Miss Representation
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Un documental: “Miss Representation”: Cómo los medios construyen una imagen falsa de las mujeres

Miss Representation

Fotografía de Nicholas Burlett, bajo licencia CC BY NC SA 2.0

En el libro “La sociedad del espectáculo”, Guy Debord sostiene que el espectáculo es parte de la sociedad y es un instrumento de unificación, constituyéndose en el lenguaje general que concentra las conciencias: el espectáculo es un engaño, pero es un engaño colectivo, y como tal se convierte en una realidad que elegimos para reemplazar la verdadera.

Baudrillard, en “Simulación y simulacro” señaló la tendencia de sociedades como la estadounidense de construir una hiperrealidad, esto es, una realidad que fuera más real que la realidad misma, donde todo es más colorido, más brillante, más llamativo: la sociedad del espectáculo es en technicolor, en photoshop, en HD, y reemplaza a nuestros ojos y a nuestras conciencias. La autenticidad misma ha sido reemplazada por una copia, por una versión más perfecta,  y hemos perdido toda capacidad de reconocer la original.

Esta hiperrealidad impregna todas las capas de la sociedad, pero afecta especialmente a las mujeres, el “objeto” por excelencia de los medios, la publicidad y el lenguaje del consumo de masas.

“Miss Representation” es un documental del año 2011 que explora la manera en la que los medios construyen una imagen distorsionada (hiperreal) de las mujeres, y cómo la imagen así construida impacta en la forma en que las mujeres reales se ven a sí mismas y son vistas por el resto de la sociedad. En otros documentales, como el magnífico Killing Us Softly de Jean Kilbourne, se ha explorado la construcción de esta imagen a través de la publicidad, pero “Miss Representation” no se detiene ahí.

Lleno de cifras interesantes y desconcertantes, como el hecho de que las mujeres en los Estados Unidos gastan anualmente entre $12.000 y $15.000 en productos y salones de belleza (una cifra que bastaría para sacar a muchas de ellas de la infraeducación), o que las mujeres entre 15 y 30 años sólo comprenden el 39% de la población femenina, pero son el 71% de las mujeres que aparecen en televisión, “Miss Representation” construye un discurso sólido, que nos dice que las mujeres menos educadas (porque están gastando su dinero en productos de belleza y porque la sociedad les dice que la belleza es un valor más importante que la educación) tienen menos respeto propio, menor eficacia política y menor probabilidad de ejercer su derecho al voto, lo cual, a su vez, conduce a una sensación general de falta de poder, y las distrae de la posibilidad de convertirse en líderes, cualquiera que sea su área de acción.

Miss Representation – Official Trailer from The Representation Project on Vimeo.

Jennifer Siebel nos dice que 53% de las niñas de 12 años se sienten infelices con sus cuerpos, así como 78% de las jóvenes de 17 años, y que 65% de las mujeres tienen un desorden alimenticio. Mientras más tiempo pasamos expuestas a los medios masivos, más probable es que éstos hayan tenido efecto en nuestro subconsciente, sin importar si conscientemente luchamos contra estas ideas. Cualquier mujer que me lea, sin importar cuán educada e independiente sea, conocerá perfectamente la vaga sensación de no ser suficiente que se tiene después de hojear una revista Cosmopolitan.

Si nuestro valor está definido principalmente por nuestra capacidad de lucir como modelos, no sólo esto nos desmotiva de generar cambios reales y hacer cosas con nuestras vidas, sino que además nos adhiere una etiqueta con fecha de caducidad: a partir de los 40 o 50 años, pasamos a una categoría inferior, más aún si nos negamos a conformarnos a los estándares de cirugías estéticas y botox reinantes.

Convertir a un ser humano en una cosa es casi siempre el primer paso para justificar la violencia contra esa persona. Jean Kilbourne

Si bien el documental está enfocado en Estados Unidos, en el resto del mundo éstos son, también, los medios que consumimos: Universal Studios, Fox, Warner. Sólo 20% de las historias que están siendo creadas en estos momentos tienen como sujeto a protagonistas femeninas (no mujeres que existen con el único objetivo de darle a los hombres algo que defender, alcanzar, o disputarse, no fighting fuck toys). Este fenómeno tiene un nombre: aniquilación simbólica, y si bien nos gusta pensar que desapareció con la revolución sexual, no es cierto: con probar el Test de Bechdel en cualquier tarde de zapping es más que suficiente.

La solución, por una parte, es que de una vez y por todas nos decidamos a contar nuestras propias historias. Sólo 7% de los directores de películas y 10% de los escritores de películas son de sexo femenino. Estamos consumiendo historias contadas por hombres, para hombres, porque en algún momento alguien nos convenció a todos de que las historias de hombres son las historias de la humanidad, mientras que las de las mujeres son chick flicks. Como dice Geena Davis en el documental:

Todo Hollywood está manejado bajo una presunción: Que las mujeres verán historias sobre hombres, pero que los hombres no verán historias sobre mujeres. Es una acusación horrible a nuestra sociedad que asumamos que una mitad de la población simplemente no está interesada en la otra mitad.

Por otra parte, como consumidores, la primera decisión que debemos tomar es con respecto a los medios que consumimos. Elijamos películas escritas por mujeres, dirigidas por mujeres; elijamos películas con personajes femeninos ricos, reales, auténticos, y dejemos de consumir contenido basura que retrate a las mujeres como objetos sexuales, vacíos, sin ningún objetivo o meta en la vida, sin personalidad de ninguna índole, que sólo existen para satisfacer las necesidades de los hombres.

En otras palabras, dejemos de ver Two and a half men.

Si tú y yo, cada vez que pasamos por un espejo, nos quejamos de nuestra apariencia, recordemos que una niña nos está mirando, y lo que ella está aprendiendo. – Gloria Steinem

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