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Los libros que leí en febrero #ratóndelibrería

Aunque parezca increíble, lo hice por segundo mes consecutivo. Éste es el segundo “episodio” de Ratón de librería, el episodio en que confundo a Ítalo Calvino con Umberto Eco. Además ya puedes suscribirte en iTunes.

Notas de este episodio:

Libros:

Música de intro y outro:
“café connection”
por morgantj
http://ccmixter.org/files/morgantj/18947. Usado bajo una licencia Creative Commons Atribución (3.0)
Licencia: http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/

Imagen:
Beatrix Potter – Frontispiece: “The Tailor Mouse” circa 1902. Illustration for “The Tailor of Gloucester”
Watercolor on paper. Dominio público.
The Tate www.tate.org.uk/art/work/A01089

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Animales sociales: las fuerzas ocultas detrás de nuestras decisiones

Social Animal

Sin importar con cuánta seguridad creemos que tomamos nuestras decisiones conscientemente, la realidad es que la mayor parte de nuestras acciones están determinadas por procesos que ocurren en partes de nuestro cerebro a las cuales no podemos acceder mediante procesos de razonamiento lógico. Todas estas fuerzas, que solemos llamar por nombres que les restan valor, como “intuición” o “instinto”, son determinantes en la forma en que llevamos nuestras vidas, en nuestro éxito o fracaso, en nuestras relaciones con otros seres humanos, nuestras preferencias y en fin, en nuestras decisiones.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “No somos producto de nuestro pensamiento consciente. Somos primordialmente los productos de pensamientos que suceden debajo del nivel de conciencia”.   [/pullquote]

Ésta es la premisa que explora David Brooks en su libro “The Social Animal”. De acuerdo con Brooks, el carácter de seres sociales de los seres humanos determina un sinnúmero de factores sobre la forma en la que desarrollamos nuestras vidas, incluida nuestra personalidad, nuestra confianza y nuestro carácter. Por ejemplo, la manera en la que los niños son criados por sus padres es un factor que influye de manera determinante en la disposición que esos niños tendrán, cuando sean adultos, a tomar riesgos, a salirse de su zona de confort y a explorar opciones. Curiosamente, según los estudios citados por Brooks, es más importante la consistencia que el estilo de crianza: sin importar si los padres son permisivos o dominantes, lo que realmente influye sobre el futuro éxito de sus hijos es la posibilidad de predecir sus reacciones y de contar con ellos de manera estable cuando son necesarios.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “[los niños] necesitan sentirse amados por aquellos que cuidan de ellos, pero también necesitan salir al mundo y cuidar de sí mismos. Bowly argumentaba que estas dos necesidades, mientras en ocasiones estaban en conflicto, están también conectadas. Mientras más segura una persona se sienta en casa, es más probable que él o ella se arriesgue a explorar nuevas cosas. O como Bowly mismo lo pone, “todos nosotros, desde la cuna hasta la tumba, somos más felices cuando la vida es organizada como una serie de excursiones, cortas o largas, de la base segura proporcionada por nuestras figuras de arraigo”.   [/pullquote]

Existimos, pues, en sociedad, porque nuestra mente requiere la existencia y la comunicación con otros seres vivos para poder determinar su lugar en esa sociedad, para poder llenar su necesidad de significado y sentido, y para poder definirse, delimitarse como individuo.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “Si la mente externa tiene hambre de estatus, dinero y aplausos, la mente interna tiene hambre de armonía y conexión -esos momentos en los cuales la autoconciencia se desvanece y una persona se pierde en un reto, en una causa, en el amor a otra persona o el amor a Dios”.   [/pullquote]

Estas conexiones son las verdaderas generadoras de nuestra individualidad, en el sentido en que sólo existimos realmente en contextos dialógicos, como parte de una conversación. En un pasaje de Coleridge citado por Brooks, un bebé le dice a su madre: “No estoy aquí”: “Tócame, madre, para que pueda estar aqui”. Sólo podemos reconocer nuestro yo a través de los otros, por contraposición a los otros y por conexión hacia ellos.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “La gente nace dentro de relaciones -con sus padres, con sus ancestros- y esas relaciones crean a la gente. O, para ponerlo de otro modo, un cerebro es algo que está contenido dentro de un solo cráneo. Una mente sólo existe dentro de una red. Es el resultado de la interacción entre cerebros, y es importante no confundir mentes con cerebros.”   [/pullquote]

Una gran parte de la identidad de una persona se origina en las redes a las cuales pertenece, en los grupos con los cuales puede identificarse. La división binaria más importante que hará una persona a lo largo de su vida -una y otra vez- es la de “nosotros” vs. “ellos”, el límite que define su pertenencia y su diferencia con unos y otros grupos. A partir de esta decisión, tomada por debajo del nivel de conciencia, se definen un número de factores y circunstancias que serán fundamentales en el desarrollo de nuestras vidas, como nuestra profesión, los amigos que elegimos, nuestra religión o nuestra identidad política.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “Cuando las personas eligen su afiliación partidista, no eligen partidos comparando plataformas y luego determinando dónde yacen los intereses de la nación. Partiendo de una vasta cantidad de datos, los autores arguyen que la afiliación partidista es más como la afiliación a una denominación religiosa o a un club social. La gente tiene estereotipos en sus cabezas sobre cómo son los demócratas y cómo son los republicanos, y gravitan hacia el partido formado por gente como ellos. Una vez que han formado su afiliación, la gente doblega sus filosofías y sus percepciones de la realidad para hacerse más y más alineados con los miembros de su tribu política”.   [/pullquote]

Las decisiones que tomamos sobre nuestra pertenencia a un grupo son previas a las razones por las cuales lo hacemos: primero determinamos nuestra afiliación y luego encontramos la justificación para ellos, razonamos y argumentamos para que esa decisión, ya tomada e inmutable, tenga sentido.

Si bien vivimos en sociedades cuyos vínculos son más flexibles, en un tiempo en el cual el aislamiento y la soledad son más factibles, esto no cambia nuestras características de animales sociales. La alienación producida por el aislamiento genera sociedades menos cohesivas donde es más difícil navegar nuestras identidades individuales y colectivas, y en consecuencia, donde somos más proclives a sentirnos perdidos, sin un anclaje al cual regresar de nuestras exploraciones, sin el arraigo capaz de proveernos de confianza, de seguridad y de sentido.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “Tal como el filósofo británico Philip Blond ha escrito, las revoluciones individualistas no terminaron por crear sociedades sueltas, libres. Produjeron sociedades atomizadas en las cuales el estado crece en un intento de llenar las brechas creadas por la desintegración social. Mientras menos restricciones sociales informales hay en cualquier sociedad, más poder formal estatal es necesario.”   [/pullquote]

“The Social Animal: The Hidden Sources of Love, Character, and Achievement” es un libro interesante, si bien irregular en términos de estilo, dado el esfuerzo realizado por Brooks para ayudarnos a navegar una gran cantidad de información de una manera fácil y entretenida a través de los personajes de Harold y Erika, suerte de sujetos de estudio para representar los ejemplos de los estudios citados y de las conductas que en el libro se explican. No obstante, para cualquier persona a quien le interese la conducta humana y las razones que motivan a los individuos a comportarse de la manera que lo hacen en el contexto de la sociedad, es un excelente libro para ayudarnos a pensarnos a nosotros mismos y a nuestros compañeros de especie.

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[Un libro] El progreso del amor, de Alice Munro

El progreso del amor, Alice Munro

El progreso del amor, Alice Munro

El progreso del amor
Alice Munro
Editorial RBA
368 páginas

 

Sí, soy una de esas personas que no había leído nada de Alice Munro, aparte de alguna entrevista por ahí, hasta que ganó el premio Nobel. Me había encantado su entrevista para The New Yorker (soy una junkie de las entrevistas a escritores de The New Yorker) y decidí leer alguno de sus libros.

Empiezo, entonces, mi primer contacto con la obra de Munro a través de un libro de cuentos, lo que no parece sino natural, dado que el cuento es la forma literaria que me resulta más cercana. Es, también, el único libro de cuentos que he leído en lo que va de año. Supongo que debería (con el Nobel aún reciente) ser fácil encontrarlo en librerías, pero la verdad yo aún no he visto reediciones. Supongo que pueden buscarlo en internet, en librerías de libros usados o en los anuncios clasificados.

Los cuentos de este libro pintan, inimitablemente, los matices más íntimos de las relaciones humanas. La capacidad de observación y la atención al detalle de Alice Munro sólo se compara con su habilidad de escoger el trazo justo para transmitir toda una atmósfera, un complejo entramado de relaciones sociales, una cantidad innumerable de mínimos hilos moviéndose dentro de sus personajes. Más vivos que la vida misma, los personajes de este libro respiran, y en ellos viven las fuerzas más complejas, el amor, la generosidad, la envidia, el egoísmo, todo al mismo tiempo.

Es posible que mi pasión por este libro se deba a mi interés personal en las historias mínimas, en la narración de lo cotidiano y de lo extraordinario en lo ordinario, las relaciones humanas como eje de toda historia. Es mi manera de aproximarme a la narración y me cortaría un brazo (el derecho) por ser capaz de escribir historias como éstas. Entre tanto, por favor espérenme acá mientras voy a leerme toda la obra de esta señora y regreso.

 

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Quiet: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede parar de hablar

Quiet

Supongo que no soy la única persona que tiene épocas de lectura por géneros. Usualmente leo mucha narrativa, pero tengo ciertas fases en las que me da por el ensayo, y ninguna novela, ningún libro de cuentos me atrapa tanto como un buen texto de investigación. No deben sorprenderse entonces si les digo que Quiet es lo mejor que he leído en mucho tiempo.
Los introvertidos somos tratados usualmente como una minoría, como unos bichos raros en un mundo donde el ejemplo de lo deseable son las fiestas escandalosas, la música estridente, la gente que se mueve en grandes grupos y el estilo de predicador de autoayuda masiva. Sin embargo, Cain parte de un principio -con bases científicas- que es esencial tener en cuenta: alrededor de la mitad de la población mundial (de hecho, en algunos lugares como Islandia, hasta el 80%) se califican a sí mismos como introvertidos, y de hecho esta cifra ha ido en aumento a medida que el ideal de la extroversión se fue convirtiendo en el estándar de lo deseable a nivel mundial (un momento que Cain ubica con el boom de la publicidad y la filosofía de Dale Carnegie). La explicación más evidente es que a medida que las personas se ven más empujadas por la sociedad a ser extrovertidas (a que esto es “lo correcto”), su propio impulso de introversión les ha hecho sentir más y más culpables, defectuosos, erróneos. Una idea abrumadora si pensamos que la mitad de la población mundial encaja en este tipo de personalidad.

Vivimos con un sistema de valores que yo llamo el Ideal de Extroversión -la creencia omnipresente de que el yo ideal es gregario, alfa, y cómodo bajo los reflectores. El extrovertido arquetípico prefiere la acción a la contemplación, tomar riesgos en vez de prestar atención, la certeza antes que la duda. Favorece las decisiones rápidas, incluso a riesgo de equivocarse. Trabaja bien en equipo y socializa en grupos. Nos gusta pensar que valoramos la individualidad, pero demasiado a menudo admiramos a un tipo de individuo -el tipo que se encuentra cómodo exponiéndose a sí mismo.

Quiet es, al mismo tiempo, un ensayo basado en una extensa y profunda investigación científica, y un canto a la autoaceptación. Es mucho más probable que logremos una vida exitosa y feliz, nos dice Cain, si dedicamos tiempo a comprender cómo somos y cuáles son nuestras necesidades, a comprender, por ejemplo, que una persona introvertida probablemente se agota en la interacción social y necesita tiempo a solas para “recargarse”, mientras que una persona extrovertida funciona de la manera opuesta, obteniendo energía de las personas que la rodean. ¿Cuántas relaciones de pareja, familiares, laborales no se beneficiarían de este análisis?
Por otra parte, un descubrimiento que resonó particularmente en mi mente fue el comprender la vinculación entre la introversión y la sensibilidad al estímulo. Cain dice:

Muchos introvertidos son también “altamente sensibles”, lo que suena poético, pero de hecho es un término técnico en psicología. Si eres del tipo sensible, eres más apto que la persona promedio para sentirte placenteramente abrumado por la “Sonata a la luz de la luna” de Beethoven, o una frase bien escrita o un acto de bondad extraordinaria. Puedes ser más rápido que otros para sentirte enfermo por la violencia y la fealdad, y probablemente tienes una conciencia muy fuerte. Cuando eras un niño, probablemente te llamaban “tímido”, y hasta este día, te sientes nervioso cuando estás siendo evaluado, por ejemplo, cuando das un discurso o en una primera cita.

En una explicación más extensa, aclara que las personas altamente sensibles pueden verse afectadas o sobreestimuladas por los ruidos fuertes, los cambios en la luz, y en general los estímulos intensos (y además, que esta intensidad no significa lo mismo para todo el mundo). Quizás no sea algo que uno vaya por la vida explicándole a los demás, pero me habría sido tan útil simplemente saberlo antes, al menos para comprenderme a mí misma y sonreír en silencio a las personas que no entienden por qué las luces fuertes, los sonidos altos, la gente que grita y las películas violentas me aturden más allá de lo tolerable. No hay que ir por la vida con un cartelito, pero saber que uno no es un bicho raro resulta muy útil.
Aunado a esto, y partiendo de los innumerables experimentos psicológicos y sociológicos expuestos por Cain en Quiet, el libro proporciona herramientas para comprender cómo enfrentar las circunstancias en las que nos sentimos incómodos, expuestos o frágiles, para comprender cómo tratarnos a nosotros mismos cuando necesitamos recuperarnos de esa sobreexposición, e incluso para aprender a balancear nuestra introversión con una dosis de extroversión en los casos necesarios. Resulta, por ejemplo, que las personas introvertidas pueden dejar de lado este rasgo de personalidad cuando están trabajando en algo que les apasiona profundamente -y de ahí, según, que a menudo no nos crean cuando explicamos que realmente somos introvertidos y que estamos al borde del pánico ahí donde nos ven-.
El poder de la introversión, dice Cain, es la callada persistencia. Si la causa es justa y pones tu corazón en ella, atraerás gente que quiere compartir tu causa. No se requiere carisma, o la capacidad de ser el alma de la fiesta: los introvertidos construimos relaciones una a una, de una manera profunda y dedicada, y en esa dedicación, en el análisis que le dedicamos a cada cosa, en esa profunda atención a los detalles está nuestra fortaleza.

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Mis libros favoritos de 2013

Como todos los años, en 2013 me fijé una meta de lectura, y aunque esta vez creía que había bajado los estándares, en la fecha en que escribo este post no he llegado a la meta y ya no creo que lo haga. De cualquier modo, pueden ver la lista de lecturas de mi fallido reto 2013 en mi perfil de Goodreads.
A pesar de ello, este año me leí 37 libros y quise compartir con ustedes algunas líneas sobre los que me gustaron más, esos que creo que puedo recomendar. Sigue leyendo

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Franzen y el precio de la libertad

Tenía este libro pendiente en el estante (como muchos otros) desde hace bastante rato, y aunque suene mal, la verdad es que sus más de seiscientas páginas me intimidaban, ese lomo grueso, sólido que lo hace un libro difícil de arrojar contra la pared en caso de hastío, me miraba con hostilidad desde la biblioteca. Hasta que me decidí, convencida de que no podía andar por la vida con semejante laguna en mi conocimiento sobre la literatura contemporánea norteamericana, que ya anda bastante hecho colador.

Alabada como la gran novela norteamericana del siglo XXI (afirmación bastante rimbombante, además, para un siglo que apenas comienza), Libertad constituye en efecto una de esas obras prestas a ser diseccionadas por el análisis literario, por el tema central que se nos anuncia, sin ningún interés de ocultarlo entre simbolismos, desde el mismo título: Ésta es una novela sobre la libertad, ese gran ideal de la sociedad estadounidense, y sobre el precio que estos personajes tendrán que pagar por las decisiones tomadas con esa absoluta libertad que les concede la vida.

Un libro denso y con pretensiones de novela total, Libertad se destaca por la construcción minuciosa, sólida y vívida de sus personajes, que viven en la página con precisión casi cinematográfica, perfectamente construidos, creíbles hasta el último detalle y coherentes hasta en la más absurda de sus contradicciones internas. La historia de Patty, Walter y Richard nos atrapa, sin necesidad de que nos simpaticen en todo momento, a veces los odiamos, pero queremos saber qué ocurre con ellos. No obstante, para mi gusto personal, en el último tercio de la -larguísima- novela, la narrativa pierde brillo, se detiene en exceso en descripciones tediosas de pájaros, deforestación y temas políticos que, en mi opinión, a pesar de ser centrales a la historia, no logra entretejer lo suficiente con la acción para que resulte atrapante, y en algunos pasajes, ni siquiera legible. Igualmente, esa misma densidad que se vuelve insoportable en ciertas páginas (alrededor de la página quinientos, cuando uno ya tiene demasiado invertido en la novela para dejarlo por las buenas), se encuentra también salpicada por el resto de la historia, con ciertos toques de self-importance que quizás sean demasiado para un lector poco interesado en política.

Si con Libertad Franzen se ha visto comparado con Dostoyevski y Flaubert, es, en definitiva, por su capacidad de retratar con delicadeza y detalle las pasiones, debilidades y vicios más profundos del alma humana, y de cierto modo, por construir a través de una historia en apariencia doméstica, un modelo a escala de los problemas más graves sociedad que retrata, una sociedad que aspira a la libertad perfecta, inclusive para cometer los peores errores.

Libertad, de Jonathan Franzen
Ediciones Salamandra
Traducción: Isabel Ferrer
Páginas: 672
ISBN: 978-84-9838-397-3

Una lectura recomendada sobre este libro: La libertad según Jonathan Franzen, en El país.

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