ficciones y aflicciones, hablando seriamente, odios diversos, opinología

La máscara falsa del fracaso: el síndrome del impostor

En los últimos meses, muchas mujeres a las que sigo (mujeres exitosas, admirables, brillantes y llenas de logros) han mencionado o escrito sobre el síndrome del impostor. No sé si es una epidemia. Dicen que afecta más a las mujeres que a los hombres; no sé si sea cierto, pero es un riesgo silente que nos hace autodiscriminarnos, renunciar a cosas que nos merecemos, valorarnos menos y marginalizarnos. Sheryl Sandberg dice:

Fotografía de Gabriela Ferreira, bajo licencia CC BY-SA 2.0

El síndrome del impostor es cuando nos sentimos como fraudes. No sentimos que nos hemos ganado nuestro éxito. Salimos bien en una prueba y es que tuvimos suerte. O hacemos algo bien, y es porque alguien nos ayudó.

A pesar de que se le asocia especialmente con el mundo académico (y sobre este campo versan la mayoría de los artículos y estudios que he leído al respecto), tal parece que quienes queremos escribir, al menos, sufrimos de una suerte de síndrome de impostor perenne, y también me da la impresión que se extiende a cualquier oficio artístico. No está reconocido como una enfermedad mental; es simplemente la incapacidad de internalizar los logros. Si ganamos un premio, fue casualidad. Si nos halagan una cualidad, lo hacen por ser amables (y en cualquier momento se darán cuenta de que nos confundieron con otra persona).

Hay ejercicios para combatir el síndrome del impostor, pero en lo personal, el solo hecho de saber que era “una cosa”, es decir, que los demás podían sufrir de esa sensación, ayuda a pensar que quizás, sólo quizás, la idea perenne de que somos un fraude y de que en cualquier momento nos van a desenmascarar sea eso, un problema de percepción y no una realidad, y quizás, sólo quizás, nos ayude a superarlo, o al menos a convivir con eso y seguir adelante. Ése es el primer tip: aprender que no se está solo, y que otras personas también lo sufren. Luego, aprender a no rechazar cumplidos y hacer una lista de las cosas que hacemos bien son los siguientes pasos en el “tratamiento”.

En la lista de enlaces de abajo hay diferentes recomendaciones y artículos de otras personas que han escrito sobre esto.

Me gustaría que si alguna vez te has sentido un impostor, me lo dijeras en los comentarios: ya sabes, para sentirme menos sola.

  • Síndrome del impostor en Wikipedia
  • El síndrome del impostor, por Joana Bonet
  • Cómo combatir el síndrome del impostor
  • Cómo sobrellevar el síndrome de impostor
  • Overcoming Impostor Syndrome
  • Ada Initiative: Impostor Syndrome Training
  • Anuncios
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    8 thoughts on “La máscara falsa del fracaso: el síndrome del impostor

    1. Aglaia Berlutti dice:

      Me siento constantemente un impostor y es una sensación amarga. En ocasiones sofocante. Siempre dolorosa. Si alguien compra una de mis fotografías pienso de inmediato: “Seguro lo hizo para llenar un espacio” o “¿por qué lo hizo si mi fotografía ( lo que sea que puedas incluir aquí )”. Si recibo un halago por un cuento, ensayo, artículo, pienso en los cientos de errores que le achaco y más aún, en lo insegura que me siento. De hecho, más de una vez he pensado: “que verguenza publicar algo así”.

      ¡Ni te imaginas lo aliviada que me siento de leer este artículo Marianne!

      • Marianne Díaz Hernández dice:

        Gracias, Aglaia. Me identifico completamente con los pensamientos que citas, es exactamente así. Y como digo en el post, sólo saber que otras personas exitosas, talentosas, de cuyo éxito no dudo, como tú, sufren lo mismo, ayuda muchísimo en la lucha con manejar estos pensamientos.

    2. gabriela santander dice:

      Me identifique mucho con tu post. a pesar que no trabajo en el área artística me ha pasado muchas veces. Mi mente se empeña en decir que fue un golpe de suerte y no que me lo gane por mi esfuerzo. En los últimos meses he trabajado mucho con esos fantasmas y poco a poco los voy alejando, gracias por escribir esto y compartirlo.

      • Marianne Díaz Hernández dice:

        Gracias a ti por comentar, Gabriela; es difícil incluso compartir que uno tiene estas cosas en la cabeza. Creo que ayuda, como le dije a Aglaia, saber que otras personas que sabes exitosas, pasan por lo mismo. Hay que recordarse constantemente todo el trabajo que nos han costado nuestros logros, que nos los merecemos y no son golpes de suerte.
        ¡Saludos!

    3. Gabriela dice:

      Creo que es parte de las contradicciones del ser humano: cuando triunfamos, es por razones ajenas a nuestro talento, y cuando nos va mal, es totalmente culpa nuestra. Está bien una dosis de humildad, pero está mal no aceptar que tenemos talentos que nos dan logros y satisfacciones. A eso le llamo vocación de quintopodismo, o sea, perder tiempo buscando la quinta pata del gato.

    4. Alexandra dice:

      Si es como lo describes, yo siento el impostor todo el tiempo, desde que naci. Mi esposo libra batallas contra mi por eso, yo le digo (y solo a el) en voz alta lo que pienso de mis “aciertos” y de inmediato intenta ponerme en mi lugar. Y a pesar de eso, tampoco le creo a él del todo :(. He leido que es algo muy femenino y dificil de combatir :(. En estos dias se me ocurrio escribir un diario en la noches, pues muchas veces llegan la 8:00pm y pienso que no hice un carajo y luego me pongo a revisar de memoria lo que hice en el dia y me doy cuenta que si logre muchas cosas, pero que mi negatividad me lleva a pensar que no hice nada. gracias por el articulo! Saber que el sindrome existe ciertamente ayuda mucho!

    5. Luisa dice:

      Soy una fracasada, fui la mejor en la universidad me dieron diplomas, gane concursos, fui una de las representantes de la universidad. pero ahora no soy nada, termine la universidad y no saque mi titulo, mis compañeros trabajan y ya tienen su titulo. NO ME siento ansiosa por sacar el mio pero debo hacerlo por cumplir supongo, para trabajar . Bueno No trabajo, No saque mi titulo, estoy encerrada en casa no me gusta salir prefiero quedarme en mi cuarto y dormir, siento que no me gusta mi carrera, me da miedo el hablar con personas y me pregunten que estudie.
      Decepcione a mis padres, nunca los había decepcionado, especialmente a mi madre , ella ha confiado en mi y como la decepcione lloro y me siento mal no se que hacer, salí a buscar trabajo y me cerraron las puertas(no se expresarme como lo hacia antes u.u), hay otros trabajos con mas nivel de mi carrera pero tengo miedo que lo malogre todo y que me tachen que soy una mediocre. Siempre miro el cielo y ruego que esto acabe. Hace una semana una amiga escribió un mensaje en mi correo y había una parte que decía que estaba celosa de mi(pensó que estaba trabajando en el extranjero en empresas exitosas y que ganaba mucho dinero u.u) soy falsa no valgo nada me quiero morir para que mi madre ya no sufra con mis desgracias asi ella ya no lloraría ni renegaría u.u quiero vender ropa en un puesto siquiera pero mi madre dice que estudiaste en la universidad para vender ropa? es que no entiende mi mamá que no soy capaz todos son mucho mejores que yo y prefiero vender ropa en un local para tener que comer siquiera. Antes tenia muchos sueños, metas y era muy independiente en hacer mis cosas, me gustaba ayudar a los demás cuando no comprendían alguna materia y siempre me decían, hay quisiera ser tú, tener tu inteligencia, tu habilidad, pero no me gustaba que me dijeran eso no se me sentía mal cuando me decían eso u.u . No pienso en el futuro menos en el presente.

    6. E Cazes dice:

      Como todo síndrome, es la unión de varios factores. Aislar un aspecto de la vida de las personas (el éxito o fracaso en una determinada área de su vida) permite hacer este tipo de cortes.
      La realidad es que la sensación de minusvalía suele acompañar a las personas en distintas áreas, y teñir toda la existencia. En ámbitos académicos o artísticos hay hechos concretos que refutan la sensación: premios, títulos, promociones. En otras áreas la sensación persiste, pero discutir su falsedad se hace mas difícil. ¿Como le demuestras a una madre que está haciendo bien su trabajo? ¿a un esposo, a un oficinista, a un programador?
      Lo común es que todos tengamos dudas de nuestra valía o de nuestro desempeño. Cuando esas dudas se hacen lo suficientemente fuertes como para paralizar a la persona (se rigidizan), ya estamos hablando de algo que necesita intervención (ayuda externa). Para eso se tipifican, y se nombran. No solo para darles nombre, sino para definir un patrón y planes de acción.
      En fin.
      Estas cosas pasan por falta de abuelas…

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