cultura libre

Copiar, pegar, crear. Capítulo 3: El consumidor activo vs. el consumidor pasivo

A finales del año pasado comencé a escribir un libro, un intento de explicar mi filosofía personal con respecto a la “piratería” y la cultura libre. Por diversas razones, que aquellos que me leen de manera continua podrán imaginarse, este año fue uno especialmente complejo y ese proyecto quedó en pausa. Lo retomo hoy con el tercer capítulo, que pueden leer a continuación.
Si están llegando aquí hoy por primera vez, pueden empezar por el capítulo 1: Cultura libre, elementos para una definición.

Capítulo 3. El consumidor activo (prosumidor) vs. El consumidor pasivo.

Documento-1-página1Hace décadas, Julio Cortázar realizó una distinción (desafortunada en términos lingüísticos, por los cuales luego pediría disculpas) entre el “lector hembra” y el “lector macho” ((Del lector hembra al lector en red: https://latintainvisible.wordpress.com/2013/06/17/del-lector-hembra-al-lector-en-red/)), o, para salvarnos de la desagradable asociación, entre el lector “pasivo” (aquel consumidor de contenidos culturales que quiere que le den la historia completa y resuelta, el que prefiere los finales cerrados y de ser posibles, felices) y el lector “activo”, al que él esperaba abordar con libros como “Rayuela”: un consumidor que no temía a involucrarse con el texto, a re-construirlo, a participar de su elaboración, convirtiéndose, en suma, en autor él mismo.

Esto, por supuesto, a estas alturas ya no es nada nuevo: ahora se le llama prosumer, un acrónimo formado por las palabras producer y consumer, productor y consumidor. En el mundo digital, donde todos somos consumidores de contenidos, al mismo tiempo todos somos productores, elaborando y reelaborando los contenidos recibidos, creando nuevos productos culturales (tweets, blogs, videos de YouTube, fotografías) y contribuyendo de este modo a la construcción de la cultura colectiva.

La cultura del remix, de la reelaboración de contenidos culturales, sin embargo no es nueva. Lawrence Lessig, en su libro Remix ((Lessig, Lawrence. Remix: Making Art and Commerce Thrive in the Hybrid Economy: https://archive.org/details/LawrenceLessigRemix)), nos habla de las sociedades de Sólo Lectura (Read-Write) y de Lectura/Escritura (Read-Only). En éstas últimas, el consumidor únicamente consume, esto es, la información o los productos son proveídos por la industria cultural, y el público sólo “recibe” aquello que le es dado. En la cultura de Lectura/Escritura, en cambio, la relación es recíproca, y éste fue el estándar de la sociedad hasta el momento de la creación del sistema “tradicional” de propiedad intelectual. En algunos grupos, no obstante, y a pesar de las restricciones impuestas por el copyright, la cultura del remix sigue impregnando todas las interacciones sociales: El hip-hop ha sido un ejemplo clásico de la cultura del remix, y ahora la web 2.0 lo es también.

Documentales como RiP! A Remix Manifesto o la serie Everything is a Remix han profundizado mucho más en la cultura del remix de lo que considero necesario hacerlo en este capítulo. Marcus Boon, en su libro In Praise of Copying ((Boon, Marcus: In Praise of Copying. Harvard University Press. http://www.hup.harvard.edu/features/boon/)), nos dice que

Existe una larga historia de apropiación en las artes. Tomar algunas líneas de la composición de un autor, copiar una imagen o una melodía y usarla en tu propio trabajo: tales actos de cita o directamente de robo formaron las bases del arte antes del Romanticismo -el extensivo uso por parte de Shakespeare de las tramas y textos de otros dramaturgos, por ejemplo.

Estos actos de “robo”, nos dice Boon (esto es, de reclamar como propio algo que es ajeno) no sólo son esenciales a la construcción colectiva de la cultura, sino que permean todos los aspectos de la historia humana. Por otra parte, la forma que tenemos los seres humanos de relacionarnos con los contenidos culturales es, naturalmente, un acto de apropiación: cuando cantamos una canción pop, lloramos con una película o nos abandonamos en el universo de una novela, el proceso de identificación que permite que nos involucremos en la pieza de arte que otra persona ha creado no es más que una forma de decir: “esta persona encontró una manera de expresar esto que he sentido y que no he podido expresar”, y por ende, asumimos esa expresión como propia, nos adueñamos de ella y nos molestamos con los creadores de nuestras series favoritas si deciden matar a nuestro personaje preferido o llevar la historia en una dirección que nos decepciona.

La tecnología actual, la misma que nos permite hacernos fanáticos desde Caracas de una serie que se transmite en el Reino Unido, nos facilita también la posibilidad de sortear las prohibiciones que intentan convertir nuestra cultura en una de Sólo Escritura. Si, involucrados hasta el límite de la apropiación, necesitamos saber qué sucede en el siguiente capítulo, y la industria no nos concede facilidades para pagar por ello, eso no va a impedir que nos enteremos. Eliminar la piratería, como señalara sabiamente Kim Dotcom ((Kim Dotcom, en su cuenta en Twitter: https://twitter.com/KimDotcom/status/288199968932630528)), puede hacerse en cinco fáciles pasos:

1. Crear contenido genial
2. Hacerlo fácil de comprar
3. Liberarlo en todo el mundo el mismo día
4. Precio justo
5. Que funcione en cualquier dispositivo

La gran mayoría de la industria, no obstante, no está interesada en ello, sino que en vez de adaptarse a la evolución del mercado ha elegido criminalizar a sus consumidores, intentando adaptarlos a ellos a un modelo de negocio obsoleto. Les resulta más cómodo pretender que el consumidor siga siendo pasivo, asegurándose así de que éste recibirá aquello que la industria decida ofrecerle, en vez de involucrarse activamente con su consumo de cultura y decidir buscar el contenido que realmente desea. Pero esperar que el espectador del siglo XXI se quedará sentado frente al televisor a mirar el programa que estén pasando a esa hora, es una alucinación. El prosumidor elige qué desea ver, qué desea escuchar, qué desea leer y lo busca activamente, y si aquellos a quienes corresponde facilitar los mecanismos de distribución han decidido, en cambio, que el capítulo de su serie favorita se transmite en Estados Unidos hoy, pero en Latinoamérica dentro de tres semanas, al prosumidor no le va a parecer lógico tener que esperar todo ese tiempo a que el canal de televisión a quien se ha sindicado el programa en su país lo transmita, posiblemente en un horario que no le conviene.

Quizás sea buena idea para la industria tener en mente que la misma tecnología que facilita al prosumidor hacerse de los contenidos que desea consumir, también podría servirle para facilitar una relación más fluida, más efectiva y menos beligerante con su audiencia. De lo contrario, los modelos de negocio alternativo que ya tienen tiempo surgiendo y siendo puestos a prueba, terminarán por comerse aquellos mercados que insistan en aferrarse a su obsolescencia.

El próximo capítulo se tratará sobre los modelos de negocio tradicionales y por qué éstos no están al servicio de los creadores.
Anuncios
Estándar

One thought on “Copiar, pegar, crear. Capítulo 3: El consumidor activo vs. el consumidor pasivo

  1. el viejo dice:

    Bien, he leído los tres capítulos y en realidad me han agradado, felicitaciones. Aunque mi idea sobre la propiedad es un tanto mas radical (La propiedad es el robo), me he acostumbrado a aceptar que vivo en un mundo de “capitalismo Darwiniano”, y a jugar con las cartas que me han tocado. Como no poseo la capacidad de síntesis para expresar de forma escueta mis ideas,trataré de hacerlo comentando los cinco fáciles pasos de Kim Dotcom.
    1) Crear contenido genial: bueno esto es muy restrictivo, ya que la GRAN Mayoría, no somos genios, es mas, a muchos no se nos cae una idea,entonces solo crearían contenido apto unos pocos, MUY POCOS, y el resto seríamos “consumidores pasivos.
    2)Hacerlo fácil de comprar: si claro, solo que la idea es “si gano lo mismo haciendo 100 que haciendo 1000, para que hacer 1000? “.
    3)Liberarlo en todo el mundo el mismo día: El capitalismo funciona sobre la base de que entregues algo (generalmente dinero) a cambio de que puedas satisfacer una necesidad (real o ficticia), o un deseo. Por lo que si lo liberan solo en un lugar, cuanto mas esperes, mas lo desearas y por ende con mas gusto pagarás por ello.
    4)Precio justo: Es que para los que lo editan (comercian) “eso es lo justo”.
    5) Que funcione en cualquier dispositivo: Esto es posible que funcione de la peor manera ya que “(y esto seguramente lo sabes)” el tío BILL esta presionando a la industria para que incorporen un sistema de “arranque seguro”, que a la larga “seguramente” solo dejara arrancar el “sistema de las ventanitas” , por lo que cualquier dispositivo será lo mismo.
    Bien dicho esto, solo me queda esperar, para disfrutar el próximo capitulo de tu libro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s