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Construir un partido tras la muerte de los partidos: Por qué ser pirata

La crisis de la democracia representativa y la política de partidos no es nueva. Hace ya décadas desde que los representantes de la democracia directa han comenzado a perder credibilidad y legitimidad. En América Latina, la corrupción y la opacidad en el manejo del Estado ha sido el origen de una larga inestabilidad que abarca casi toda nuestra historia contemporánea. Por otra parte, la democracia clásica ha devenido, en la mayoría de nuestros países, en un paternalismo de Estado casi enternecedor: el poder cumple las funciones de perpetuarse en sí mismo, y de “proteger” al ciudadano indefenso, tomando por él todas las decisiones y tratándole como a un débil, como a un niño al que hay que escogerle la comida que se le pone en el plato.

Foto de Didier Misson, usada bajo una licencia Creative Commons BY-NC 2.0


La carencia de estabilidad, la corrupción galopante, la debilidad de las instituciones y la distribución asimétrica de la riqueza (entendida ésta, no sólo como el dinero en sí mismo, sino como el resto de los bienes que de éste derivan, en especial los bienes del conocimiento) son las causas fundamentales de que la población haya perdido la fe en el sistema político y busque otras formas de organización social. Los partidos, como estructuras anquilosadas, cerradas, estáticas en las que se toman decisiones de manera vertical y opaca, están destinados a desaparecer. Es inevitable, entonces, que la tecnología juegue un rol esencial en la forma en que las sociedades viven y vivirán la política de ahora en adelante. Con el acceso a infinitas posibilidades para comunicarnos, compartir información y expresar nuestras opiniones, la democracia clásica se verá forzada a cambiar, incluso en contra de los deseos de quienes detentan el poder político en las estructuras tradicionales. La democracia líquida no está lejos de llegar, y las leyes y sistemas que buscan beneficiar a una pequeña cantidad de personas, empresas y corporaciones, deberán ser reformadas para asegurar una sociedad donde todos tengamos acceso a los avances de la ciencia, la tecnología, el arte, la música y la literatura, y más aún, donde todos tengamos el mismo acceso a la toma de decisiones.
En 2006, miembros del Movimiento Pirata en Suecia decidieron organizarse políticamente con la finalidad de introducir en la agenda pública sus temas de interés. Así nace el Piratpartiet, primero de más de treinta partidos piratas en todo el mundo, contando aquellos que están registrados legalmente como partido y aquellos que aún no. La ideología política del Partido Pirata puede resumirse en las siglas P2P (“peer-to-peer”, “de usuario a usuario” o “red entre iguales”): el sistema bajo el que funciona el protocolo de BitTorrent, núcleo de la existencia de The Pirate Bay, pero también, si lo interpretamos en el sentido más amplio, las siglas de “peer-to-peer”: de usuario a usuario, el centro de toda una filosofía para la multiplicación del conocimiento, de la información y de la cultura, apropiándonos y aprovechando las tecnologías a nuestro alcance para eliminar la escasez artificial. Bajo esta filosofía han nacido múltiples iniciativas, como la P2P University (un campus virtual en el que cualquier usuario puede impartir o tomar un curso gratuito sobre infinidad de temas), pero también, esta filosofía subyace al concepto de “democracia líquida”: en ésta, la sociedad es también una “red entre iguales”, donde el voto de cada ciudadano realmente tendría igual valor.
Los partidos piratas defienden que todo gobierno está al servicio de los individuos, y que la forma de renovar la democracia es a través de la transparencia, la discusión y la participación. El Estado existe para servir a la sociedad, y por ende, todo ciudadano debe tener acceso pleno a la información y al conocimiento, y en consecuencia, tener la posibilidad de tomar decisiones plenas e informadas sobre la sociedad en la que vive. Internet no puede, por sí misma, hacer una revolución, pero puede ser una herramienta de enorme potencial en la redistribución del poder real, y en efecto lo está siendo.
En el país más corrupto de América Latina, que al mismo tiempo es uno de los que poseen el acceso a Internet más lento y más caro del mundo, quienes creemos en las causas del Partido Pirata defendemos los principios de la democracia abierta y el libre acceso a la información, y creemos que nuestro país se beneficiaría de la obtención de avances en temas como el acceso a Internet, el conocimiento libre y la transparencia institucional.
La industria del copyright ha intentado etiquetarnos como “piratas” con la finalidad de hacernos ver como delincuentes, ladrones de bienes inmateriales, y por esta misma razón, los Movimientos Piratas del mundo entero han decidido apropiarse del nombre y liberarle de este peso negativo. El Partido Pirata de Australia lo explica de la siguiente manera:

“Nosotros, en el Partido Pirata, hemos decidido que si compartir el amor por la cultura, el conocimiento y la información con nuestros amigos y familia nos hace piratas, entonces eso es lo que somos y estamos orgullosos de ello. Hemos adoptado el mismo término que pretendía satanizar una generación entera por el impulso completamente natural de compartir sus descubrimientos con aquellos que los rodean. Hemos reclamado el nombre de “piratas” en la lucha por una democracia libre, abierta y renovada, y esperamos que te unas a nosotros”.

Para leer más sobre el tema:
En este blog: Copiar, pegar, crear: Por qué defiendo la piratería y creo que la cultura libre es una buena estrategia para los creadores.
En TalCual Digital: Partido Pirata, por Luis Carlos Díaz.
En el blog del Partido Pirata UK: What’s in a name?
El Partido Pirata de Venezuela en Twitter.

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2 thoughts on “Construir un partido tras la muerte de los partidos: Por qué ser pirata

  1. Julio César Henríquez Paz dice:

    Me causa gracia la conexión, que no termino de asir del todo, entre el partido pirata y el pastafarismo. Supongo que la imagen del pirata tiene un holograma en el subconsciente colectivo. Es la imagen del renegado que se opone al status quo, burlándose, además, de las acartonadas reglas mal disfrazadas de justas.

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