odios diversos, qué cosas ¿no?, randomness

El día en que dejaron de gustarme los Snickers

Veía televisión con mi mamá (Discovery H&H, para completar la escena) cuando salió este comercial. La miré, me miró.
Creo que no hace falta explicar que me criaron para repudiar este tipo de cosas. Lo que quisiera saber es qué estaba pensando el “creativo” al que le pagaron para crear esto, el responsable que aprobó el concepto, los actores que participaron, todos. ¿”Te pones como nena”? ¿Se cae de la bicicleta porque es nena, reacciona mal porque es nena, o no puede hacer deportes porque es nena? Todavía mejor, después de comerse el Snicker está “mejor”, vuelve a ser hombre. ¿Ser hombre es “mejor” que ser “nena”?
¿Ah, Snickers? ¿Ah?
Busqué en Google y resulta que no es sólo este comercial, sino que toda la campaña de Snickers está enfocada en esta misma visión atávica de la vida. Acá uno en inglés:

Ya lo sé, lamentablemente, la publicidad machista es lo que abunda, y si nos ponemos a hacer listas y a buscar ejemplos, no terminamos hoy. Pero no puedo permitirme mirar esto y no decir nada, no hacer que alguien lo vea, dejarlo pasar sin más. Porque me hará sentir que, algún día, lo veré y no sentiré nada, no significará nada, y entonces, eso querrá decir que me habré acostumbrado.
No tengo comentarios con respecto a esto, y sé que a Snickers, y a Mars en general, no le duele para nada haber perdido un cliente. Pero esta nena prefiere darle su dinero a marcas que le tengan un mínimo de respeto.

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6 thoughts on “El día en que dejaron de gustarme los Snickers

  1. Cyrano dice:

    Muy bien dicho estimada Marianne, cuando salio esa propaganda francamente me senti ofendido, como abogado tuve unas ganas de meterle un recurso de amparo en defensa de los derechos Constitucionales de la mujer.

    • Me tranquiliza mucho que ese comentario venga de un hombre con sentido común; así veo que no soy sólo yo y mi mentalidad feminista, sino que realmente el mensaje está mal.
      Lo de las ganas de meter recursos de amparo a diestra y siniestra lo compartimos; a mí también me dan.

  2. Bueno, es que la mente de los publicistas debe funcionar de manera diferente a la del resto de los seres humanos. ¿Me puedes decir qué tiene que ver una mujer en bikini con una cerveza o, ¡peor!, con un banco?

  3. Pingback: Tú me quieres virgen, tú me quieres santa, tú me tienes harta « la vida no trae instrucciones

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