falta de seriedad, Instantáneas cotidianas, notas al margen, notas al pie del manual de la vida, qué cosas ¿no?

Acción de gracias para sustituir las quejas

Hoy amanecí quejándome y con el corazón aguarapao. Es uno de esos días en que los retos que uno se plantea lo sobrepasan, y en los que duele no tener cerca a la gente más importante en tu vida para que te tomen de la mano y te digan que todo va a estar bien.

Ya sé que San Valentín es una fecha estúpida inventada por las corporaciones para vender chocolates y peluches al triple de lo que valen. Pero después de año y medio de una relación a distancia que sólo puede sostenerse porque es el fucking amor de tu vida, a uno se le aguan los ojos rapidito cuando resulta que no es tan fácil hacer esas tres horas de viaje para estar juntos en los momentos importantes (en las fechas inventadas por las corporaciones, o los días que uno se sube a un escenario para hacer algo que nunca ha hecho antes).

Total, que a pesar de los ojos aguados, los años van pasando y uno gana miligramos de sabiduría, y aprende a respirar profundo y a aprovechar el día para agradecer las bendiciones que ha recibido sin merecérselas.

Haber conocido a tu alma gemela a una edad demasiado temprana y haber sobrevivido a tanta estupidez.

Tener una familia de locos que te proporcionan apoyo y amor incondicional, aunque no siempre te comprendan.

Haber hallado el trabajo perfecto tan pronto, aunque uno no pueda comprarse casa ni escalafón, pero que te den ganas de ir a trabajar por las mañanas.

Mis escasos y geniales amigos cercanos, mis no tan escasos y geniales amigos en la distancia, y mis cientos de amigos imaginarios que me acompañan, me dan ánimos, me recomiendan libros, me leen este tipo de melodramas y me apoyan todos los días.

Mis libros, aunque al releerlos me diga que pude haberlo hecho mejor, y aunque en el fondo no esté segura de si realmente podré hacerlo mejor.

El Ávila por las mañanas. El café con leche. La risa de Luisana. La plaza Bolívar. Libros, música y películas,  y el concierto de Drexler el próximo viernes.

Yo. Sí, porque me tengo a mí misma, y eso es algo, ¿o no?

Tú, que me estás leyendo.

Respiro profundo, cuento hasta cien en reversa y me calmo, porque a fin de cuentas, la vida es la sucesión de los días que la forman: los hay buenos, los hay malos y los hay peores, y tener un par de constantes en las que sostenerse ya es más de lo que muchos pueden pedir.

 

Esta noche a las 7:00 p.m., si no me acobardo, estaré en el centro de Caracas participando en un Jam de escritura erótica. El local se llama “Chocolates con cariño” y está ubicado enfrente de Fogade, diagonal a la Plaza El Venezolano.

 

También: Si tienen Twitter, pueden seguirme: soy @mariannedh. Si les interesan mis divagaciones, pueden suscribirse para que las próximas entradas les lleguen por correo electrónico o por RSS.

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Palabras

Wordle es una página que crea un gráfico personalizable, de lo más bonito, como el de arriba, con las palabras más utilizadas en cualquier texto o página web que ustedes quieran usar. Éste es el Wordle de mi blog (si hacen clic se ve más grande). Se parece bastante a una conversación conmigo, cosa de la que puede dar fe cualquiera que me conozca.

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Ladrones de historias y cazadores de objetos perdidos

Este post es una suerte de advertencia: Señor, señora, señorita. Si va usted por la calle, sosteniendo una conversación a una distancia no tan prudencial de mis oídos, sepa usted que lo estoy escuchando, y no sólo eso, que estoy tomando nota y que podría usted, o alguna de las personas que aparecen en su anécdota, verse retratadas en algún no tan próximo libro que lleve mi firma.

Es eso. A mí me enseñaron que escuchar las conversaciones ajenas era de mala educación, pero así está la cosa. Uno va por ahí, como decía Neruda, bebiéndose la vida, con los ojos bien abiertos para darse cuenta cuando una historia lo tropiece de frente, o más bien, pase arrollándolo, como un ferrocarril. Como dijo José Urriola en este texto, los escritores se parecen “a esos indigentes que andan por la vida con un carrito de mercado lleno de objetos inútiles: de ventiladores sin aspas, de planchas que no tienen cables, de medias con huecos en los talones y en los dedos, de cajitas de música que perdieron a la bailarina, o acaso de bailarinas solitarias que perdieron la caja de música. ¿Y para qué les sirve eso? Para nada. Pero servirán. Algún día, para algo.

Las dos personas con las que intercambio más palabras en este mundo son mi madre y mi pareja. Gracias al cielo, ambos escriben, así que no se sorprenden ni me miran raro cuando, a mitad de una conversación de la vida real, los interrumpo con algo como: ¡Qué personaje tan bueno! ¿No lo vas a escribir? ¿Puedo escribirlo yo? Del mismo modo, si en mitad de una conversación con alguno de ustedes, me oyen decir eso está buenísimo para un cuento, siéntanse con derecho a mirarme raro. Pero sepan que de todos modos lo voy a escribir.

Sépanlo, señores, y no se extrañen; y si quieren que sus historias permanezcan en el ámbito privado, por favor, no las cuenten en el metro con voz audible: allí es a donde voy para abastecerme de material crudo.

Y para trasladarme al trabajo, claro.

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Esto es sólo un post de self-boosting

Este post es sólo para hacerles saber que, al igual que cada año por estas fechas, he puesto un contador a la derecha del blog, que dice cuántos días faltan para mi cumpleaños. Porque, bueno, éste es mi blog y así soy yo, egocéntrica.

Los quiero por soportarme (y hasta bancarme, como dirían los argentinos). Continuamos con la programación habitual.

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