se debilita más y más. Cuando deje de funcionar, estarás atrapado dentro de tus presunciones, tus prejuicios y tu sesgo. Esto no hará tus ideas más fuertes, sin embargo: como todo lo que está hueco y es poco profundo, las burbujas se rompen con facilidad.

Es difícil escapar de tu burbuja de contenido, pero sólo porque hace nuestras vidas más cómodas. Usar DuckDuckGo en vez de Google puede significar que necesites redactar tus preguntas con mayor cuidado, porque DuckDuckGo no puede leerte la mente: no te conoce. Seguir a gente que tenga opiniones y valores muy distintos a los tuyos puede dejarte un poco fatigado, en especial luego de haber pasado tanto tiempo en tu pequeña y cómoda esquina del Internet.

Sin embargo, pienso que fortalecer mis ideas, mi capacidad para detectar falacias lógicas, y mi flexibilidad para evolucionar y crecer vale ese esfuerzo. Como dice el proverbio, la fuerza del bambú yace en su capacidad de doblarse sin romperse.

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¿Es necesario regular las redes sociales?

Imagen: Collage of Digital (Social) Networks, por Tanja Capell, bajo licencia CC BY SA 2.0

Imagen: Collage of Digital (Social) Networks, por Tanja Capell, bajo licencia CC BY SA 2.0

Un día cualquiera, en un país ficticio que llamaremos Arstotzka, se cometió un homicidio en una plaza pública. En respuesta al horror y al rechazo de la población, el Presidente decidió promulgar una ley restringiendo el libre tránsito de los ciudadanos por las plazas públicas, al considerar que la ausencia de regulaciones específicas respecto al uso y comportamiento de las personas en las plazas públicas era el origen de este espantoso, injustificable crimen.

Entre tanto, la persona que -presuntamente- había cometido el delito, había sido detenida por homicidio y puesta a la orden de las autoridades competentes, de acuerdo con lo contemplado en el Código Penal de Arstotzka, vigente desde hace más de sesenta años.

En días pasados, tanto la Fiscal General de la República como el presidente Nicolás Maduro han expresado su opinión con respecto a lo que denominan la “necesidad” de regular el uso de las redes sociales, declaraciones que tienen su origen en la presunta actuación de una ciudadana que habría recibido dinero a cambio de difundir falsamente en redes sociales el inexistente secuestro de su hijo. El uso de las redes sociales, según la fiscal general, para “generar zozobra” y “lanzar campañas de desprestigio” contra el gobierno debe ser contenido. Se utilizan los términos “guerra sucia” y “campaña psicológica” para expresar el supuesto peligro que las redes sociales representan para la llamada “paz pública”.

No decimos IRL, decimos AFK

Con frecuencia, la creación de nuevas normativas para el ámbito digital pasa por la consideración de que este entorno constituye un mundo distinto, separado de la vida “real” y que por tanto, de alguna manera escapa a la regulación ordinaria. Si bien existen aspectos y conductas específicas en las que se hace cada vez más difícil aplicar por analogía leyes preexistentes (digamos por ejemplo, el acceso indebido a la información privada de otra persona sin su autorización de manera remota), en la gran mayoría de los casos la conducta considerada ilícita no sufre ninguna variación porque en su comisión se haya utilizado Internet.

Es un principio reconocido internacionalmente que los derechos que tenemos offline son los mismos derechos que tenemos online. En consecuencia, en la gran mayoría de los casos la creación de legislación nueva, específica al ámbito digital, es un desperdicio de tiempo y dinero, cuando bastaría con aplicar las leyes que ya existen para los mismos casos. Esto, no obstante, también significa que las limitaciones a la actuación del Estado -por ejemplo, las limitaciones a restricciones a la libertad de expresión, que han sido establecidas hace muchos años- aplican de manera idéntica a las actuaciones del Estado en Internet.

En específico, en el caso de los llamados “delitos de opinión” (también denominados, en un giro poético que confieso mi favorito, “delitos de la palabra”), la conducta penalizada no reviste en absoluto ninguna particularidad como consecuencia de haberse cometido a través de redes sociales. Las conductas cuya penalización se busca a través de este tipo de proyectos son, por excelencia, delitos de palabra. No hablamos de irrupción indebida en cuentas bancarias ni de toma de control ilegítima de la identidad de otra persona; para esos casos ya contamos, en la gran mayoría de los casos, con legislación en materia de delitos informáticos. Hablamos de tipos penales como la difamación, el vilipendio y el desacato, en los que prepondera la criminalización de actos contra la “honra” de funcionarios públicos o de la actuación del gobierno mismo.

No sólo, pues, conserva Venezuela la difamación y la injuria como tipos penales, sino que, en especial, sigue penalizando el denominado “desacato a la autoridad”, que consiste justamente en la acción de “insultar” a la autoridad en el ejercicio de sus funciones. Si bien se alega que mediante este tipo penal se protege el poder coactivo del Estado, lo cierto es que no es otra cosa sino un delito de lesa majestad, los cuales han sido derogados en la mayor parte del mundo, pues obedecen a un concepto de veneración de la autoridad política que es considerado incompatible con los principios democráticos. Quienes ejercen el poder político en regímenes democráticos no son soberanos, por el contrario, son servidores, y por ende no les corresponde una dignidad mayor ni una cuota de protección especial a su honor que la que se concede a un ciudadano promedio. Es por esta razón que entes como la Corte Interamericana de Derechos Humanos han urgido en reiteradas ocasiones a Venezuela que derogue la penalización a los delitos de opinión en su legislación interna, pues atenta contra la libertad de expresión. En su lugar, Venezuela ha duplicado (en la aún reciente reforma del 2005 al Código Penal) las sanciones penales contra quienes sean declarados culpables de estos delitos.

A pesar de la presión por parte de la sociedad civil, el mundo entero enfrenta una preocupante tendencia a la criminalización de las redes sociales, no sólo en países como China, cuyo sistema de censura y filtrado es considerado el más sofisticado y efectivo del mundo, sino incluso en naciones consideradas pilares de la democracia, como Francia, donde leyes estrictas en materia de difamación, terrorismo y copyright restringen severamente el libre flujo de ideas y opiniones en línea.

De la practicidad de ponerle puertas al campo

Innumerables intentos de diversos gobiernos a lo largo de todo el mundo de bloquear contenidos (YouTube y Twitter son los blancos más frecuentes) han demostrado, entre otras cosas, que la infraestructura de Internet hace inmensamente difícil, si no directamente imposible, restringir con efectividad el libre acceso a la información. El usuario promedio encontrará la manera de navegar con libertad: la misma red se encargará de enseñarle cómo.

En 2014, cuando una corte ordenó el bloqueo de Twitter en Turquía como respuesta a una serie de casos de difamación y pornografía no consensual, Zeynep Tufekci escribía sobre la estrategia de Erdoğan, señalando que el gobierno turco sabía perfectamente que el objetivo no era hacer inaccesibles las redes sociales, sino demonizarlas. Escribía Tufekci:

Es una estrategia de situar las redes sociales fuera de la esfera sagrada, como una disrupción a la familia, una amenaza a la unidad, una navaja externa rompiendo el tejido de la sociedad.

Caracterizar las redes sociales como un escenario para la propagación de contenidos que -por usar los términos elegidos por el gobierno venezolano- “atentan contra la paz pública” no sólo es exagerar el poder de Internet (menos del 50% de la población venezolana tiene acceso a la web, y apenas 39% posee cuentas activas en redes sociales), sino sacar de proporción el alcance potencial de un ciudadano promedio. Si bien dependerá de la estructura particular de sus redes, incluso un usuario con algunos miles de seguidores sólo alcanzará potencialmente a un par de cientos con un mensaje en específico: difícilmente tenga la capacidad de desestabilizar a una nación entera a través de un tuit, sin importar cuán contundente sea éste. Más aún, este alcance pasa por una serie de filtros y sesgos previos que hacen improbable, por ejemplo, que un determinado mensaje alcance a una audiencia no interesada previamente en el tema, o que esté en radical desacuerdo con el usuario que lo origina.

Mientras en Venezuela se habla de regular las redes sociales -para reprimir o bien conductas que ya están contempladas en la legislación penal, contenidos que ya están prohibidos en la inconstitucional Ley Resorte, delitos cuya abolición ha sido solicitada por organismos internacionales de derechos humanos, o todas las anteriores-, en otros países la creación de normativas en materia de Internet apunta a la protección de las libertades de los ciudadanos y de la infraestructura misma de la web. Apenas el año pasado, al otro lado del Roraima, Brasil aprobó el célebre Marco Civil, normativa que protege las libertades ciudadanas en Internet y consagra el principio de neutralidad de la red.

Otros países están discutiendo normativas similares. Tim Berners-Lee, creador de la Web, llamó a la creación de una constitución global para proteger la Internet, diciendo:

A menos que tengamos una Internet abierta y neutral en la que podamos confiar sin preocuparnos de qué está sucediendo en la puerta trasera, no podremos tener gobiernos abiertos, buena democracia, buen sistema de salud, comunidades conectadas y diversidad cultural. No es ingenuo pensar que podemos tener esas cosas, pero es ingenuo pensar que podemos tan sólo sentarnos y obtenerlo.

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public domain day día del dominio público
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¡Feliz Día del Dominio Público! #PublicDomainDay

public domain day día del dominio públicoEl primero de enero de cada año, se celebra el Día del Dominio Público, para marcar la fecha en la que miles de obras de creación intelectual y artística, a lo largo de todo el mundo, se hacen libres para usar, compartir y crear. Cada año, en el día de Año Nuevo, debido a la expiración de los términos de protección de las legislaciones de derecho de autor en diversos países sobre aquellas obras producidas por autores fallecidos hace varias décadas, miles de estas obras ingresan al dominio público, de modo que ya no se encuentran controladas por ninguna persona natural o jurídica, sino que se convierten en un bien común, libre para ser usado por cualquier persona sin autorización previa.

(El año pasado escribí un post explicando brevemente qué significa dominio público, puedes leerlo si te interesa saber un poco más sobre el tema).

Día del Dominio Público 2015

Entre los creadores cuyas obras entran en el dominio público a partir de este primero de enero, se encuentran:

Public Domain Review publica anualmente lo que denominan “la clase” del año, con más detalles sobre cada autor, y Wikipedia contiene una muy extensa lista, aún siendo curada, de distintos creadores que entran en dominio público hoy.

Por otra parte, entre las obras que podrían haber entrado en dominio público hoy, pero no lo harán a causa de las abusivas reformas de las leyes de propiedad inteelctual estadounidenses, se encuentran libros como “Desayuno en Tiffany” de Truman Capote, “Nuestro hombre en La Habana” de Graham Greene, o la película “El gato en el tejado de zinc”. Puedes leer un artículo explicando el tema (y dando otros ejemplos) acá.

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cultura libre, en bits y bytes, geek es sexy, los libros me devoran

Cómo hacer un ebook en cinco fáciles pasos

Foto de melenita2012 en Flickr, bajo licencia CC BY 2.0

Foto de melenita2012 en Flickr, bajo licencia CC BY 2.0

Ésta es una republicación. Este post es de 2012, pero en algún momento una falla en el blog hizo que se perdieran todas las imágenes en el servidor, y no tenía respaldo. Como no tenía tiempo para crearlas de nuevo, di de baja el post con la expectativa de hacerlo eventualmente. Nunca sucedió, pero acabo de encontrar el post respaldado en PaperBlog y recuperé las imágenes. Acá está de nuevo.Nótese, en consecuencia, que no está actualizado, y que siempre pretendió ser una guía básica para alguien que necesita hacer un ebook sencillo, o alguien que está empezando a aprender. Hay mucho más que saber sobre el tema, pero no es el lugar para hacer un curso avanzado sobre diagramación de ebooks.

Siguiendo la onda de la autopublicación y de compartir nuestro conocimiento porque la cultura es libre y en la cultura digital no existe la escasez, en este post vamos a resumir en cinco pasos cómo convertir tu libro a ebook, apto para un lector de libros             electrónicos genérico. Todo lo que describo aquí lo aprendí a los coñazos, usando unos hermosos tutoriales como, por ejemplo, Receta casera para cocinar un EPUB, o Crea tu propio EPUB. Lo probé todo y esto fue lo que me quedó:

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Foto de LadyGeekTV, bajo Licencia CC BY-NC 2.0
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Sobre ser una nerd y una chica, y conocer tu camino en la vida

Foto de LadyGeekTV, bajo Licencia CC BY-NC 2.0

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Tendría quizás doce o trece años cuando mi hermana mayor me enseñó a usar una computadora. Aprendí a mover un ratón usando MS Paint, y cuando tenía quince años hice mi primera “página Web” en Geocities, terriblemente fea y llena de gifs animados como eran las páginas de Geocities, y al mismo tiempo, mi primera aproximación para entender cómo funcionaba una página web, cómo funcionaban HTML y PHP en ese momento. En 2006, a los veintiún años de edad, creé mi primer blog en Blogspot, uno que pasaría por varias encarnaciones para llegar a su versión actual, pero que siempre conservó el mismo nombre: La vida no trae instrucciones . Creado como una manera de tratar de explicarme el mundo a mí mismo a medida que lo iba descubriendo, este blog se ha convertido en el lugar donde descubrí quién era yo, donde hice amistades improbables en todo el mundo que subsistirían aún más fuertes que las de mi adolescencia o infancia, y también el cajón de arena en el que saqué a pasear mis ideas impopulares sobre los libros, las leyes y el funcionamiento del mundo. Sería también el lugar donde me encontraría con un desfile interminable de trolls y haters, personas que tratan de ganar las discusiones recurriendo a ataques personales, y donde mi piel empezó a hacerse más gruesa con cada nuevo comentario de odio que me ha tocado leer.

Creo que fui muy afortunada de aprender temprano en mi vida el inmenso potencial de creación que Internet pone a disposición, algo que me fascina y me ha llevado a explorar áreas que no están cerca de mi campo de estudio y trabajo (la ley) . Las cosas increíbles que se pueden crear aparentemente de la nada, simplemente escribiendo algunas instrucciones en un idioma extranjero y haciendo que una computadora las obedezca, son extraordinarias. Sin embargo, también aprendí pronto que la Internet puede ser un lugar oscuro para ser mujer , sobre todo si eres joven y vulnerable (lo que no necesariamente va siempre de la mano con el hecho de ser mujer, a veces es sólo una parte de tu personalidad , como es mi caso) y es fácil verse herido por alguien que te dice que no perteneces a un lugar, que no eres capaz de hacer algo: es fácil herirte, porque apenas estás descubriendo quién eres y cuál es tu lugar en el mundo.
Para un nerd de corazón, esa identidad -la que conforman las cosas que amas-, puede ser más central, más fuerte, que la identidad de género, que suele consistir en elementos altamente externos heredados de la sociedad. En consecuencia, es muy duro – para alguien que ama los libros, la tecnología, la ciencia, la literatura – tener que escuchar-de muchas maneras diferentes, algunas más ofensivas que otras-, que ser nerd y ser una niña son cosas incompatibles, y que ya que no puedes cambiar el hecho de haber nacido niña, ser nerd te está negado por la naturaleza.

Han pasado los años, y hoy en día hay grandes campañas para hacer que la gente entienda que el género no necesariamente limita tus intereses. Sin embargo, el hecho de que estas campañas existan (y el hecho de que no existían hace quince años, cuando la gente de mi edad empezó a hacer contacto con la web y a crear su identidad) dice más acerca del problema que de la solución.
Después de que mi piel se endureció un poco, lo suficiente, en varios puestos de trabajo de los que me gustaron algunas cosas y otras no tanto, me encontré de frente con la dura realidad de que no soy una persona normal. No nací para pasar ocho horas al día, cinco días a la semana en una oficina, o para recibir un cheque de pago quincenal; no soy el tipo de persona que puede hacer el mismo trabajo día tras día sin aburrirse allá de los límites tolerables. Necesito aire, luz, tiempo y espacio , necesito un lugar para hacer cosas distintas y jugar, aprender, innovar, crear diferentes proyectos al mismo tiempo, pasar de un tema a otro. Es la única manera en la que puedo fluir con normalidad.

Me dije a mí misma: lo normal está sobrevalorado, y me acepté como soy.

Hace diez meses que dejé mi trabajo, mi trabajo normal, de quince y último, de gerente en una empresa del Estado. Ya no tengo una respuesta estándar para darle a la gente cuando me preguntan cómo me gano la vida (como abogada, doy consultoría sobre licencias alternativas; traduzco documentos legales del Inglés al español, diagramo ePubs, partiendo de mi conocimiento autodidacta de XHTML, estudio programación en C, derechos de autor y francés en cursos a distancia; dicto clases de la escritura creativa y sobre acceso a la información y libertad de expresión, leo todo lo que puedo, y entre una cosa y otra hago activismo: lo que más me fascina es precisamente lo que no me da dinero). Eso es la más difícil (“¿qué haces para ganarte la vida?” me pregunta la gente, y a veces me da flojera explicar todo esto, explicar que gano estrictamente lo necesario para sobrevivir y que todavía me dé tiempo para leer, para llenarme de historias, para aprender cosas nuevas y tratar de trabajar en mi novela; explicar que para mí, “trabajo” ya no es sólo la forma en que me gano la vida, que hago muchas cosas, algunas me dan dinero y otras no, y eso es todo). El resto del tiempo, esta es una de las cosas que me dan vueltas en la cabeza:
¿Qué pasaría si pudiéramos hacer que todas las mujeres, todas las niñas, tengan acceso al inmenso potencial creativo de la tecnología?
¿Qué pasaría si todo el mundo pudiera acceder a estas herramientas, sin tener miedo de ser quienes realmente son, de amar las cosas que aman; si todo el mundo pudiera utilizarlos para desarrollar las ideas que tienen en su cabeza, para crear, para construir, para conectar con otros?

¿Cómo podemos hacer de Internet un lugar seguro para las niñas y las mujeres de todo el mundo, un lugar en el que puedan desarrollar sus habilidades sin miedo, sin ser atacadas, sin ser vulnerables?

Yo creo que todos tenemos diferentes respuestas para esto, y tal vez la respuesta real sea el resultado de la construcción colectiva resultante de sumar todas esas respuestas. Mi respuesta a esto es la educación. Creo que si le damos a todas las personas, especialmente las mujeres, las herramientas para hacerse cargo de su propia seguridad y no depender de nadie más, para estar seguras de que están preparadas y de que han tomado las medidas necesarias para garantizar que sus actividades en línea, su información, sus datos sensibles están protegidos, esta seguridad será la herramienta más poderosa para empoderarlas, para que puedan lograr construir cosas extraordinarias que ni siquiera podemos imaginar todavía.
Ese es el mundo que quiero ver, y ese es el mundo al que quiero contribuir. Es una respuesta difícil de resumir en una línea cuando me preguntan mi profesión, es verdad, pero es el camino que he elegido para mi vida, y les digo que saber cuál es tu camino en la vida es una experiencia increíblemente liberadora.

Escribí este post originalmente para la campaña Las Mujeres Tejen la Red , y esta entrada se puede leer en inglés ahí, o en mi blog de Medium.

 

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