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Quiet: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede parar de hablar

Quiet

Supongo que no soy la única persona que tiene épocas de lectura por géneros. Usualmente leo mucha narrativa, pero tengo ciertas fases en las que me da por el ensayo, y ninguna novela, ningún libro de cuentos me atrapa tanto como un buen texto de investigación. No deben sorprenderse entonces si les digo que Quiet es lo mejor que he leído en mucho tiempo.
Los introvertidos somos tratados usualmente como una minoría, como unos bichos raros en un mundo donde el ejemplo de lo deseable son las fiestas escandalosas, la música estridente, la gente que se mueve en grandes grupos y el estilo de predicador de autoayuda masiva. Sin embargo, Cain parte de un principio -con bases científicas- que es esencial tener en cuenta: alrededor de la mitad de la población mundial (de hecho, en algunos lugares como Islandia, hasta el 80%) se califican a sí mismos como introvertidos, y de hecho esta cifra ha ido en aumento a medida que el ideal de la extroversión se fue convirtiendo en el estándar de lo deseable a nivel mundial (un momento que Cain ubica con el boom de la publicidad y la filosofía de Dale Carnegie). La explicación más evidente es que a medida que las personas se ven más empujadas por la sociedad a ser extrovertidas (a que esto es “lo correcto”), su propio impulso de introversión les ha hecho sentir más y más culpables, defectuosos, erróneos. Una idea abrumadora si pensamos que la mitad de la población mundial encaja en este tipo de personalidad.

Vivimos con un sistema de valores que yo llamo el Ideal de Extroversión -la creencia omnipresente de que el yo ideal es gregario, alfa, y cómodo bajo los reflectores. El extrovertido arquetípico prefiere la acción a la contemplación, tomar riesgos en vez de prestar atención, la certeza antes que la duda. Favorece las decisiones rápidas, incluso a riesgo de equivocarse. Trabaja bien en equipo y socializa en grupos. Nos gusta pensar que valoramos la individualidad, pero demasiado a menudo admiramos a un tipo de individuo -el tipo que se encuentra cómodo exponiéndose a sí mismo.

Quiet es, al mismo tiempo, un ensayo basado en una extensa y profunda investigación científica, y un canto a la autoaceptación. Es mucho más probable que logremos una vida exitosa y feliz, nos dice Cain, si dedicamos tiempo a comprender cómo somos y cuáles son nuestras necesidades, a comprender, por ejemplo, que una persona introvertida probablemente se agota en la interacción social y necesita tiempo a solas para “recargarse”, mientras que una persona extrovertida funciona de la manera opuesta, obteniendo energía de las personas que la rodean. ¿Cuántas relaciones de pareja, familiares, laborales no se beneficiarían de este análisis?
Por otra parte, un descubrimiento que resonó particularmente en mi mente fue el comprender la vinculación entre la introversión y la sensibilidad al estímulo. Cain dice:

Muchos introvertidos son también “altamente sensibles”, lo que suena poético, pero de hecho es un término técnico en psicología. Si eres del tipo sensible, eres más apto que la persona promedio para sentirte placenteramente abrumado por la “Sonata a la luz de la luna” de Beethoven, o una frase bien escrita o un acto de bondad extraordinaria. Puedes ser más rápido que otros para sentirte enfermo por la violencia y la fealdad, y probablemente tienes una conciencia muy fuerte. Cuando eras un niño, probablemente te llamaban “tímido”, y hasta este día, te sientes nervioso cuando estás siendo evaluado, por ejemplo, cuando das un discurso o en una primera cita.

En una explicación más extensa, aclara que las personas altamente sensibles pueden verse afectadas o sobreestimuladas por los ruidos fuertes, los cambios en la luz, y en general los estímulos intensos (y además, que esta intensidad no significa lo mismo para todo el mundo). Quizás no sea algo que uno vaya por la vida explicándole a los demás, pero me habría sido tan útil simplemente saberlo antes, al menos para comprenderme a mí misma y sonreír en silencio a las personas que no entienden por qué las luces fuertes, los sonidos altos, la gente que grita y las películas violentas me aturden más allá de lo tolerable. No hay que ir por la vida con un cartelito, pero saber que uno no es un bicho raro resulta muy útil.
Aunado a esto, y partiendo de los innumerables experimentos psicológicos y sociológicos expuestos por Cain en Quiet, el libro proporciona herramientas para comprender cómo enfrentar las circunstancias en las que nos sentimos incómodos, expuestos o frágiles, para comprender cómo tratarnos a nosotros mismos cuando necesitamos recuperarnos de esa sobreexposición, e incluso para aprender a balancear nuestra introversión con una dosis de extroversión en los casos necesarios. Resulta, por ejemplo, que las personas introvertidas pueden dejar de lado este rasgo de personalidad cuando están trabajando en algo que les apasiona profundamente -y de ahí, según, que a menudo no nos crean cuando explicamos que realmente somos introvertidos y que estamos al borde del pánico ahí donde nos ven-.
El poder de la introversión, dice Cain, es la callada persistencia. Si la causa es justa y pones tu corazón en ella, atraerás gente que quiere compartir tu causa. No se requiere carisma, o la capacidad de ser el alma de la fiesta: los introvertidos construimos relaciones una a una, de una manera profunda y dedicada, y en esa dedicación, en el análisis que le dedicamos a cada cosa, en esa profunda atención a los detalles está nuestra fortaleza.

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4 thoughts on “Quiet: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede parar de hablar

  1. Maria Isabel Patiño dice:

    Hola! Recién encontré tu blog, me gusta mucho. Sobre este post, quería compartir que trabajo en una escuela, y hemos discutido este libro porque lo que propone Cain tiene implicaciones importantes en educación. Muchos maestros imponen su estilo particular en el salón de clases: es típico ver maestros extrovertidos frustrados porque no saben cómo hacer que sus alumnos introvertidos “salgan del cascarón”. Estos mismos maestros rara vez se plantean si las actividades que proponen, o incluso las estrategias de evaluación, ofrecen las mismas oportunidades de éxito a todos sus alumnos, sean extrovertidos o introvertidos. El tema da para mucho y, aunque no me parece que el libro de Cain sea demasiado “groundbreaking”, me parece positivo que haya puesto el tema en el tapete y que ha ayudado a crear consciencia sobre la introversión como un estilo y no como un defecto o una patología.

    • mariannediaz dice:

      Gracias, María Isabel! Qué importante sería eso, que el modelo educativo permitiera que los niños se formaran con maestros que comprendieran las diferencias de personalidad y no intentaran forzarlos en moldes que no les corresponden. Qué bueno, de verdad, que discutan el tema entre profesionales del área. Saludos.

  2. Víctor Lara dice:

    “Saber que uno no es un bicho raro resulta muy útil” Pues sí, habría que escribir un libro con este título. Me voy al tutorial de hacer un eBook a ver.

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