cultura libre, geek es sexy

Propiedad Intelectual y Escasez Artificial

Éste es el segundo capítulo de mi libro por entregas “Copiar, pegar, crear“.
Puedes leer el primer capítulo aquí: Cultura libre: elementos para una definición.

Propiedad Intelectual

Aunque la palabra copyright es traducida al español y otros idiomas mediante el más laxo, más adecuado término de derechos de autor, su origen y su sentido en realidad obedece a su formación semántica. Sin dolores de cabeza por los derechos morales, la integridad o la paternidad de la obra, el copy-right se preocupa especialmente de eso, de la copia, del derecho a copiar la obra o más específicamente, de la posibilidad de prohibir a otras personas la copia de la obra. Es por esto que, a pesar de que la creación artística e intelectual es tan antigua como la humanidad, el copyright surge con la creación de la imprenta, como una forma de garantizar el monopolio de los impresores sobre determinadas obras. En la mayoría de estos estatutos, se protege el derecho a copiar y a beneficiarse económicamente de las obras, mientras que sólo en algunos se contempla, además, el derecho a ser reconocido como su autor. La propiedad intelectual es, por tanto, un derecho de exclusión, el derecho de prohibir a otras personas que hagan uso (en principio, uso comercial) de una determinada pieza de creación.
Esta prerrogativa cuenta con ciertos matices dependiendo de la jurisdicción. Por ejemplo, a pesar de que la mayoría de los países de la Comunidad Andina contemplan entre sus prioridades en la materia la “lucha contra la piratería”, sólo Argentina y Paraguay poseen legislación específica en cuanto a las sanciones penales aplicables (Antonioli Delucchi). Por otra parte, muchos países contemplan el uso legítimo (fair use), que implica la posibilidad de copiar fragmentos de una obra, por ejemplo con usos académicos, mientras que otros no poseen disposiciones en este sentido ni contemplan figuras similares en su legislación ni en su jurisprudencia.
El copyright surge, entonces, como una forma de generar escasez sobre un bien que no es naturalmente escaso: mientras más se facilita la posibilidad de crear copias de una obra, con más fuerza surge la necesidad del copyright para sostener un modelo de negocio que requiere de la escasez.

La escasez artificial

El concepto de propiedad está intrínsecamente ligado al concepto de escasez: Se requiere una protección legal sobre la relación que existe entre un determinado bien y una determinada persona, porque ese bien es escaso y esta protección legal es la forma de excluir a otras personas del uso del mismo bien. Como nos dice Bouckaert (1990):

Se arguye que la escasez involucra una dimensión más allá de la mera distribución, cuando dos o más personas consideran un bien como el medio para la satisfacción de sus necesidades, y cuando el uso que de éste desean hacer es incompatible.

O lo que es lo mismo, lo que justifica la existencia del derecho de propiedad es “el hecho de que puede haber conflictos sobre ellos por parte de diversos actores humanos” (Kinsella, 2008). Cuando la forma en que yo uso un determinado bien entra en conflicto con la forma en que lo usa otro individuo, surge el derecho de propiedad. Continúa Bouckaert:
La escasez natural es la consecuencia de la relación entre el hombre y la naturaleza. La escasez es natural cuando es posible concebirla antes de cualquier arreglo humano, institucional o contractual. La escasez artificial, por otra parte, es el resultado de tales arreglos. La escasez artificial difícilmente puede servir como una justificación para el marco legal que ocasiona dicha escasez. Tal argumento sería completamente circular. Por el contrario, la escasez natural necesita en sí misma una justificación.
La diferencia, entonces, entre la propiedad clásica y la propiedad intelectual radica en la escasez del bien protegido. La propiedad clásica protege bienes materiales, tangibles, los que, precisamente por su tangibilidad, son naturalmente escasos. (Si viviéramos en el Edén y todos los bienes fueran infinitos, el derecho de propiedad no existiría). La propiedad intelectual, por otra parte, protege bienes intelectuales, esto es, formas de manifestación de las ideas, y las ideas no son escasas. Nos dice Kinsella:

Si invento una técnica para recolectar algodón, si alguien lo recolecta de esa manera no me quita la técnica. Todavía tengo mi técnica (y mi algodón). El uso del otro no excluye el mío: ambos podemos usar mi técnica para recolectar el algodón. No hay escasez económica ni posibilidad de conflicto acerca del uso de un recurso escaso. Por tanto, no hay necesidad de exclusividad.
Igualmente, si alguien copia un libro que yo escribí, yo seguiré teniendo el libro original (tangible) y también seguiré “teniendo” la secuencia de palabras que constituye el libro. Así pues, las obras de autor no son escasos en el mismo sentido que los son los terrenos o los coches. Si alguien se lleva mi coche, ya no lo tengo. Pero si “toma” el patrón-secuencia del libro y lo usa para hacer su propio libro físico, seguiré teniendo mi propia copia.

En el mismo patrón de ideas, señala Doctorow (2008):

[La propiedad intelectual] es también distinta de la propiedad en formas igualmente importantes: primero que todo, no es inherentemente “exclusiva”. Si traspasas mi terreno, puedo echarte fuera (excluirte de mi casa). Si robas mi auto, puedo recuperarlo (excluirte de mi auto). Pero una vez que conoces mi canción, una vez que lees mi libro, una vez que ves mi película, ésta abandona mi control. A falta de una ronda de terapia electroconvulsiva, no puedo hacer que dejes de saber las frases que acabas de leer allí.

La propiedad es inherentemente física, y las ideas no pueden ser controladas (naturalmente) por medios físicos, y en consecuencia, se necesita el control de otros objetos, acciones y personas para controlar las ideas. Tal como señala Krawisz (2009), un derecho de propiedad intelectual no es un derecho sobre un bien propio, sino un derecho sobre el uso de los bienes de todos los demás:

poseer el copyright de una canción o de un libro es tener un derecho de propiedad sobre todo el papel, las imprentas, las computadoras -incluso sobre todas las personas- en todas partes. El propietario puede evitar la copia o la representación pública de su trabajo por todos ellos. (…) La propiedad intelectual no se limita a sí misma a la gente y a la propiedad en un determinado pueblo o nación, o incluso el mundo entero. Puesto que la mayoría de la materia del universo podría ser utilizada para codificar una idea, la propiedad intelectual es un reclamo sobre el universo entero.

En consecuencia, puesto que la propiedad intelectual requiere causar una escasez artificial, recurre a una serie de mecanismos (desde leyes restrictivas hasta tecnología DRM, desde SOPA hasta el cierre de MegaUpload) para evitar la abundancia de bienes que ocasiona la facilidad de copia, consecuencia del avance natural de la tecnología. Nos dice que “no robarías un auto, No robarías una cartera. No robarías un televisor. No robarías una pelicula”, como si un auto pudiera descargarse por torrent, y olvidando que en el mundo digital, cada vez que hacemos uso de un archivo, estamos generando una copia; ignorando que no es natural sostener una prohibición que va en contra de la evolución natural de la tecnología y de la sociedad.

Lawrence Lessig, creador de Creative Commons, en una fascinante charla TED (2007), nos habla de cómo la generación actual ha recuperado la cultura del remix, gracias a la tecnología, y de cómo la propiedad intelectual insiste en ir contra la corriente de la evolución de la sociedad:

Es una tecnología que los ha hecho diferentes, y cuando vemos lo que esta tecnología puede hacer tenemos que reconocer que no se puede matar el instinto que la tecnología produce; sólo podemos criminalizarlo. No podemos evitar que nuestros hijos la usen; sólo podemos volverla clandestina. No podemos volver pasivos a nuestros hijos una vez más;sólo podemos volverlos, comillas, “piratas”. ¿Y eso es bueno? Vivimos en este extraño tiempo, una especie de edad de las prohibiciones, donde en muchas áreas de nuestra vida,vivimos constantemente en contra de la ley. Las personas comunes viven la vida en contra de la ley, y eso es lo que yo – nosotros – estamos haciendo a nuestros hijos. Ellos viven la vida sabiendo que viven en contra de la ley. Esa comprensión es sumamente corrosiva, extraordinariamente corruptora. Y en una democracia debemos ser capaces de hacerlo mejor. Hacerlo mejor, al menos para ellos, si no para una apertura a las empresas.

El siguiente capítulo:

Bibliografía de este capítulo

Antonioli Delucchi, Dante. “Las Leyes Del Libro En La Comunidad Andina: Comparación, Análisis y Comentarios.” Revista De La Integración: 57–68.
Bouckaert, Boudewijn. 1990. “What Is Property?” Harvard Journal of Law & Public Policy 13 (3): 775.
Doctorow, Cory. 2008. You Can’t Own Knowledge. http://freesouls.cc/essays/05-cory-doctorow-you-cant-own-knowledge.html.
Kinsella, Stephan. 2008. Against Intellectual Property. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. http://library.mises.org/books/Stephan%20Kinsella/Against%20Intellectual%20Property.pdf.
Krawisz, Daniel. 2009. “The Fallacy of Intellectual Property.” Ludwig Von Mises Institute. http://mises.org/daily/3631/The-Fallacy-of-Intellectual-Property.
Lessig, Lawrence. 2007. “Larry Lessig Dice Que La Ley Está Ahogando La Creatividad” presented at the TED Talks, March. http://www.ted.com/talks/larry_lessig_says_the_law_is_strangling_creativity.html.

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2 thoughts on “Propiedad Intelectual y Escasez Artificial

  1. Interesante artículo.
    Debo confesarte que cuando vi el título, pensé que la escasez se refería a falta neuronal, a deficiencia intelectual, pero al leer vi que la cosa va por otro lado totalmente diferente.

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