enlazar es bueno, Serendipity

Serendipity, 17/08/2013

Enlaces diversos para el fin de semana:

Foto de jdtornow, usada bajo Licencia CC BY 2.0

  • Por qué es tan malo Paulo Coelho: Héctor Abad Faciolince analiza los trucos usados por el exitoso autor para armar sus historias, y nos dice por qué piensa que no son literatura.
  • Si las princesas de Disney tuvieran Instagram (en inglés): Comiquísimo.
  • Bullet Journal: Esto me gustó mucho. Básicamente, es una técnica que alguien desarrolló para llevar una agenda/cuaderno (en formato árbol muerto), con símbolos para tareas, eventos y notas. Limpio y OCDish, como a mí me gustan las cosas. (Está en inglés).
  • Coffivity es un sitio web con ruido ambiental de cafetería, para ayudarte a concentrar en tu trabajo si el silencio no es lo tuyo y necesitas la cantidad justa de ruido. Tiene varias pistas de sonido, café a la hora del desayuno, cafetín universitario o restaurant a mediodía. Lo encontré en este artículo de Lifehacker que trae, además, otras opciones para ruidos de fondo que incrementan la productividad.
  • Siguiendo en la onda productiva, Chains es un sitio que sirve para hacer “cadenas” de hábitos (si recuerdan el método Jerry Seinfeld, entendrán rápido). Es visual, es bonito y simple, y trae recordatorios.
  • Luis von Ahn, el guatemalteco que equilibra el mundo”: Éste me lo mandó Gabriela, y me encantó: Von Ahn es el inventor de Captcha y reCaptcha, y también de una cosa genial para aprender idiomas llamada Duolingo. Es una persona interesantísima, y Orsai le hizo un gran perfil.
  • Amaryllis Fox da una bellísima charla TED donde habla acerca de cómo el instinto puede ser un valioso mecanismo para percibir lo que no podemos percibir con otros sentidos.
  • Austin Kleon, el autor de “Steal Like an Artist” da una charla en Creative Mornings acerca de su proceso creativo y acerca del futuro. Si no sabes quién es Austin Kleon, deberías visitar su blog y su tumblr: no vas a salir por horas.
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    cultura libre, enlazar es bueno, geek es sexy, Instantáneas cotidianas, odios diversos

    Creative Commons en Venezuela (y lamento valenciano)

    Lo que me estoy perdiendo: Vista de Buenos Aires y el Palacio Barolo, de noche por Beatrice Murch, CC BY

    A principios de año, comencé a hacer planes para asistir a la Cumbre Global de Creative Commons, a realizarse en Buenos Aires este año. Mi pasaporte estaba por vencer así que inicié trámites en el SAIME para renovarlo, cometiendo el error de aceptar el servicio de entrega a domicilio. El pasaporte estuvo listo, pero si me sigues en Twitter sabrás que tengo desde marzo siendo peloteada por el SAIME en todas sus instancias, porque la entrega a domicilio jamás ocurrió y a pesar de haber ido a pedir, llorar, exigir y suplicar que me lo entregaran, nadie sabía dónde estaba mi pasaporte.

    Me lo entregaron hace dos días, y siempre había estado en el mismo lugar.

    Por supuesto, a pesar de todos mis esfuerzos, perdí el viaje, ya que tenía que haber comprado el pasaje hace al menos dos meses e iniciar trámites con CADIVI para las divisas hace al menos un mes. Perdí el viaje y con ello, perdí la oportunidad de estar en la Cumbre y presentar mi ponencia.

    Como no tiene sentido llorar sobre la leche derramada (aunque sí que lloré), acá dejo la investigación que iba a presentar en la Cumbre, sobre la compatibilidad de las licencias Creative Commons con la legislación venezolana en materia de derecho de autor.

    Y nada. Seguiré la Cumbre como todos los demás, por el hashtag #CCSum.

    DescargaCompatibilidad de las licencias Creative Commons con la legislación venezolana en materia de derecho de autor (PDF)

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    ficciones y aflicciones, hablando seriamente, odios diversos, opinología

    La máscara falsa del fracaso: el síndrome del impostor

    En los últimos meses, muchas mujeres a las que sigo (mujeres exitosas, admirables, brillantes y llenas de logros) han mencionado o escrito sobre el síndrome del impostor. No sé si es una epidemia. Dicen que afecta más a las mujeres que a los hombres; no sé si sea cierto, pero es un riesgo silente que nos hace autodiscriminarnos, renunciar a cosas que nos merecemos, valorarnos menos y marginalizarnos. Sheryl Sandberg dice:

    Fotografía de Gabriela Ferreira, bajo licencia CC BY-SA 2.0

    El síndrome del impostor es cuando nos sentimos como fraudes. No sentimos que nos hemos ganado nuestro éxito. Salimos bien en una prueba y es que tuvimos suerte. O hacemos algo bien, y es porque alguien nos ayudó.

    A pesar de que se le asocia especialmente con el mundo académico (y sobre este campo versan la mayoría de los artículos y estudios que he leído al respecto), tal parece que quienes queremos escribir, al menos, sufrimos de una suerte de síndrome de impostor perenne, y también me da la impresión que se extiende a cualquier oficio artístico. No está reconocido como una enfermedad mental; es simplemente la incapacidad de internalizar los logros. Si ganamos un premio, fue casualidad. Si nos halagan una cualidad, lo hacen por ser amables (y en cualquier momento se darán cuenta de que nos confundieron con otra persona).

    Hay ejercicios para combatir el síndrome del impostor, pero en lo personal, el solo hecho de saber que era “una cosa”, es decir, que los demás podían sufrir de esa sensación, ayuda a pensar que quizás, sólo quizás, la idea perenne de que somos un fraude y de que en cualquier momento nos van a desenmascarar sea eso, un problema de percepción y no una realidad, y quizás, sólo quizás, nos ayude a superarlo, o al menos a convivir con eso y seguir adelante. Ése es el primer tip: aprender que no se está solo, y que otras personas también lo sufren. Luego, aprender a no rechazar cumplidos y hacer una lista de las cosas que hacemos bien son los siguientes pasos en el “tratamiento”.

    En la lista de enlaces de abajo hay diferentes recomendaciones y artículos de otras personas que han escrito sobre esto.

    Me gustaría que si alguna vez te has sentido un impostor, me lo dijeras en los comentarios: ya sabes, para sentirme menos sola.

  • Síndrome del impostor en Wikipedia
  • El síndrome del impostor, por Joana Bonet
  • Cómo combatir el síndrome del impostor
  • Cómo sobrellevar el síndrome de impostor
  • Overcoming Impostor Syndrome
  • Ada Initiative: Impostor Syndrome Training
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    Serendipity

    Serendipity: 10/08/2013

    Algunas lecturas para el fin de semana:

    Foto de Kevin Dooley, usada bajo licencia CC BY 2.0

  • Letras en vuelo libre: Los nuevos novelistas latinoamericanos convierten sus vidas en ficción.
  • Es muy probable que estés desayunando mal.
  • I’m good. I’m really good. Damn I’m good
  • Cinco cosas que los padres deben dejar de decir a quienes no tienen hijos.
  • Taxidermia, el cuento de Fedosy Santaella ganador del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional este año.
  • What does it take to become an expert in anything?
  • Si mis libros encuentran lectores, eso implica que el mundo es caótico“: Entrevista con Haruki Murakami.
  • Además, les recuerdo que mi libro Departamento de objetos perdidos está disponible para descargar gratis en Amazon, hasta mañana domingo 11/08/2013.

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    52libros, los libros me devoran, ratón de librería

    Franzen y el precio de la libertad

    Tenía este libro pendiente en el estante (como muchos otros) desde hace bastante rato, y aunque suene mal, la verdad es que sus más de seiscientas páginas me intimidaban, ese lomo grueso, sólido que lo hace un libro difícil de arrojar contra la pared en caso de hastío, me miraba con hostilidad desde la biblioteca. Hasta que me decidí, convencida de que no podía andar por la vida con semejante laguna en mi conocimiento sobre la literatura contemporánea norteamericana, que ya anda bastante hecho colador.

    Alabada como la gran novela norteamericana del siglo XXI (afirmación bastante rimbombante, además, para un siglo que apenas comienza), Libertad constituye en efecto una de esas obras prestas a ser diseccionadas por el análisis literario, por el tema central que se nos anuncia, sin ningún interés de ocultarlo entre simbolismos, desde el mismo título: Ésta es una novela sobre la libertad, ese gran ideal de la sociedad estadounidense, y sobre el precio que estos personajes tendrán que pagar por las decisiones tomadas con esa absoluta libertad que les concede la vida.

    Un libro denso y con pretensiones de novela total, Libertad se destaca por la construcción minuciosa, sólida y vívida de sus personajes, que viven en la página con precisión casi cinematográfica, perfectamente construidos, creíbles hasta el último detalle y coherentes hasta en la más absurda de sus contradicciones internas. La historia de Patty, Walter y Richard nos atrapa, sin necesidad de que nos simpaticen en todo momento, a veces los odiamos, pero queremos saber qué ocurre con ellos. No obstante, para mi gusto personal, en el último tercio de la -larguísima- novela, la narrativa pierde brillo, se detiene en exceso en descripciones tediosas de pájaros, deforestación y temas políticos que, en mi opinión, a pesar de ser centrales a la historia, no logra entretejer lo suficiente con la acción para que resulte atrapante, y en algunos pasajes, ni siquiera legible. Igualmente, esa misma densidad que se vuelve insoportable en ciertas páginas (alrededor de la página quinientos, cuando uno ya tiene demasiado invertido en la novela para dejarlo por las buenas), se encuentra también salpicada por el resto de la historia, con ciertos toques de self-importance que quizás sean demasiado para un lector poco interesado en política.

    Si con Libertad Franzen se ha visto comparado con Dostoyevski y Flaubert, es, en definitiva, por su capacidad de retratar con delicadeza y detalle las pasiones, debilidades y vicios más profundos del alma humana, y de cierto modo, por construir a través de una historia en apariencia doméstica, un modelo a escala de los problemas más graves sociedad que retrata, una sociedad que aspira a la libertad perfecta, inclusive para cometer los peores errores.

    Libertad, de Jonathan Franzen
    Ediciones Salamandra
    Traducción: Isabel Ferrer
    Páginas: 672
    ISBN: 978-84-9838-397-3

    Una lectura recomendada sobre este libro: La libertad según Jonathan Franzen, en El país.

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