enlazar es bueno, Serendipity

Serendipity: 12/04/2014

Fotografía de Vainsang en Flickr, bajo Licencia CC BY-NC-ND 2.0

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the movies

[Un documental] Las historias que contamos

storiesdentro

Stories We Tell
Documental
Año: 2012
108 minutos
Directora: Sarah Polley

La actriz y cineasta Sarah Polley (Mi vida sin mí, Las vidas posibles de Mr. Nobody) viene de una extensa familia, compuesta por actores, escritores, dramaturgos: gente que cuenta historias para vivir y porque es lo que sabe hacer mejor. Sarah, en la búsqueda de algo que no parece estar muy segura de qué es, se lanza a la elaboración de este documental, con el que -dice- pretende explorar cómo las personas contamos nuestras vidas, cómo construimos, reelaboramos el pasado en las versiones que recordamos y que luego, seleccionamos y representamos para otros a través de la narración.

En torno a la figura pivotal de su madre -una extrovertida, vivaz actriz de teatro que falleció cuando Sarah era pequeña-, hace desfilar frente a la cámara a una enorme concurrencia, extendiéndose desde el centro más íntimo de la vida familiar -su padre, sus hermanos-, en círculos concéntricos cada vez más amplios hasta llegar a los amigos de su madre, personas que compartieron las tablas con ella, personas que conocieron los eventos apenas de manera periférica, de oídas. Entre tantas versiones posibles, la verdad se torna escurridiza por instantes, un juego de sombras chinescas que se ocultan unas a otras, desdibujándose. Las historias sólo pueden elaborarse a posteriori, luego de que has salido del vértigo y la bruma de estar en el centro de los eventos, le dice el actor y escritor Michael Polley a su hija:

Cuando estás en el medio de una historia, no es una historia en absoluto sino más bien una confusión, un oscuro rugido, una ceguera, restos de vidrios rotos y madera astillada, como una casa en un torbellino, o bien un barco aplastado por icebergs o barrido por rápidos, y todos a bordo están impotentes para detenerlo. Es sólo después cuando se convierte en algo parecido a una historia, cuando te la cuentas a ti mismo o a alguien más.

A pesar de que Sarah evita ponerse bajo el foco en este documental, incluso aparecer en cámara -casi la totalidad de sus apariciones son apenas el hilo tenue de su voz colándose detrás del lente-, éste resulta siendo una exploración minuciosa, casi una disección, de un momento crucial de su vida; el momento en el que encuentra aquello que, aparentemente sin saberlo, estaba buscando: una verdad oculta sobre su madre, sobre su familia y en última instancia sobre sí misma.

“Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz lo es a su manera”, dijo Tólstoi. Stories we tell es el ejemplo perfecto: La familia de Sarah Polley es dichosa y desdichada, luminosa y oscura, y por esa razón constituye, a un tiempo, un relato único, irrepetible de una vida cautivante, y un espejo en cuyo fondo reflejar nuestras propias almas.

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52libros, los libros me devoran, ratón de librería

Quiet: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede parar de hablar

Quiet

Supongo que no soy la única persona que tiene épocas de lectura por géneros. Usualmente leo mucha narrativa, pero tengo ciertas fases en las que me da por el ensayo, y ninguna novela, ningún libro de cuentos me atrapa tanto como un buen texto de investigación. No deben sorprenderse entonces si les digo que Quiet es lo mejor que he leído en mucho tiempo.
Los introvertidos somos tratados usualmente como una minoría, como unos bichos raros en un mundo donde el ejemplo de lo deseable son las fiestas escandalosas, la música estridente, la gente que se mueve en grandes grupos y el estilo de predicador de autoayuda masiva. Sin embargo, Cain parte de un principio -con bases científicas- que es esencial tener en cuenta: alrededor de la mitad de la población mundial (de hecho, en algunos lugares como Islandia, hasta el 80%) se califican a sí mismos como introvertidos, y de hecho esta cifra ha ido en aumento a medida que el ideal de la extroversión se fue convirtiendo en el estándar de lo deseable a nivel mundial (un momento que Cain ubica con el boom de la publicidad y la filosofía de Dale Carnegie). La explicación más evidente es que a medida que las personas se ven más empujadas por la sociedad a ser extrovertidas (a que esto es “lo correcto”), su propio impulso de introversión les ha hecho sentir más y más culpables, defectuosos, erróneos. Una idea abrumadora si pensamos que la mitad de la población mundial encaja en este tipo de personalidad.

Vivimos con un sistema de valores que yo llamo el Ideal de Extroversión -la creencia omnipresente de que el yo ideal es gregario, alfa, y cómodo bajo los reflectores. El extrovertido arquetípico prefiere la acción a la contemplación, tomar riesgos en vez de prestar atención, la certeza antes que la duda. Favorece las decisiones rápidas, incluso a riesgo de equivocarse. Trabaja bien en equipo y socializa en grupos. Nos gusta pensar que valoramos la individualidad, pero demasiado a menudo admiramos a un tipo de individuo -el tipo que se encuentra cómodo exponiéndose a sí mismo.

Quiet es, al mismo tiempo, un ensayo basado en una extensa y profunda investigación científica, y un canto a la autoaceptación. Es mucho más probable que logremos una vida exitosa y feliz, nos dice Cain, si dedicamos tiempo a comprender cómo somos y cuáles son nuestras necesidades, a comprender, por ejemplo, que una persona introvertida probablemente se agota en la interacción social y necesita tiempo a solas para “recargarse”, mientras que una persona extrovertida funciona de la manera opuesta, obteniendo energía de las personas que la rodean. ¿Cuántas relaciones de pareja, familiares, laborales no se beneficiarían de este análisis?
Por otra parte, un descubrimiento que resonó particularmente en mi mente fue el comprender la vinculación entre la introversión y la sensibilidad al estímulo. Cain dice:

Muchos introvertidos son también “altamente sensibles”, lo que suena poético, pero de hecho es un término técnico en psicología. Si eres del tipo sensible, eres más apto que la persona promedio para sentirte placenteramente abrumado por la “Sonata a la luz de la luna” de Beethoven, o una frase bien escrita o un acto de bondad extraordinaria. Puedes ser más rápido que otros para sentirte enfermo por la violencia y la fealdad, y probablemente tienes una conciencia muy fuerte. Cuando eras un niño, probablemente te llamaban “tímido”, y hasta este día, te sientes nervioso cuando estás siendo evaluado, por ejemplo, cuando das un discurso o en una primera cita.

En una explicación más extensa, aclara que las personas altamente sensibles pueden verse afectadas o sobreestimuladas por los ruidos fuertes, los cambios en la luz, y en general los estímulos intensos (y además, que esta intensidad no significa lo mismo para todo el mundo). Quizás no sea algo que uno vaya por la vida explicándole a los demás, pero me habría sido tan útil simplemente saberlo antes, al menos para comprenderme a mí misma y sonreír en silencio a las personas que no entienden por qué las luces fuertes, los sonidos altos, la gente que grita y las películas violentas me aturden más allá de lo tolerable. No hay que ir por la vida con un cartelito, pero saber que uno no es un bicho raro resulta muy útil.
Aunado a esto, y partiendo de los innumerables experimentos psicológicos y sociológicos expuestos por Cain en Quiet, el libro proporciona herramientas para comprender cómo enfrentar las circunstancias en las que nos sentimos incómodos, expuestos o frágiles, para comprender cómo tratarnos a nosotros mismos cuando necesitamos recuperarnos de esa sobreexposición, e incluso para aprender a balancear nuestra introversión con una dosis de extroversión en los casos necesarios. Resulta, por ejemplo, que las personas introvertidas pueden dejar de lado este rasgo de personalidad cuando están trabajando en algo que les apasiona profundamente -y de ahí, según, que a menudo no nos crean cuando explicamos que realmente somos introvertidos y que estamos al borde del pánico ahí donde nos ven-.
El poder de la introversión, dice Cain, es la callada persistencia. Si la causa es justa y pones tu corazón en ella, atraerás gente que quiere compartir tu causa. No se requiere carisma, o la capacidad de ser el alma de la fiesta: los introvertidos construimos relaciones una a una, de una manera profunda y dedicada, y en esa dedicación, en el análisis que le dedicamos a cada cosa, en esa profunda atención a los detalles está nuestra fortaleza.

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Foto de LadyGeekTV, bajo Licencia CC BY-NC 2.0
Activismo, geek es sexy, hablando seriamente, opinología

Sobre ser una nerd y una chica, y conocer tu camino en la vida

Foto de LadyGeekTV, bajo Licencia CC BY-NC 2.0

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Tendría quizás doce o trece años cuando mi hermana mayor me enseñó a usar una computadora. Aprendí a mover un ratón usando MS Paint, y cuando tenía quince años hice mi primera “página Web” en Geocities, terriblemente fea y llena de gifs animados como eran las páginas de Geocities, y al mismo tiempo, mi primera aproximación para entender cómo funcionaba una página web, cómo funcionaban HTML y PHP en ese momento. En 2006, a los veintiún años de edad, creé mi primer blog en Blogspot, uno que pasaría por varias encarnaciones para llegar a su versión actual, pero que siempre conservó el mismo nombre: La vida no trae instrucciones . Creado como una manera de tratar de explicarme el mundo a mí mismo a medida que lo iba descubriendo, este blog se ha convertido en el lugar donde descubrí quién era yo, donde hice amistades improbables en todo el mundo que subsistirían aún más fuertes que las de mi adolescencia o infancia, y también el cajón de arena en el que saqué a pasear mis ideas impopulares sobre los libros, las leyes y el funcionamiento del mundo. Sería también el lugar donde me encontraría con un desfile interminable de trolls y haters, personas que tratan de ganar las discusiones recurriendo a ataques personales, y donde mi piel empezó a hacerse más gruesa con cada nuevo comentario de odio que me ha tocado leer.

Creo que fui muy afortunada de aprender temprano en mi vida el inmenso potencial de creación que Internet pone a disposición, algo que me fascina y me ha llevado a explorar áreas que no están cerca de mi campo de estudio y trabajo (la ley) . Las cosas increíbles que se pueden crear aparentemente de la nada, simplemente escribiendo algunas instrucciones en un idioma extranjero y haciendo que una computadora las obedezca, son extraordinarias. Sin embargo, también aprendí pronto que la Internet puede ser un lugar oscuro para ser mujer , sobre todo si eres joven y vulnerable (lo que no necesariamente va siempre de la mano con el hecho de ser mujer, a veces es sólo una parte de tu personalidad , como es mi caso) y es fácil verse herido por alguien que te dice que no perteneces a un lugar, que no eres capaz de hacer algo: es fácil herirte, porque apenas estás descubriendo quién eres y cuál es tu lugar en el mundo.
Para un nerd de corazón, esa identidad -la que conforman las cosas que amas-, puede ser más central, más fuerte, que la identidad de género, que suele consistir en elementos altamente externos heredados de la sociedad. En consecuencia, es muy duro – para alguien que ama los libros, la tecnología, la ciencia, la literatura – tener que escuchar-de muchas maneras diferentes, algunas más ofensivas que otras-, que ser nerd y ser una niña son cosas incompatibles, y que ya que no puedes cambiar el hecho de haber nacido niña, ser nerd te está negado por la naturaleza.

Han pasado los años, y hoy en día hay grandes campañas para hacer que la gente entienda que el género no necesariamente limita tus intereses. Sin embargo, el hecho de que estas campañas existan (y el hecho de que no existían hace quince años, cuando la gente de mi edad empezó a hacer contacto con la web y a crear su identidad) dice más acerca del problema que de la solución.
Después de que mi piel se endureció un poco, lo suficiente, en varios puestos de trabajo de los que me gustaron algunas cosas y otras no tanto, me encontré de frente con la dura realidad de que no soy una persona normal. No nací para pasar ocho horas al día, cinco días a la semana en una oficina, o para recibir un cheque de pago quincenal; no soy el tipo de persona que puede hacer el mismo trabajo día tras día sin aburrirse allá de los límites tolerables. Necesito aire, luz, tiempo y espacio , necesito un lugar para hacer cosas distintas y jugar, aprender, innovar, crear diferentes proyectos al mismo tiempo, pasar de un tema a otro. Es la única manera en la que puedo fluir con normalidad.

Me dije a mí misma: lo normal está sobrevalorado, y me acepté como soy.

Hace diez meses que dejé mi trabajo, mi trabajo normal, de quince y último, de gerente en una empresa del Estado. Ya no tengo una respuesta estándar para darle a la gente cuando me preguntan cómo me gano la vida (como abogada, doy consultoría sobre licencias alternativas; traduzco documentos legales del Inglés al español, diagramo ePubs, partiendo de mi conocimiento autodidacta de XHTML, estudio programación en C, derechos de autor y francés en cursos a distancia; dicto clases de la escritura creativa y sobre acceso a la información y libertad de expresión, leo todo lo que puedo, y entre una cosa y otra hago activismo: lo que más me fascina es precisamente lo que no me da dinero). Eso es la más difícil (“¿qué haces para ganarte la vida?” me pregunta la gente, y a veces me da flojera explicar todo esto, explicar que gano estrictamente lo necesario para sobrevivir y que todavía me dé tiempo para leer, para llenarme de historias, para aprender cosas nuevas y tratar de trabajar en mi novela; explicar que para mí, “trabajo” ya no es sólo la forma en que me gano la vida, que hago muchas cosas, algunas me dan dinero y otras no, y eso es todo). El resto del tiempo, esta es una de las cosas que me dan vueltas en la cabeza:
¿Qué pasaría si pudiéramos hacer que todas las mujeres, todas las niñas, tengan acceso al inmenso potencial creativo de la tecnología?
¿Qué pasaría si todo el mundo pudiera acceder a estas herramientas, sin tener miedo de ser quienes realmente son, de amar las cosas que aman; si todo el mundo pudiera utilizarlos para desarrollar las ideas que tienen en su cabeza, para crear, para construir, para conectar con otros?

¿Cómo podemos hacer de Internet un lugar seguro para las niñas y las mujeres de todo el mundo, un lugar en el que puedan desarrollar sus habilidades sin miedo, sin ser atacadas, sin ser vulnerables?

Yo creo que todos tenemos diferentes respuestas para esto, y tal vez la respuesta real sea el resultado de la construcción colectiva resultante de sumar todas esas respuestas. Mi respuesta a esto es la educación. Creo que si le damos a todas las personas, especialmente las mujeres, las herramientas para hacerse cargo de su propia seguridad y no depender de nadie más, para estar seguras de que están preparadas y de que han tomado las medidas necesarias para garantizar que sus actividades en línea, su información, sus datos sensibles están protegidos, esta seguridad será la herramienta más poderosa para empoderarlas, para que puedan lograr construir cosas extraordinarias que ni siquiera podemos imaginar todavía.
Ese es el mundo que quiero ver, y ese es el mundo al que quiero contribuir. Es una respuesta difícil de resumir en una línea cuando me preguntan mi profesión, es verdad, pero es el camino que he elegido para mi vida, y les digo que saber cuál es tu camino en la vida es una experiencia increíblemente liberadora.

Escribí este post originalmente para la campaña Las Mujeres Tejen la Red , y esta entrada se puede leer en inglés ahí, o en mi blog de Medium.

 

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