notas al margen, odios diversos

De mayor quiero ser mujer florero

Acabo de ver la película La dama de hierro, con Meryl Streep. Este post va sobre eso, y sobre cómo un día compraré una pistola eléctrica y me vengaré de los babosos de la calle. Si tienes opiniones fuertes contra el feminismo, quizás prefieras leer otra cosa, como la prensa o algo así.

…y hablaré sin parar de mi día casero,
no me miras, no me escuchas, ¡ay, cuánto te quiero!
(Ella baila sola, Mujer florero)

Meryl Streep es mi ídolo, y creo que podríamos empezar por ahí. En La dama de hierro, se transforma en una Margaret Thatcher anciana, acosada por la demencia senil y por los fantasmas de una vida difícil, la vida de una mujer polémica que se convirtió a sí misma en líder de un partido y de un país, contra los paradigmas de su tiempo. Meryl Streep como Margaret Thatcher
Podemos pensar cualquier cosa acerca de las políticas que Thatcher implementó, pero hay que concederle que no se dejó vencer por las circunstancias. No era, desde luego, su intención ser un ícono feminista (y por otra parte, tomar como modelo a una mujer que ordenó la muerte de trescientos argentinos sin motivo alguno es por completo otra discusión), pero me parece un buen ejemplo sobre cómo una mujer con poder es odiada de modos completamente distintos a un hombre con poder. Gadafi puede ser recordado como un asesino, pero Thatcher es una “perra”. Cuando una mujer decide ponerse al frente de cualquier tipo de emprendimiento, deberá enfrentar cuestionamientos relacionados con su apariencia física, su manera de vestir, su vida sexual y sus habilidades domésticas.

Una de mis escenas favoritas es la del día en que Margaret, aún muy joven, asume su puesto como la única mujer en el parlamento, y al entrar al baño de damas encuentra un cuarto vacío donde sólo hay una silla y una mesa de planchar. Y quiero comenzar con esta imagen, porque es la que me lleva a -por fin, luego de un par de meses de pensarlo- llegar a casa y escribir este post.
Comienzo por decir que esa escena estática, el cuarto vacío y la mesa de planchar, no están tan superados como algunas personas parecen creer. Las mujeres nos seguimos enfrentando a esta clase de estereotipos cada día, estemos o no conscientes de ello. La misma Meryl Streep, que como ya dije, es mi ídolo, contó en un discurso de graduación en el Barnard College (que es una universidad para mujeres) en el 2010, cómo en su adolescencia creó un personaje para adaptarse a las expectativas de los demás, en lo que llamó “un ejercicio de sobrevivencia”:

Ajusté mi temperamento natural, que tiende a ser ligeramente mandón, un poco testarudo, ruidoso, un poco ruidoso, lleno de declaraciones y de ánimo optimista, y deliberadamente cultivé suavidad, amabilidad, un tipo de dulzura natural, vivaz, incluso cierta timidez si así lo desean, que era muy, muy efectivo en los chicos (…). Ya saben, una chica que se reía mucho de cada cosa estúpida que cada chico decía, y que bajaba la mirada en el momento correcto y defería, que aprendió a deferir cuando los chicos dominaban la conversación.

Función y valor

Una de las frases que más me molestan en el mundo (y he aprendido a bajar los ojos cuando la escucho, como Meryl, porque nadie entiende mi molestia) es esa cosa tan políticamente correcta de “ella es hermosa por dentro y por fuera”. Me molesta, realmente me molesta, que una mujer tenga esta obligación social de ser “bella por fuera”, como si una mujer fuera un cuadro o un florero. Los seres humanos, en general, no deberían llevar sobre sí el peso de cumplir con ciertas características externas consideradas representativas de la “belleza”, porque los seres humanos no son objetos y no tienen funciones decorativas. El personaje de Margaret Tatcher en la película de la que vengo hablando, dice en cierto momento que en su tiempo, lo importante era hacer algo, y que ahora lo importante es ser algo. Pues bien, hace tiempo que me temo que el mundo considera que las mujeres tenemos (por sí sola, o acompañada de otras) una función decorativa: ese “es tan bella por dentro como por fuera” pareciera implicar que el 50% de mi valor como ente en la sociedad viene dado por mi apariencia externa, por la forma de mi nariz o de mi boca. Una mujer “bella” cumple una cierta función, y en apariencia, es considerada de más valor que una mujer que sólo es “bella por dentro”. En consecuencia, una mujer que engorda, o que “no se sabe arreglar”, se considera que se sale de los parámetros que debe cumplir, y se espera -y se le hace saber que se espera- que haga los ajustes, sacrificios o cambios que sean necesarios para ajustarse de nuevo a estos parámetros: que adelgace, se maquille, se compre ropa nueva, se ponga implantes, se eche cremas o de una vez se haga una blefaroplastia con terapia de bótox y liposucción de cuerpo completo.
La única conclusión válida que consigo obtener de esto es que ser “bella” es considerado una función de la mujer, puesto que el valor de un objeto (objeto en el sentido cognoscitivo de la palabra) viene dado por el hecho de que cumpla correctamente su función: un martillo debe martillar, una nevera debe enfriar, un hombre debe ser productivo, una mujer, según parece, debe ser bella.
Desde hace dos años, habiendo cambiado de ámbito laboral a uno donde, aparentemente, se “valora” mucho la “belleza”, me encuentro todos los días con algún hombre a quien le parece propicio, en vez de escuchar lo que estoy diciendo y contestar de manera acorde, responder con un comentario sobre la belleza de mi boca o de mi pelo. ¿Qué carajo tiene que ver mi boca o mi pelo con la edición de libros? Pues yo no lo sé.
Conozco decenas de mujeres para quienes esto no es un problema; que, por el contrario, se sienten en posición de ventaja al poder manipular a los demás de esta manera: si tu interlocutor no te está escuchando porque te está viendo las tetas, es más fácil hacer que acepte cualquier cosa que digas. Sin embargo, yo creo que a una persona que se encuentra en cierta posición de dirección, o en general, a cualquier persona que quiera ser tomada en serio, le molestaría encontrarse en una circunstancia como esta. Tal como yo lo entiendo, la “función” de un ser humano no puede ser meramente estética: ni siquiera creo que una mascota deba tener una función estética (y me horrorizan los perros con lacitos en la cabeza). Si somos seres capaces de crear, sentir y pensar, nuestra función en el mundo debería ser la de aportar algo a éste o a las personas que nos rodean, algo único e irrepetible, algo trascendente.
Por supuesto, no quiero que se tomen esta larga queja como si yo no tuviera también una gaveta llena de maquillaje, como si no le dedicara tanto tiempo a mi pelo como a pensar en este post, en la fútil e inconquistable lucha por lucir como si pudiera ser la portada de Marie Claire: Natalie Portman en la portada de Marie Clairepor el contrario, todo esto viene precisamente de ese lugar, del rincón de mi cabeza moldeado por demasiados anuncios de Dior, donde dice que tengo, yo también, la función de ser delgada, hermosa, elegante y femenina; que calladita me veo más bonita, porque a los hombres no les gustan las mujeres contestonas; y que si no logro todo esto, habré fracasado como mujer.
La ratificación de mi teoría ocurre cada vez que algún tipo por la calle considera procedente acercarse a menos de dos centímetros de mi oído y decirme cualquier babosada asquerosa, quedándose tan tranquilo. ¿Qué le hace pensar que yo quiero escuchar eso, o que tiene derecho de irrespetar mi espacio personal de esa manera? Sencillo: que yo no soy una persona, sino un objeto, una cosa decorativa para disfrute de los demás. Ésta es la razón por la cual, algún día, me compraré una pistola eléctrica y le haré saber al siguiente baboso de la calle la función de ésta, que espero sepa cumplir correctamente.

Pueden ver el discurso de Meryl Streep en YouTube, o leer el texto completo en inglés. También pueden leer un poco sobre Margaret Thatcher en Wikipedia. Y si les gusta leer cómo me quejo, pueden suscribirse por RSS o por email, o seguirme en Twitter, donde hablo sobre libros, películas y series que me gustan, y me quejo en tiempo real.

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10 thoughts on “De mayor quiero ser mujer florero

  1. (Ya va, ya va… yo quiero un ‘florero’ así como la portada de Marie Claire.)

    Sabes bien que si dos mujeres perfectamente capaces de realizar la misma tarea en un área laboral específica -y con la misma eficiencia- aplicaran al mismo empleo, es muy probable que la escogencia se base en sus características físicas. Y todo eso es resultado de un mecanismo evolutivo que se ha ido ‘puliendo’ a lo largo de todo el tiempo desde la aparición del sexo: la selección sexual.

    Características como la abundancia de cabello, el tamaño de las mamas, los glúteos y la amplitud de la pelvis, son características sexuales secundarias que fueron fijadas debido a su ventaja adaptativa. Los primates, por muy civilizados que parezcamos, no escapamos de este tipo de mecanismos. Yo no puedo alejarme de la idea de que la mujer de mamas grandes tendría una ventaja netamente adaptativa sobre la mujer que no. Por eso hay cada vez más mujeres operándose las tetas, poniéndose nalgas, rellenándose de colágeno y vainas así.

    Yo no estoy en contra de ese tipo de cosas pero tampoco las promuevo. Igual que con el antagonismo machista-feminista. En general, el cerebro de una mujer suele desarrollarse de forma más eficiente que el cerebro de los hombres (quizás -asumo- debido a una mayor complejidad de conexiones neuronales), eso las hace capaces de realizar tareas muchísimo mejor.

  2. Creo que todo está en cómo esa mujer se vea a sí misma o se sienta como persona. Si cree que TIENE que estar perfectamente maquillada a las 7 am para ir al gimnasio, y se desvela por ese objetivo, pues tu entrada le va a parecer un chorro de babas (de letras, en este caso). En cambio hay otro tipo de mujer, a la que no le importa lucir sus canas prematuras ni pierde valiosas horas en plancharse el pelo porque HAY QUE ser lacias (sin mencionar lo que sufre el pobre pelo), que no se maquilla, que no se malogra los pies con zapatos imposibles, etc, A esa mujer tus palabras le caen como pedrada en ojo de tuerto.
    Y solamente me queda decir AMÉN. Y no soy tuerta, por si acaso.
    😉

  3. Marianne dice:

    Yo no estoy en contra de que una mujer se ponga implantes, se maquille, se deje las canas o se las pinte, se rape la cabeza o lo que le dé la gana. Estoy en contra de que la sociedad le asigne un valor basado en esos parámetros, porque el valor de un ser humano no debería venir dado por parámetros estéticos.
    Quevedo, yo no creo que valgas más con la camisa que tienes en la foto, porque te ves más guapo.

    Cariños a ambos: Gracias por leer, por pensar y por tomarse el tiempo de comentar. ^_^

  4. Alejandro Santiago dice:

    “Podemos pensar cualquier cosa acerca de las políticas que Thatcher implementó, pero hay que concederle que no se dejó vencer por las circunstancias”.

    “Tomar como modelo a una mujer que ordenó la muerte de trescientos argentinos sin motivo alguno es por completo otra discusión”.

    Bajo esta forma de “dejemos los problemas serios de lado por que nos estamos enfocando en otra cosa”, se están replanteando los sucesos de la humanidad por las subjetividades trastocadas de los usuarios de internet, abogando, casi siempre, por una superficialidad escalofriante.

    No hay que ser muy inteligente para saber que simpatizaste con la figura de Margaret Thatcher, expuesta nada más y nada menos en una biopic de Hollywood. Error grave es creer que las biopic son relatos fieles a los sucesos, a los muertos y a los vencidos detrás de la historia (y menos una peli tan ambigua y reduccionista como esta). Te aseguro que un 80 por ciento de la gente que vio la película va a creer que la Thatcher intentó a toda costa la invasión a la Malvinas, pero al final tuvo que hacerlo, en pro de la patria. La pobre.

    Yo sé que tu estas consciente de eso, lo que estoy intentando hacerte saber es el desacierto tan grande de tomar a M. T como una figura desde la cual hablar de feminidad y lucha de igualdad. Big Fail. Si la gran cuestión era “que no se dejó vencer por las dificultades”, te hubiera sugerido que pensaras en mujeres menos manchadas de sangre e intereses imperialistas.

    Llegue aquí por tu Twitter y de vez en cuando reviso tu blog. Hoy retuitiaste algo interesante que pego a continuación: “Como Venezolano, me importan Las Malvinas tanto como a un Argentino le importa el Esequibo”.
    De nuevo, no hay que ser inteligente para entender el sentido irónico de estas palabras: a los argentinos no les interesa nada el Esequibo, por lo tanto a los venezolanos no nos interesa las Malvinas.

    Si no te interesa las Malvinas (asumo que retuitear algo es una forma de afirmar) menos te interesan los 300 argentinos muertos. Yo milito por quitarse las máscaras señores. Una Mujer y un Hombre más completo se logran apostando por la honestidad con uno mismo, sin engaños.

    Por último te sugiero que si en verdad estas en contra de los cánones de belleza impuestos a las mujeres ( acuérdate de la palabra “impuesto”), deberías, como mínimo, estar en contra de las tetas operadas, como mínimo. Y es que el relativismo puede ser tan peligroso como el silencio y la negación. Si crees que la decisión de una mujer de ponerse las tetas es una decisión estrictamente personal y tomada en completa libertad, pues estas
    bien, pero bien equivocada. Esta es una “imposición”, que obedece a cánones y consumos simbólicos impuestos hegemónicamente.

    “Yo nací así”. “Yo soy así”. “Es mi decisión”. “Lo hago solo para sentirme mejor”. I Born this way, dice Lady Gaga, y yo digo, por favor no te pases por el forro a todos los sociólogas y sociólogos, científicos sociales, antropólogas y antropólogos, filósofas y filósofos, escritoras y escritores, artistas, que han intentado pensar mas allá de lo evidente, de quitar el velo y hacernos reflexionar sobre nuestra esencia y nuestra sociedad.

    En conclusión.

    Thachert, una figura que no debe ser tratada a la ligera, no me parece un buen ejemplo.

    Apelar, primero por la honestidad con uno mismo, para luego interesarse por el prójimo, la sociedad, etc…

    El relativismo puede ser dañino.

    Hay que militar en contra de los cánones de belleza, por las mujeres del presente y del mañana.

    Saludos.

    Alejandro Santiago

    • Marianne dice:

      Respeto tu opini?n, pero tu tono me parece terriblemente condescendiente. No estoy de acuerdo con la mitad de las cosas que dijiste, pero por cuesti?n de principios no discuto con gente que se cree poseedora de verdades absolutas. Y no, este post no trata sobre pol?tica internacional.
      Gracias por visitar y por tomarte la molestia de explicarme cu?n equivocada estoy en mis ideas sobre lo que es ser mujer, que evidentemente t? tienes mucho m?s claras.

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