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La sombra que nos acecha: “Esa visible oscuridad”, de William Styron

Social Animal

El célebre escritor William Styron, autor de obras tan conocidas como La decisión de Sophie (la novela en la que se basa la famosa película del mismo título) batalló durante toda su vida con la depresión. Darkness visible, su memoria publicada hacia las últimas décadas de su vida, narra su encuentro más terrible con esta enfermedad, su aproximación a las simas de su propia alma, y su experiencia con el suicidio y el tratamiento psiquiátrico.

Este libro, corto y repleto de contenido, surge de un artículo publicado en 1988 en el New York Times, donde Styron condena la mitificación del sucidio, en torno a la muerte del destacado escritor italiano Primo Levi. Fue una suerte de misión para Styron, en esas últimas décadas, que la depresión se desmitificara y se comenzara a hablar de ella con mayor normalidad. El artículo en el NYT, de apenas unos párrafos, comienza con las siguientes palabras:

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#66cdaa” class=”” size=””] Para aquellos de nosotros que han sufrido depresión grave, el desconocimiento general de cómo sin cesar la enfermedad puede generar un impulso de autodestrucción parece generalizado; el problema necesita urgentemente iluminación.   [/pullquote]

Preocupaba a Styron, fundamentalmente, la dificultad de las personas que nunca han sufrido depresión, de comprender los impulsos y la fuerza de la enfermedad para quienes están atrapados en ella, la sensación de que la angustia no puede ser ya soportada. Su premisa era que restarle romanticismo e intentar comprender el dolor profundo de la enfermedad podía ser el camino para que muchas personas pudieran abrirse a buscar ayuda, y así evitar ser víctimas de ella.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#66cdaa” class=”” size=””] Es la desesperanza, incluso más que el dolor, lo que aplasta el alma. De modo que la toma de decisiones de la vida cotidiana no involucra, como en los asuntos normales, cambiar de una situación molesta a otra menos molesta, o de la incomodidad a la comodidad relativa, o del aburrimiento a la actividad, sino moverse de dolor a dolor. Uno no abandona, incluso brevemente, su cama de clavos, sino que está sujeto a ella adonde quiera que va.   [/pullquote]

Styron escribe con sensibilidad y belleza estilística sobre un problema terrible y doloroso, y su capacidad para retratar estados anímicos que se caracterizan precisamente por su dificultad para ser contenidos en palabras es asombrosa. Uno de los mayores problemas que da lugar a la incomunicación sobre los estados depresivos es que quienes están atrapados en ellos pierden toda capacidad para expresar con palabras su circunstancia. Styron lo ha hecho por todos nosotros; bien podríamos regalarle una copia de este libro a cada una de las personas que importan en nuestras vidas.

Si bien la depresión de Styron adquirió aspectos suicidas, y tuvo que eventualmente tomar la decisión de recluirse por un tiempo, igualmente logra retratar el peligro acechante de la depresión funcional, ésa que Ethan Zuckerman ha descrito como “la vida, sólo que moderadamente hecha un desastre”. La vida continúa, y las personas a nuestro alrededor se quedan con la sensación de que en realidad no estamos tan mal, y por ende, ha de bastar con “reunir ánimos” y “salir adelante”. Excepto que no.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#66cdaa” class=”” size=””] Y esto resulta en una experiencia notable -una que he llamado, tomando el término prestado de la terminología militar, la situación del caminante herido. Por cuanto virtualmente en cualquier enfermedad seria, un paciente que sintiera una devastación similar yacería en cama, posiblemente sedado y conectado a los tubos y cables de un sistema de soporte vital, pero al mínimo en una postura de reposo y en aislamiento. Su invalidez sería necesaria, incuestionable y honorablemente realizada. Sin embargo, quien sufre de depresión no tiene tal opción, y por tanto se encuentra a sí mismo, como una víctima caminante de la guerra, arrojado a las situaciones sociales y familiares más intolerables. En ellas debe, a pesar de la angustia devorando su cerebro, presentar un rostro que se aproxime a uno asociado con los eventos ordinarios y el compañerismo. Debe tratar de proferir charlas casuales, y responder a preguntas, y afirmar y fruncir el entrecejo, e incluso, Dios lo ayude, sonreír.   [/pullquote]

A pesar de ser un libro profundamente triste, Darkness visible es una hermosa historia que llega, si no precisamente a un final feliz, al menos a una luz al final del túnel: Styron logró recuperarse y vivir hasta una edad avanzada, si bien su producción literaria disminuyó hasta desaparecer. No obstante, si bien escribir parecía ser esencial y su incapacidad para ello uno de los aspectos más terribles de su depresión, “recobrar la capacidad para la serenidad y la dicha” puede que haya sido recompensa suficiente.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#66cdaa” class=”” size=””]Quien sea que ha sido restaurado a la salud ha sido casi siempre restaurado a la capacidad para la serenidad y la dicha, y esto podría ser compensación suficiente por haber soportado desesperación tras desesperación.[/pullquote]

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