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Animales sociales: las fuerzas ocultas detrás de nuestras decisiones

Social Animal

Sin importar con cuánta seguridad creemos que tomamos nuestras decisiones conscientemente, la realidad es que la mayor parte de nuestras acciones están determinadas por procesos que ocurren en partes de nuestro cerebro a las cuales no podemos acceder mediante procesos de razonamiento lógico. Todas estas fuerzas, que solemos llamar por nombres que les restan valor, como “intuición” o “instinto”, son determinantes en la forma en que llevamos nuestras vidas, en nuestro éxito o fracaso, en nuestras relaciones con otros seres humanos, nuestras preferencias y en fin, en nuestras decisiones.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “No somos producto de nuestro pensamiento consciente. Somos primordialmente los productos de pensamientos que suceden debajo del nivel de conciencia”.   [/pullquote]

Ésta es la premisa que explora David Brooks en su libro “The Social Animal”. De acuerdo con Brooks, el carácter de seres sociales de los seres humanos determina un sinnúmero de factores sobre la forma en la que desarrollamos nuestras vidas, incluida nuestra personalidad, nuestra confianza y nuestro carácter. Por ejemplo, la manera en la que los niños son criados por sus padres es un factor que influye de manera determinante en la disposición que esos niños tendrán, cuando sean adultos, a tomar riesgos, a salirse de su zona de confort y a explorar opciones. Curiosamente, según los estudios citados por Brooks, es más importante la consistencia que el estilo de crianza: sin importar si los padres son permisivos o dominantes, lo que realmente influye sobre el futuro éxito de sus hijos es la posibilidad de predecir sus reacciones y de contar con ellos de manera estable cuando son necesarios.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “[los niños] necesitan sentirse amados por aquellos que cuidan de ellos, pero también necesitan salir al mundo y cuidar de sí mismos. Bowly argumentaba que estas dos necesidades, mientras en ocasiones estaban en conflicto, están también conectadas. Mientras más segura una persona se sienta en casa, es más probable que él o ella se arriesgue a explorar nuevas cosas. O como Bowly mismo lo pone, “todos nosotros, desde la cuna hasta la tumba, somos más felices cuando la vida es organizada como una serie de excursiones, cortas o largas, de la base segura proporcionada por nuestras figuras de arraigo”.   [/pullquote]

Existimos, pues, en sociedad, porque nuestra mente requiere la existencia y la comunicación con otros seres vivos para poder determinar su lugar en esa sociedad, para poder llenar su necesidad de significado y sentido, y para poder definirse, delimitarse como individuo.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “Si la mente externa tiene hambre de estatus, dinero y aplausos, la mente interna tiene hambre de armonía y conexión -esos momentos en los cuales la autoconciencia se desvanece y una persona se pierde en un reto, en una causa, en el amor a otra persona o el amor a Dios”.   [/pullquote]

Estas conexiones son las verdaderas generadoras de nuestra individualidad, en el sentido en que sólo existimos realmente en contextos dialógicos, como parte de una conversación. En un pasaje de Coleridge citado por Brooks, un bebé le dice a su madre: “No estoy aquí”: “Tócame, madre, para que pueda estar aqui”. Sólo podemos reconocer nuestro yo a través de los otros, por contraposición a los otros y por conexión hacia ellos.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “La gente nace dentro de relaciones -con sus padres, con sus ancestros- y esas relaciones crean a la gente. O, para ponerlo de otro modo, un cerebro es algo que está contenido dentro de un solo cráneo. Una mente sólo existe dentro de una red. Es el resultado de la interacción entre cerebros, y es importante no confundir mentes con cerebros.”   [/pullquote]

Una gran parte de la identidad de una persona se origina en las redes a las cuales pertenece, en los grupos con los cuales puede identificarse. La división binaria más importante que hará una persona a lo largo de su vida -una y otra vez- es la de “nosotros” vs. “ellos”, el límite que define su pertenencia y su diferencia con unos y otros grupos. A partir de esta decisión, tomada por debajo del nivel de conciencia, se definen un número de factores y circunstancias que serán fundamentales en el desarrollo de nuestras vidas, como nuestra profesión, los amigos que elegimos, nuestra religión o nuestra identidad política.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “Cuando las personas eligen su afiliación partidista, no eligen partidos comparando plataformas y luego determinando dónde yacen los intereses de la nación. Partiendo de una vasta cantidad de datos, los autores arguyen que la afiliación partidista es más como la afiliación a una denominación religiosa o a un club social. La gente tiene estereotipos en sus cabezas sobre cómo son los demócratas y cómo son los republicanos, y gravitan hacia el partido formado por gente como ellos. Una vez que han formado su afiliación, la gente doblega sus filosofías y sus percepciones de la realidad para hacerse más y más alineados con los miembros de su tribu política”.   [/pullquote]

Las decisiones que tomamos sobre nuestra pertenencia a un grupo son previas a las razones por las cuales lo hacemos: primero determinamos nuestra afiliación y luego encontramos la justificación para ellos, razonamos y argumentamos para que esa decisión, ya tomada e inmutable, tenga sentido.

Si bien vivimos en sociedades cuyos vínculos son más flexibles, en un tiempo en el cual el aislamiento y la soledad son más factibles, esto no cambia nuestras características de animales sociales. La alienación producida por el aislamiento genera sociedades menos cohesivas donde es más difícil navegar nuestras identidades individuales y colectivas, y en consecuencia, donde somos más proclives a sentirnos perdidos, sin un anclaje al cual regresar de nuestras exploraciones, sin el arraigo capaz de proveernos de confianza, de seguridad y de sentido.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#f6546a” class=”” size=””] “Tal como el filósofo británico Philip Blond ha escrito, las revoluciones individualistas no terminaron por crear sociedades sueltas, libres. Produjeron sociedades atomizadas en las cuales el estado crece en un intento de llenar las brechas creadas por la desintegración social. Mientras menos restricciones sociales informales hay en cualquier sociedad, más poder formal estatal es necesario.”   [/pullquote]

“The Social Animal: The Hidden Sources of Love, Character, and Achievement” es un libro interesante, si bien irregular en términos de estilo, dado el esfuerzo realizado por Brooks para ayudarnos a navegar una gran cantidad de información de una manera fácil y entretenida a través de los personajes de Harold y Erika, suerte de sujetos de estudio para representar los ejemplos de los estudios citados y de las conductas que en el libro se explican. No obstante, para cualquier persona a quien le interese la conducta humana y las razones que motivan a los individuos a comportarse de la manera que lo hacen en el contexto de la sociedad, es un excelente libro para ayudarnos a pensarnos a nosotros mismos y a nuestros compañeros de especie.

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